El siglo de las luces en la ensayística de Luisa Campuzano
Durante más de tres décadas, Luisa Campuzano (La Habana, 1943) ha venido aportando valiosos estudios sobre Alejo Carpentier, de manera que sus ensayos sobre el tema –aunque en su mayoría dispersos o publicados fuera de la Isla– han llegado a ser una fuente de consulta imprescindible, sobre todo por la capacidad de enfrentar al gran narrador cubano desde una vibrante contemporaneidad. Por otra parte, la agudeza de la autora, presente en toda su ensayística, parece más acerada aun en sus valoraciones sobre la obra carpenteriana, sobre la cual ha aportado y desarrollado perspectivas fundamentales.
En uno de sus primeros libros, Quirón o del ensayo –donde casi la mitad de su contenido conforma la sección titulada “Carpenteriana”– ella abordó un problema que la crítica cubana había descuidado hasta ese momento: me refiero a su análisis de la literaturidad en El siglo de las luces1, obra que ha investigado desde variados puntos de vista y a la que, como indica el título de estas páginas, ceñiré mi lectura. En aquel temprano análisis de las alusiones y presencias literarias en El siglo de las luces, la autora enfrentó la novela desde una perspectiva que privilegia la intertextualidad restringida –en este caso a Voltaire–, develando el substrato irónico, y por tanto paródico de la novela, que en buena medida va a revelar en otros de sus asedios a este texto fundamental de Carpentier.2
De igual modo es renovador su ejercicio crítico cuando practica una temprana lectura posmoderna en su afilado estudio “Releer El siglo de las luces en los noventa”,3 en el que la ensayista propone una interpretación del texto desde el contradictorio marco del proyecto de emancipación humana de la Ilustración en su relación con la condición colonial y su corolario esclavista, que tanto han marcado la historia de Latinoamérica e igualmente ciertas zonas de la literatura regional. Es peculiar su manera de replantear un axioma de los estudios sobre Carpentier, pues demuestra que El siglo de las luces, en tanto nueva novela histórica, y, por ende, contestataria de la historia oficial y reveladora de una historia invisibilizada, se convierte desde este otro escenario de la revolución de 1789, el americano, en un catalizador no solo para replantear los estudios del Caribe, sino los propios estudios historiográficos europeos, en particular franceses, al proponer enfoques distintos, no acostumbrados, para indagar la valoración del impacto de determinados hechos históricos de allá en el mundo de acá, y viceversa. Su impenitente curiosidad la impulsó a desarrollar una idea apenas insinuada por Régis Debray, a partir de la cual despliega su propuesta de que Carpentier habría formulado en esta novela una verdadera inversión de perspectivas con relación a la Revolución francesa, y también a los modos de narrar el mundo latinoamericano, mediante el uso de lo que Luisa Campuzano –siguiendo a Walter Benjamin– denomina una “lectura al revés”, concordante con los estudios poscoloniales. Todo ello le permite establecer como aspectos centrales de la literaturidad en El siglo de las luces, y de hecho en toda la narrativa de su autor, los que tienen que ver con los procesos de reorganización, recontextualización y resemantización de valores y códigos. Su noción, pues, de la novela histórica carpenteriana no solo tiene relevancia para el estudio de esos textos en particular, sino para una visión más precisa de la novela histórica latinoamericana. Es capital, en su análisis, la siguiente conclusión:
[…] esa “inversión de perspectivas” desarrollada por Carpentier en su abordaje narrativo de la Revolución francesa, podría equivaler, grosso modo, a la “mirada desde abajo”, o la “lectura al revés”, o […] al “cepillado a contrapelo” que han adoptado los estudios poscoloniales. […].
En el campo de la historia, núcleo original de estos estudios, el objeto privilegiado de estas lecturas al revés lo constituyen las fuentes coloniales a partir de las cuales debe rescribirse, recrearse la historia de los pueblos colonizados. No creo ser demasiado osada si digo que Carpentier practicó en El siglo de las luces una especie de lectura desde abajo avant la lettre y que, a través de ella, reinsertó en la Historia, por el camino de la ficción, a sus verdaderos protagonistas, las gentes sin historia.4
Todo este ensayo sobre El siglo de las luces es un pesquisaje de las diversas maneras en que Carpentier reformula la historia de América desde una perspectiva claramente inversa a la que la historia eurocéntrica ha venido contando, con especial énfasis en temas como la esclavitud africana. Campuzano aborda otra cuestión de gran calibre: el modo en que el novelista desconstruye el falso y tradicional criterio de que la historia latinoamericana —por ende buena parte de su cultura y en particular su literatura— son ancilares respecto de la europea.
En “La Historia a contrapelo: el Descubrimiento y la Conquista según Alejo Carpentier”,5 amplio estudio que se ocupa de esta novela y también de otros textos del autor —Concierto barroco, El arpa y la sombra y el drama La aprendiz de bruja—, Campuzano muestra otra faceta de enorme interés —y esencial originalidad— en su percepción de El siglo de las luces: el análisis de la especificidad de la nueva novela histórica latinoamericana, en la que Carpentier ostenta una dimensión fundadora. Nuevamente, la ensayista contribuye no solo a la comprensión del novelista y la apreciación de sus procedimientos y recursos, sino también a una percepción contemporánea del subgénero en América Latina. Señala Campuzano:
En su vertiente crítica, la nueva novela histórica hispanoamericana, iniciada con El reino de este mundo (1949) por Alejo Carpentier […], se basa, al igual que su predecesora decimonónica, en el rigor documental con que se presentan y analizan los hechos narrados, y en la atención que se presta a recrear los contextos sociales y culturales en que ellos se producen. Pero a diferencia de la “vieja” novela histórica, la “nueva” se constituye textualmente como cuestionamiento enfático y subversivo de la historia oficial, y por ende, como relato metahistoriográfico muy marcado por la perspectiva político-ideológica del autor, por el momento en el que la escribe, y por su poética, que en el caso de Carpentier implica —lo que de hecho es enfatizado en el famosísimo prólogo de El reino de este mundo— toda una dimensión real-maravillosa.
El siglo de las luces […] es –sin dejar de ser por ello mucho más– el ejemplo paradigmático de esta primera etapa crítica de la nueva novela histórica hispanoamericana.6
En «“Tarquinadas y licurguerías”: El siglo de las luces y los fantasmas de la Antigüedad en la Gran Revolución» 7, un ensayo reciente, aún inédito, Campuzano reitera su conclusión de que El siglo de las luces se define y se escribe, frente al devenir europeo, desde una perspectiva por completo diferente, derivada de una focalización estrictamente latinoamericanista, razón por la que también la novela “redimensiona, universalizándola, la propia historia de América y, en particular, la del Caribe”.8 La investigadora conforma, por tanto, una imagen específica de la literaturidad de El siglo de las luces, que se establece desde un punto de vista no magramente literario, sino cultural en su sentido lato. Por ello en este estudio cierra su evaluación preliminar de la novela en tanto “nueva” novela histórica, con estas palabras: «“Fresco y texto”, como la llamara Claude Dufour, en los que se habría hecho realidad esa histoire totale a la que aspiraran Marc Bloch y la escuela de Annales, solo raramente alcanzada en la obra de los historiadores».9
Esta lectura cultural que singulariza sus copiosas valoraciones sobre Carpentier, quien resulta caracterizado como un autor que no solo elabora su propia concepción sobre Latinoamérica, sino que adelanta al mismo tiempo una visión personal sobre Europa, amplía su horizonte en este ensayo. En él, Campuzano analiza el texto desde intereses diversos y simultáneos: literarios, historiográficos, culturales, a la vez que, tomando como motivación de su búsqueda la obsesiva asunción por los revolucionarios de 1789 de ideas, léxico, identidades e instituciones inspiradas en la Antigüedad greco-romana, completa un acercamiento propuesto en un trabajo previo sobre la presencia del mundo clásico en un segmento de la narrativa carpenteriana al que volveré más adelante.
La estudiosa parte, en primera instancia, de una perspectiva netamente filológica, pero de una filología contemporánea y vital, hecha de lecturas infinitas y de la construcción por la vía de la intuición y el análisis lógico, integrados con una agilidad y un tino inapreciables, de una serie de subterráneos vasos comunicantes. Leyéndola, es inevitable pensar que su visión de Carpentier concuerda limpiamente con el espíritu mismo de la escritura del autor, cuya configuración como enorme cámara de ecos culturales resulta impermeable para un lector chato o poco informado. En una palabra, los estudios carpenterianos de Campuzano reconstruyen la semiosis de Carpentier en un plano de percepción cultural profunda y compleja.
Por eso su enfoque de la tradición clásica en Carpentier resulta único en su penetración y su pascaliano esprit de finesse. Partiendo de la perspicacia irónica del Marx de las primeras páginas de El 18 Brumario… y del rigor histórico de Pierre Vidal-Naquet, Luciano Cánfora y Michel Vovelle, la ensayista esboza en dos trazos cómo la Antigüedad greco-romana desemboca en ese histórico siglo de las luces que Carpentier reinterpreta genialmente. De manera espléndida Campuzano fundamenta la sistemática presencia del legado clásico en la vida social y los textos políticos de la Francia revolucionaria y para ello no solo apela a factores de la cultura, sino también a textos de los precursores –los enciclopedistas– y a discursos, consultas, informes de los revolucionarios. Este punto de vista hermenéutico no pretende dibujar un novelista erudito, sino uno subversivo y transgresor. La ensayista señala:
No sé si Carpentier tuvo a su disposición alguno de los escasos libros y artículos sobre este tema publicados con anterioridad a la fecha de terminación de El siglo… Más parece que, conocedor grosso modo del peso de la Antigüedad clásica en el imaginario político y cultural de la época, se nutriera directamente de sus abundantes fuentes documentales para proporcionarle con ellas unas cuantas cerdas de grueso calibre a su cepillado a contrapelo de la Gran Revolución.10
Desde luego, tiene razón. Es ella misma la que aporta ese enfoque histórico-filológico que nos permite comprender mejor el entramado irónico y la significación cultural, literaria y política de esta novela. Gracias a su concienzudo ejercicio crítico, podemos asomarnos a El siglo de las luces en su dimensión contemporánea.
Su perspectiva sobre la tradición clásica en Carpentier ya la había conducido –como indiqué antes– a otro aporte de marcada importancia: configurar una muestra de los códigos clásicos en la obra del gran narrador.11 Para ello analiza cinco novelas suyas: Los pasos perdidos, El acoso, El siglo de las luces, El recurso del método y Concierto barroco. El resultado es deslumbrante: Campuzano no solo establece “los intertextos clásicos y las referencias a autores, artistas, obras de arte, hechos históricos, héroes, dioses y mitos de la Antigüedad greco-latina”,12 sino que perfila sus funciones literarias en los textos carpenterianos. No es asunto de erudición, sino una nueva voluntad de la autora de, a través de Carpentier, indagar en las esencias de las letras latinoamericanas en busca de una configuración teórica de nuestra literatura, de un modo que, como en los estudios antes comentados, se sustenta no estrictamente en la literatura por sí misma, sino sobre todo en una visión abarcadora de los avatares y dilemas de nuestra cultura:
Creo que con ello, a más de ponderar en qué medida los códigos clásicos o algunos de sus registros contribuyeron a la “traducción” carpenteriana de América, qué grado de dependencia de una perspectiva europea ellos testimonian y hasta qué punto su empleo muestra la existencia de un inocente destinatario exclusivamente europeo, también hago un modesto aporte al estudio de algo a lo que nos hemos referido anteriormente. Eso que José Lezama Lima llamara, en 1941, el “misterio del eco” que con sus “invisibles lluvias y cristales”, tamizan la recepción de la cultura metropolitana y propician su transmutación en americana, es decir, a ese complejo y traumático proceso de acercamientos y rechazos que constituye la construcción de una voz propia en la América Latina.13
Esa indagación filológica no le impide percibir otros nexos transtextuales —y transculturales— presentes y vivos en la obra de Carpentier. Campuzano presta también atención a “voces provenientes de todas las culturas —la Biblia, el Popol Vuh, los Libros de Chilam Balam, el Siglo de Oro español, cronistas, viajeros—”.
Por otra parte, y aplicando un instrumental apenas empleado entre nosotros –que ella ha desplegado con notables resultados en media docena de estudios sobre Los pasos perdidos–: el de la crítica genética, Campuzano se ha ocupado también del proceso de creación de El siglo de las luces. A partir de su rescate, organización y análisis de una línea argumental de “El clan disperso”, novela inconclusa que Carpentier escribiera entre 1943 y 1944,14 y de los «Apuntes para una novela no escrita, primera idea de El siglo de las luces», que Armando Raggi, responsable del fondo documental Alejo Carpentier encontrara, estudiara y diera a conocer el año pasado,15 la autora se ha acercado “a la fase prerredaccional de los primeros subcapítulos de El siglo…, en especial a la construcción de los personajes de Sofía, Esteban y Carlos, y a la formulación y funciones de algunos escenarios y motivos de diverso carácter que tendrán singular relieve en la novela”.16 Esta visita al taller del escritor, esta entrada en la llamada tercera dimensión de la literatura, conduce a conclusiones irrebatibles, en particular en lo referente a la asunción por el autor de miembros de la familia Loynaz y de su casa como modelos para la creación de los protagonistas habaneros de la novela y de su entorno.
Vuelvo a la perspectiva cultural de sus estudios carpenterianos para detenerme en cómo le permite también a Campuzano indagar en la cuestión de la especificidad cultural cubana.17 Hay que subrayar que hasta el momento (2013), los estudios culturológicos en Cuba han abordado poco o nada el tema de la insularidad, lo cual es una carencia de grave peso específico para una comprensión adecuada de la cultura nacional.
Uno de los tópicos más productivos y menos frecuentados de la cultura cubana es el de la insularidad. Propuesta ya como límite o como posibilidad, como freno o como impulso, como exclusión o inclusión, la imagen de la isla, no tanto tierra cuanto mar, es también la imagen de la llegada o de la partida. En la larga duración, la llegada y la partida construyen la sucesión de desplazamientos multitudinarios —colonización e inmigración de españoles, esclavitud de africanos, semi-esclavitud de chinos, destierros y otras suertes de diásporas más o menos políticas, más o menos económicas— que sustentan y traman la breve historia de Cuba; lo perverso de la génesis de lo que se ha llamado un pueblo nuevo y su intensa densidad cultural.18
Al indagar la perspectiva insular en la obra narrativa de Carpentier —en El siglo de las luces, El arpa y la sombra, El reino de este mundo y otras de sus novelas—, la ensayista hace confluir otras grandes voces de la literatura cubana, con lo que logra sintetizar un bosquejo general de esa perspectiva insular, uno de cuyos momentos más afinados es el siguiente:
Para Alejo Carpentier esta insularidad cubana, tan pletórica de sentidos, adquiere dimensiones de otro calibre al ubicarse en un espacio geográfico mucho más amplio, conformado por las islas del Mar Caribe, del Mar de las Antillas y el Golfo de México, fértil y deslumbrante escenario donde con el llamado descubrimiento de América, se inaugura el sistema mundial moderno, que se consolida en el largo siglo XVI como primer proyecto de globalización económica, política y cultural, lo que traducido en términos de la poesía insular y solo referido a la Antilla mayor significa que nacer en Cuba, como dijo Lezama Lima, sin duda, “es una fiesta innombrable”; pero ver la luz y vivir junto a este “mar violeta [que] añora el nacimiento de los dioses”, siempre entraña riesgos y sobresaltos, porque es a la orilla del golfo que nos ciñe, como recordara Dulce María Loynaz, “donde todos los años hacen su misterioso nido los ciclones” […].19
Apasionantes por la novedad de sus formulaciones, los estudios carpenterianos de Campuzano no solo brindan acceso a zonas poco exploradas de la obra del eminente narrador. También, y sobre todo, nos introducen en una óptica cultural de ancho aliento y nos revelan a una de las más notables ensayistas de Cuba.
Notas
1 Luisa Campuzano: “Algunas notas sobre la literatura en El siglo de las luces”, en: Luisa Campuzano: Quirón o del ensayo y otros eventos, La Habana, Ed. Letras Cubanas, 1988: 129-143. (Antes publicado en: Imán. Anuario del Centro Alejo Carpentier. (1): 127-135, 1983).
2 Para un ensayo más reciente sobre relaciones intertextuales de esta novela, cf. Luisa Campuzano: «“Il gioco segreto”, de Elsa Morante y El siglo de las luces, de Alejo Carpentier», en: Cuadernos de Italianística Cubana. XIV, 20 (2013): 25-36. En él también se atiende a la relación de ambos textos con Les enfants terribles, de Jean Cocteau.
3 Luisa Campuzano: “Releer El siglo de las luces en los noventa”, en: Luisa Campuzano: Carpentier entonces y ahora, La Habana, Editorial Letras Cubanas, 1997, pp. 67-84 (Antes publicado en: Maria Lúcia Poggi de Aragão y José Carlos Sebe Bom Meihy (comp.): América: Ficção e Utopias, Rio de Janeiro/São Paulo: Expressão e Cultura/EDUSP, 1994, pp. 189-199).
4 Ibíd.: 75-76.
5 Luisa Campuzano: “La Historia a contrapelo: el Descubrimiento y la Conquista según Alejo Carpentier”, en: Alejo Carpentier y España, Santiago de Compostela, Universidad de de Santiago de Compostela, 2005, pp. 19-40 (también en Casa de las Américas, 256, 2009, pp. 62-76).
6 Ibíd.: 20.
7 Versión muy ampliada de la ponencia presentada en el coloquio internacional “La nueva novela latinoamericana a medio siglo de El siglo…”, celebrado en la Fundación Alejo Carpentier entre el 14 y 16 de marzo de 2012 (mecanuscrito).
8 Ibíd.
9 Ibíd.
10 Ibíd.
11 Cfr. Luisa Campuzano: “Traducir América: códigos clásicos en la narrativa de Alejo Carpentier”, en: Literatura iberoamericana y tradición clásica. José Vicente Bañuls, Juan Sánchez Méndez y Julia Sanmartín Sáez (eds.), Universidad Autónoma de Barcelona-Universidad de Valencia, Barcelona/Valencia, 1999: 101-110. (También en: Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, año 90, no. 4, 1999: 50-62, y en: Luisa Campuzano: Narciso y Eco: Tradición clásica y literatura latinoamericana, Editorial La Bohemia, Buenos Aires, 2006: 129-148).
12 Ibíd.: 102.
13 Ibíd.
14 “Chez Loynaz y excursión a Vueltabajo, bis”, en: Casa de las Américas, 253, 2008: 127-138 (Páginas salvadas).
15 Armando Raggi: “De las primeras décadas de la república a El siglo de las luces. Génesis de una novela”. http://www.fundacioncarpentier.cult.cu/carpentier/de/las/primeras/decadas/de/la/republica/a/el/siglo/de/las/luces/genesis/de/una/novela
16 Luisa Campuzano: “Hacia los protagonistas, escenarios y motivos habaneros de El siglo de las luces”, en: Casa de las Américas, 270, 2013: 22-32.
17 Luisa Campuzano: “Islas y mares de Alejo Carpentier”, “en: Espaces d’Alejo Carpentier, Jean Lamore (ed.), Presses Universitaires de Bordeaux, Burdeos, 2008: 185-194. (Antes publicado en: República de las Letras, 91-92, 2005:76-88.)
18 Ibíd.: 185.
19 Ibíd.: 186.
