Lo que quedó de María la O (1)
A Adolfo Fernández Bustamante, Secretario General del Comité Ejecutivo de Directores Cinematográficos de México, le correspondió, finalmente, realizar la versión cinematográfica de María La O, la zarzuela de Ernesto Lecuona que tanto Ramón Peón como el cineasta argentino Roberto Ratti, por solo mencionar a estos dos realizadores, trataran infructuosamente de llevar a la pantalla con anterioridad. Ratti, decepcionado por el fracaso de su proyecto, terminó por radicarse en Madrid.
Desde el primero de diciembre de 1947, en los estudios mexicanos Churubusco, comenzó la filmación de la libérrima versión fílmica de la zarzuela en dos actos María la O, con música compuesta por Ernesto Lecuona y libreto de Gustavo Sánchez Galarraga, con quien tanto laboró en la opereta bufa La guaracha musulmana, Lola Cruz, El recluta del amor, y las zarzuelas La caravana, El cafetal, El batey, La flor del sitio, El maizal, El calesero y Julián el Gallo, entre otros trabajos conjuntos. La adaptación fue obra del propio director Adolfo Fernández Bustamante y el escritor español de origen francés Max Aub (1903-1972), exilado en México, que aceptó este contrato eminentemente con fines de supervivencia a juzgar por el paupérrimo nivel, indigno de este autor.
Argumentalmente, la trama se sitúa en La Habana de 1840. Disfrazada de íreme en medio de los festejos de los negros del Día de Reyes, la mulata María la O descubre oculta en el jardín interior del palacio del Marqués del Palmar, que Fernando, su amante, tiene una relación con la joven y rica heredera Tula. Fernando va a golpear al íreme que ha lanzado un cuchillo contra un árbol y reconoce en él a María la O. La deja marchar y luego va al bohío del manglar, donde ella ha ido a consultar los caracoles de la mulata Caridad que predicen su futuro y anuncian que pronto acabarán sus penas. La pareja de enamorados se reconcilia y viven días de felicidad hasta que el Conde de la Vega busca a su hijo y le exige regresar. José Inocente, líder de los negros curros y enamorado también de María la O, le comunica el compromiso oficial de Fernando con la niña Tula. La mulata decide aparecerse en la fiesta de celebración e intenta convencer a su rival de que abandone a Fernando, pero este la desprecia.
El conde visita a María la O para ofrecerle dinero a cambio de olvidar a su hijo. Ella finge aceptarlo y luego lo arroja a la cara a Fernando en la fiesta de despedida de soltero donde irrumpe. La mulata pide a José Inocente que mate al ingrato el día de su boda a la salida de la Catedral. Los negros aguardan inútilmente la señal de María la O para arrojarse sobre Fernando, pero ella se arrepiente porque va a ser madre. Fernando, tras saberlo por Caridad, va en busca de la mulata, pero los curros, al conocer que está embarazada de un blanco primero intentan echarla del bohío. Fernando es acuchillado y muere en los brazos de María la O. El desenlace en la sinopsis promocional de la película es de antología: «Ella se dirige al mar con intención de matarse, pero José Inocente la abraza y le recuerda que solo los blancos se suicidan»1.
Prima en la adaptación firmada por Max Aub la socorrida historia central de «la mulata que supo amar y supo odiar» al blanco rico —tan deudora de la Cecilia Valdés de Villaverde—, pero el tratamiento dramatúrgico difiere del original. Los autores eliminaron situaciones o las cambiaron de lugar en la trama, desaparecieron personajes, como las mulatas de rumbo Tomasa y Mercé y otros papeles secundarios; restaron importancia a algunos, como el del comerciante español Santiago Mariño (tercer enamorado de la mestiza en la zarzuela), y otorgaron mayor relieve a otros, sobre todo al de Caridad Almendares para aprovechar el talento de Rita Montaner, en una actuación especial que en cada aparición eclipsa con su sandunga a cuantos le rodean. En el libreto de Galárraga ella apenas aparece en el primer acto.
El Cabildo de Reyes, por ejemplo, perteneciente al tercer cuadro del primer acto, abre prácticamente la cinta. Algunas escenas fueron creadas para la película, como la visita del padre de Fernando a María la O, tomada «prestada» casi literalmente de La Traviata de Verdi. El final fue modificado radicalmente. Los celos de la mulata la conducen a comprobar la traición del amante, jura cobrárselo caro y, en el momento culminante, ella arrebata la daga a José Inocente para darle muerte al Niño Fernando en el Muelle de la Machina cuando se dispone junto a su esposa a embarcar en viaje de luna de miel con rumbo a Europa, para luego caer a sus pies. Tras ser asesinado Fernando por un curro, y ante un desenlace ¡filmado en Acapulco, México!, un cronista cubano anotó en Bohemia: «Con lo que se gastaron en trasladar a la playa de Acapulco a los artistas, equipos y técnicos, pudieron hacer el escenario del muelle, y puede que hubiesen ahorrado dinero. Y no habrían incurrido en ese final tan falso desde todos los puntos de vista: el dramático principalmente, el teatral o cinematográfico también»2.
Es escasa la presencia de la música original concebida por Lecuona, de la que se utilizan solo unos pocos números, instrumentados por Gonzalo Roig y el compositor mexicano Antonio Díaz Conde, director musical de la película, aportó la innecesaria música de fondo incidental —y posiblemente el minuet de la fiesta de sociedad—, si se considera la riqueza de la partitura original. Fue suprimida la mayor cantidad posible de temas musicales de la zarzuela. La canción de entrada de María la O fue asignada, incluso, a Caridad (Rita Montaner), quien la interpreta en la citada fiesta de despedida de soltero y no a la protagonista. Rita también canta el dúo del calesero Guadalupe y la chancletera Mercé al inicio. Uno de los números coreográficos insertados —seudofolklore para turistas—, por completo prescindible, es aquel que ocurre en la Plaza de la Catedral simultáneamente al matrimonio, mientras los curros esperan la señal convenida para ejecutar a Fernando.
Para la pareja protagónica fueron contratados el mexicano Emilio Tuero, cantante y actor, y la cubana Issa Morante, actriz y bailarina, pésima, inexpresiva y de un tono declamatorio inadmisible en extremo, además de sobrepasar la edad del personaje que, por cierto, no emite una sola nota musical en todo el metraje, al menos en cámara. «Lucha con un rostro que parece una máscara de yeso —escribió la crítica Mirta Aguirre—. No es María la O; no es una mulata cubana, sino un ídolo indio»3. La «Romanza de María la O», en voz de un trovador en un bar de mala muerte, fue utilizada en una secuencia onírica pletórica de ridiculez para ilustrar la tragedia de la mulata, que termina apresada entre las cuerdas de una guitarra gigante como los barrotes de una celda. La película incluye los siguientes números musicales: «María la O», «Por la calle va mi amor», «Los curros del manglar», «Como yo no hay dos», «Fantasía negra», «Cabildo de Reyes» y «Canto del guarachero».
En los créditos puede verificarse que el equipo de esta enésima coproducción con México, anunciada como la «primera superproducción cubana», no incluyó ningún técnico de la isla, ni siquiera en las filmaciones efectuadas en locaciones, fundamentalmente en la Plaza de la Catedral y sus alrededores, El Mariel y el Sans Souci-Habana Club. El cubano Amado Amador Ruiz, convertido en productor, contó con Raúl Castelain como jefe de producción y Carlos Célis Cano en funciones de asistente en una película cuyo costo ascendió a 600 mil pesos de la época. El operador de cámara de Gabriel Figueroa fue Ignacio Romero con Daniel López en la iluminación; el equipo de sonido estuvo dirigido por James L. Fields e integrado por Nicolás de la Rosa, Galdino Samperio (música y regrabación) y Teodulo Bustos (efectos sonoros). El diseño escenográfico fue obra de Jorge Fernández, la edición de Jorge Bustos y el maquillaje corrió por cuenta de Elda Loza. (Continuará)
1Emilio García Riera. Historia documental del cine mexicano, tomo 3 (1945-1948), Ediciones Era, S.A., México, D.F., 1969-1975., p. 230.
2«La Farándula pasa». Bohemia, Año 40, No. 10, La Habana, 7 de marzo de 1948, p. 76.
3Mirta Aguirre. "María la O", periódico Hoy, La Habana, 26 de marzo de 1948. Reproducida en: Crónicas de cine, tomo 1, Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1988, p. 216.
