¿Cine caníbal o los dientes de la literatura?
De cine y literatura, narrativa o dramaturgia, hablaron intelectuales cubanos reunidos el jueves último en el Centro Cultural Dulce María Loynaz, en La Habana, a propósito del habitual espacio Ciclos en movimiento, dedicado a temas medulares de la cultura.
“El cine es una manifestación artística caníbal”, así lo definió el escritor Arturo Arango, a fin de reflejar la confluencia de ese lenguaje con sus similares. Por esa cuerda transcurrieron las reflexiones en un panel integrado también por los relevantes creadores Senel Paz y Fernando Pérez.
Senel Paz, escritor y guionista de películas como Fresa y Chocolate y Una novia para David, recordó que la primera relación entre el cine y la literatura estuvo marcada por la búsqueda de historias y personajes, pues, afirma, “la fase más ardua de elaboración de un filme es la creación del argumento”, más que la propia ideación de las escenas del guión. Al principio, cuenta, la narración en el cine era más aventurada y menos elaborada, pero últimamente el séptimo arte ha vuelto a las letras para enriquecerse con opciones más eficaces en los modos de contar.
Libros tan antiguos como La Biblia, La Ilíada o Las mil y una noches, son algunos de los ejemplo citados para referir descripciones absolutamente cinematográficas, vigentes desde los orígenes de la literatura; mientras, en décadas más recientes destaca el autor un notable incremento de esa cualidad, acorde con la influencia de una conciencia visual en todas las artes. Sobrevienen entonces a la memoria obras más contemporáneas que dieron luz a lo real maravilloso de Carpentier y al realismo mágico de Gabriel García Márquez, cuyas novelas logran traducir la riqueza de imágenes en recursos literarios impresionantes, y a la vez casi imposibles de llevar a la pantalla grande.
Arturo Arango, guionista de filmes como Lista de espera y Aunque estés lejos, se refirió a las diferencias que existen en el proceso de creación de una novela, marcada por la intimidad del escritor, y de un filme, nacido en la colectividad del equipo de realización. Arango cita como un caso particular la emblemática película cubana Memorias del Subdesarrollo, dirigida magistralmente por Tomás Gutierrez Alea, con guión basado en una obra literaria de Edmundo Desnoes; y afirma que en este ejemplo se nota claramente ambos pensamientos en la concepción final de la puesta en pantalla.
Fernando Pérez, en sus palabras, defendió el “cine de autor” a través de la metáfora de un director de orquesta, quien no solo debe saber llevar bien la batuta, sino tener dentro la sensibilidad necesaria y saber transmitirla a los artistas para que ejecuten armoniosamente la obra. Aseguró el cineasta que “muchas veces, el resultado final no está en el guión, lo tienen dentro el director”, en referencia a los elementos subjetivos que componen este camino.
En ese sentido, el director de filmes como Madagascar, Clandestinos y Suite Habana, definió también la escritura del guión como el momento más impreciso en el cine, y asegura que a él le resulta muy difícil poner en palabras lo que será posteriormente la película. Afirmó el creador que no le gusta el trabajo en soledad, pues considera que “el proceso creativo en el cine de autor es abierto…hay mucho de búsqueda personal”.
Los invitados intercambiaron sus impresiones, además, sobre los roles que juegan otros elementos como del sonido, el montaje y al edición, la publicidad y las nuevas tecnologías en la manera de contar historias en el cine, hasta llegar a la literatura; y en cómo los espectadores perciben los fragmentos y la unidad de un hilo argumental de un modo diferente a partir de estos criterios.
Precisó Fernando Pérez que el cine ahora se encuentra en una estación, pero, sentencia que “no sabría definir donde está”; eso sí, reconoce el avance continuo del séptimo arte sobre la base de las tecnologías que revolucionan la industria, pero dije estar convencido de que luego de la aparición del cine sonoro no se avizora otro cambio esencial.
En cuanto al retorno del arte cinematográfico sobre la literatura, Senel Paz considera que no se trata de experimentaciones, sino de búsqueda de libertad, del intento por deshacerse de límites; lo cual marca el rumbo hacia una concepción cada vez más filosófica, reflexiva, un ejercicio intelectual de búsqueda de pensamiento, destacó el escritor.
Parece ser que todo pasa por ese “cine promiscuo”, como lo definió Arturo Arango.
