Homenaje a la poetisa, a la mujer, a la hija del general
«Hay algo muy sutil y muy hondo en volverse a mirar el camino andado…/El camino en donde, sin dejar huella, se dejó la vida entera». Estos versos resumen la esencia de una mujer de extrema delicadeza y enérgica palabra que supo poner su «alma de raíz» sabiendo que quien no lo hace, «se seca». Estos versos retratan, indiscutiblemente, a la mujer inmensa de donde brotaron con la más exquisita naturalidad: Dulce María Loynaz.
El pasado viernes la casa «que le fue más fiel, aunque no la que más quiso», cita en 19 y E en el Vedado, acogió a un grupo de amigos y estudiosos de su obra que se unieron para recordarla y honrarla, en ocasión del decimosexto aniversario de su muerte.
La Doctora María Dolores Ortiz, invitada especial a la tertulia, destacó el profundo sentido de cubanía e identidad nacional de la autora de Juegos de Agua, Jardín y Poemas sin nombre, para quien todos los caminos condujeron siempre a su Isla.
«Isla esbelta y juncal, yo te amaría aunque hubiera sido otra mi tierra (…) Isla mía, Isla fragante, flor de islas: tenme siempre, náceme siempre, deshoja una por una todas mis fugas./ Y guárdame la última, bajo un poco de arena soleada…/ ¡A la orilla del golfo donde todos los años hace su nido los ciclones!».
Precisamente su libro Poemas sin nombre, fue presentado en la cita vespertina por el centro cultural Hermanos Loynaz, de Pinar del Río, que también se unió al homenaje. Paralelamente a la reedición de esta obra, la institución vueltabajera publicó también el volumen Encuentros, en el que la investigadora Madelaine Díaz compiló una selección de conferencias, ensayos y ponencias presentadas en los Encuentros Iberoamericanos sobre la figura y obra de Dulce María Loynaz, celebrados en la occidental provincia, desde 1993 hasta 2004.
Con prólogo de Juan Ramón de la Portilla, Encuentros «constituye una fuente surtida con los más variados e interesantes acercamientos a la primera latinoamericana acreedora del premio Cervantes de literatura», acotó la compiladora.
La tarde no solo estuvo signada por el recuento de anécdotas relacionadas con Dulce María y por la presentación de los mencionados títulos. También por la evocación desde sus poemas, magistralmente declamados por los actores Cristina Palomino y Simón Carlos, del grupo de teatro Buscón; así como por la cantautora pinareña Mariela Mijares quien interpretó, además, un tema de su propia inspiración dedicado a la poetisa.
La actriz pinareña Aurora Martínez, quien disfrutó en sus años mozos de la amistad de Dulce María Loynaz, leyó unos versos, no ya de la autoría de «la dama con dedos de lirios», sino inspirados en esta. Su poesía conmovió, no solo por el tono respetuoso, sino también por la perceptible admiración hacia tan «fina y recia mujer».
Oídos y pupilas terminaron emocionados. Toda la sensibilidad del mundo floreció en los presentes y no por simple antojo de la primavera. Fue mas bien la fuerza con que aún nos alcanza la hija del general, la inextinguible vitalidad de su poesía, de su obra toda, ese «camino en donde, sin dejar huella», nos dejó «la vida entera».
