Peculiares unidades de medida del gracejo popular
Para cierta parte de la población cubana, existen peculiares unidades de medida, no reconocidas por la ciencia, ni recogidas en normativas de institución metrológica alguna. Son representaciones figuradas de uso común, surgidas, empleadas y comprendidas por obra de anónimos colectivos, con cierto valor utilitario; creadas con gracia criolla; transferidas a través de generaciones por vías de la transmisión oral y guardadas, quien sabe por cuánto tiempo, en la sutil, espontánea e inconsciente memoria popular.
Estas excepcionales y relativas unidades de medición, podríamos entenderlas como expresiones metafóricas, pero de esas metáforas conceptuales, que en este caso aparean: el ámbito del gracejo popular cubano; el elemento figurado; y el artificio de la imaginación, en conjunción con esa necesidad humana de referenciarlo y conmensurarlo todo. Imaginarios colectivos que también a veces pueden ser redescubiertos, como una forma irónica, burlesca y criollísima, de considerar la relatividad de casi todos aquellos modos y procedimientos en que nos hemos acostumbrado a organizar el conocimiento.
Imaginario colectivo e interacción social
Según algunos estudiosos este imaginario nace y se nutre de costumbres, valores, prácticas y razonamientos que existen en una sociedad. Teorema que este conjunto de “peculiares unidades de medida del gracejo popular” atestigua de manera evidente. Pero no se reducen al campo de la intersubjetividad, si bien esta es la materia de la que está hecho lo social, pues para quienes así piensan, lo colectivo anónimo es lo humano-impersonal en que se organiza toda formación social, en la cual también en este caso están presentes los colectivos humanos que no intervinieron en el proceso de creación de estas, e incluyendo a aquellos cuyos integrantes llegaron al mundo mucho después, consiguiendo interpretarlas y utilizarlas por generaciones, con tanta identificación como los primeros. Con lo cual este imaginario hace gala, no solo de su creación colectiva, sino también de su interacción social.
Este sería, entonces, el proceso mediante el cual actuamos y reaccionamos ante lo que nos rodea. Muchos aspectos aparentemente triviales de nuestro comportamiento cotidiano, una vez analizados desde este punto de vista, revelan complejos e importantes aspectos de esta interacción social, donde los imaginarios aparecen como componentes representados y virtualmente inseparables de ella.
De esta manera, la mirada sociológica nos ofrece una forma de ver manifestaciones de la vida cotidiana que habitualmente nos parecen ordinarias, vulgares e insubstanciales, desde una perspectiva cultural más profunda y no pocas veces se convierte en herramienta valiosísima para captar la esencia verdadera de los fenómenos sociales. Para gobernar y asentarse en este imaginario, tales representaciones figuradas tienen a su favor el uso del lenguaje y el poder de éste para forjar la comprensión que nos hacemos de las cosas, donde la natural desenvoltura del cubano, la ingeniosidad, el humor, su agudeza, chispa y ocurrencia, a veces brillan con extraordinaria presencia.
Sobre estas expresiones populares y el pudor literario
Dado que existen sectores de la población que se permiten cierto desenfado en el manejo del idioma, al crear estas unidades de medida el lenguaje utilizado para expresar algunas de ellas suele desarrollarse en tan amplia gama de voces, que estas expresiones pueden variar desde lo sugerente y picaresco, hasta la desfachatez o la insolencia. Lo que para otros grupos humanos, también integrantes de nuestra población, puede resultar grosero y de mal gusto. De antemano está el autor de estas líneas, quien no gusta de expresiones groseras ni lenguaje soez, solicitando la anuencia de quienes puedan disgustarse por el tono subido de ciertos vocablos, asegurándoles que el significado de estos tiene que ver más con la interpretación de quien esté leyendo, que con la intención de quien lo escribe, que ciertamente puede no ser la misma de quienes los han creado.
De cualquier forma, a nombre de la salvaguarda y compostura de nuestro “pudor literario”, con toda intención se han excluido de esta muestra un grupo de ejemplos que puedan resultar ordinarios o chocantes. Aunque se han incluido alguno que otro de ellos. Así, quedando bien (y mal) con unos y con otros, estamos presentando esta pequeña e incompleta selección de aquella manifestación del imaginario popular cubano, que hemos dado en llamar “Peculiares unidades de medida del gracejo popular”.
Para su mejor comprensión, estas unidades serán presentadas en tres grupos:
Se advierte que el intento de definición al cual se someten en el presente texto, estas que aquí hemos dado en llamar “unidades de medida del gracejo popular”, a pesar de no estar totalmente logrado desde el punto de vista idiomático, ni reconocido oficialmente por ninguna autoridad, desde el punto de vista técnico, tampoco ha sido desautorizado, ni desaprobado oficialmente. De manera que cualquier otra definición puede ser considerada como válida, siempre y cuando se ajuste a la comprensión de la función de cada término. En realidad, en la práctica diaria, cada cubano y/o cubana que utiliza las referidas voces, tiene su propia compresión y definición de cada una de ellas, lo que también se considera totalmente legítimo para todo el territorio nacional.
Unidades minimizantes de uso múltiple
Un tín: Cantidad indeterminadamente pequeña entre las más pequeñas.
Un tincito: Cantidad algo más pequeña que el tín, pero igualmente indeterminada.
Un poco: Cantidad algo mayor que el tín y por lo tanto, mayor que el tincito.
Un poquito: Cantidad algo mayor que el poco y por lo tanto, mayor que el tín y el tincito, con un grado de indeterminación adecuado a su cuantía.
Un poquitín: Cantidad aceptada popularmente como menor que el poquito y el tincito, donde el grado de indeterminación no es verdaderamente importante.
Una mirringa: Cantidad aceptada popularmente como cierta fracción de un poquitín, en la cual el grado de indeterminación es inoperante.
Una mirringuita: Cantidad oficialmente mucho menor que una mirringa, cuya relatividad está en dependencia de quien la use.
Un pedazo: Dícese de una porción común y naturalmente aproximada.
Un pedacito: Dícese de la porción de otra porción marcadamente imprecisa, pero ampliamente utilizada.
Un cacho: Dícese de una porción, pero de otro tipo de indeterminación diferente de la del pedazo y más cercana a la del pedacito.
Un cachito: Cantidad que constituye una porción cuantitativa e indiscutiblemente menor que el cacho, pero de idéntica naturaleza fragmentaria e igual indeterminación.
Una pendejésima: Dícese de una distancia aproximada al diámetro de un vello púbico exclusivamente de ejemplar humano residente en La Mayor de las Antillas, de uso restringido y totalmente discriminatorio, al no tener en cuenta el vello de otra parte del cuerpo, ni de humanos de otra parte del mundo.
Una micro-pendejésima: Cantidad que constituye una porción menor que la pendejésima, pero al contrario de lo que muchos creen, carece de la precisión micrométrica que parece tener y es aceptada popularmente, como cierta fracción de la unidad de medición que le da origen.
Unidades magnificantes de uso múltiple
Un montón: Dícese de una cantidad grande y bastante desorganizada de algo que pueda ser digno de amontonarse. Ej: tengo un montón de pesos (en moneda nacional).
Un burujón: Dícese de algo mayor que un montón e igual de desorganizado. Ej: tengo un burujón de pesos (en moneda nacional?).
Un burujonal: Dícese de un volumen mucho mayor que un burujón, pero con semejante desorganización. Ej: tengo un burujonal de pesos (en moneda nacional!).
Un paco: Dícese de cantidad semejante a un montón, pero algo más organizado. Ej: tengo un paco de pesos (en moneda nacional).
Una pila: Dícese de cantidad semejante a un montón, pero mucho más organizado. Ej: tengo una pila de pesos (en moneda nacional).
Montón-pila-burujón-puñáo: Dícese de unidad de medida de la mayor magnitud que pueda concebirse por quien la utiliza, dependiendo de su capacidad de fantasear. Ej: tengo un montón-pila-burujón-puñáo de pesos (en moneda convertible, cuc??).
Expresiones del habla popular con evidente connotación de mensurabilidad
Existen también dentro de los términos expresivos habitualmente utilizados por amplios sectores populares, determinadas expresiones con evidente connotación de mensurabilidad. Para algunos, tal vez solo sean simples expresiones del habla popular, pero ya se han instalado en la memoria colectiva de tal manera, que bien podrían ser consideradas dentro de nuestras “peculiares unidades de medida del gracejo popular”.
Rurales de distancia
Al cantío de un gallo: Dícese de unidad de medida utilizada tradicionalmente en nuestras áreas rurales, que para muchos expresa presunta cercanía, por piedad como respuesta para con el caminante que pregunta si está muy lejos el lugar que busca.
Urbanas de distancia
En la otra esquina: Dícese de unidad de medida utilizada tradicionalmente en nuestras áreas urbanas, que para muchos expresa presunta cercanía, por pura maldad como respuesta para con el caminante que pregunta si está muy lejos el lugar que busca.
De profundidad
Hasta donde el jején puso el huevo: Dícese de unidad de medida generalmente utilizada para expresar gran profundidad de conocimiento. Dícese también del límite al cual puede llegar o saber dónde encontrar, el más profundo oscuro y remoto lugar. Ej: sabe hasta dónde el jején puso el huevo. Ej: le llegó hasta dónde el jején puso el huevo.
Hasta donde dice “Collín”: Dícese de unidad de medida referenciada a unos machetes de marca Collin, cuya denominación de origen estaba grabada en la parte metálica de la hoja, más cercana a la empuñadura. Dícese de algo que se ha enterrado hasta la empuñadura. Ej: lo metió (el machete) hasta donde dice collín.
Hasta los huevos: Dícese de unidad de medida con idéntico significado de hasta donde dice collín, pero usada casi exclusivamente en terminología sexual popular. El ejemplo se infiere.
Sobre las peculiaridades de estas “unidades de medida del gracejo popular”
En realidad, históricamente siempre existieron en nuestro país unidades de medida que actualmente ya no se usan, pero que en su tiempo fueron ampliamente utilizadas, como: la pulgarada (cantidad recogida entre el pulgar y el índice), que era muy usada en las farmacias antiguas, para confeccionar recetas. Ej: una pulgarada de sal; el manojo (cantidad recogida con la mano), utilizada en la agricultura. Ej: un manojo de heno y el puñado (cantidad recogida en un puño), también utilizada en la agricultura, sobre todo en el comercio de granos. Ej: cuatro puñados de maíz. Pero debe quedar bien claro que las unidades de medida sobre las cuales hemos tratado no tienen nada que ver con estas. Nunca se utilizaron para el comercio, para lo cual serían totalmente inoperantes. Aunque, sin lugar a dudas, han venido usándose y por tanto interpretándose y comprendiéndose por una gran parte de los cubanos en su cotidiano bregar, lo que les brinda su innegable carácter utilitario. Esta vendría a ser una de sus peculiaridades.
La mayoría de las que hemos dado en llamar “unidades de medida del gracejo popular”, poseen la facultad de ser utilizadas de manera múltiple. Es decir, pueden referirse indistintamente a volumen, a longitud, a peso, u otra magnitud cualquiera, ya sea en sólidos, líquidos o gaseosos. Aunque como ya pudimos comprobar, las hay de uso muy exclusivo. Lo cual les brinda otra singularidad. Pero las originalidades mayores de estas “unidades de medida”, son su origen imaginario, su confección grupal anónima y su comprensión e interpretación por parte de otros grupos humanos que ya no participaron en su creación, lo que les brinda carácter social y les define dentro de los imaginarios colectivos. Por otra parte, todas estas voces han sido recogidas en lo que pudiéramos llamar “la memoria colectiva de la sociedad”, que no es aquella memoria histórica, seria, precisa y cronológica, sino de otro tipo; donde al ser captadas tienen en su función determinadas percepciones, emociones, inquietudes, pasiones y exaltaciones. Todo lo cual les brinda cierto matiz definitorio de identidad.
Un acercamiento al imaginario social cubano
Con estas “peculiares unidades de medida del gracejo popular cubano”, nos permitimos un acercamiento a lo que algunos estudiosos han dado en llamar imaginarios sociales, pero aquí les hemos visto en su función de representaciones colectivas, que poseen capacidad de encauzar sistemas de identificación y de integración social y, de cierta manera, nos permiten “hacer visible, la invisibilidad social”.
Aunque en estos asuntos siempre han existido diferencias marcadas por grupos humanos, vinculadas con sus zonas de residencia, nivel cultural o educacional, el uso de estas, que aquí hemos llamado “unidades de medida del gracejo popular”, a pesar de que puedan encontrarse en constante recontextualización, como suele ocurrir con estos fenómenos, han sido por mucho tiempo más o menos utilizadas y comprendidas por una enorme mayoría de cubanos. De manera que nadie sabe si ya algunas de estas voces también han pasado a formar parte de nuestras tradicionales expresiones idiomáticas.
Así vistos con otra mirada, puede que alguna vez, luego de ser apropiadamente estudiados, valorados y comprendidos, imaginarios colectivos como estos, nos enseñen más sobre las dimensiones emotivas, estéticas y expresivas de quienes habitamos este pequeño cachito del mundo en medio del Caribe, por el cual un paco de gente siente montón-pila-burujón-puñáo de cariño. Y de esta manera podamos, en un tincito de tiempo, aprender hasta donde el jején puso el huevo y otro burujonal de cosas más sobre nosotros mismos, los cubanos.
Textos referenciales