Los caminos hacia Santiago (1)
El cineasta cubano Manuel Octavio Gómez (1934-1988), con una decena de documentales, un mediometraje y dos largometrajes de ficción, no tardó en imponerse por la variedad temática y estilística y las búsquedas formales. La comprensión dialéctica de la cultura popular, fue atribuida por el director a su gusto por la sociología. La esplendidez alcanzada en La primera carga al machete (1969) y Los días del agua (1971), dos propuestas que se aproximaban a episodios y personajes de la historia con una mirada desprejuiciada y de intrépida modernidad, no solo marcaron un antes y un después en su filmografía y en la de la propia cinematografía cubana, sino que se tornaron en títulos de obligada referencia entre los clásicos del cine iberoamericano.
En su obra fue perenne el intento por reconstruir con medios y métodos del documental la realidad cubana en toda su autenticidad, bien a través de la elaboración del propio presente (La salación, Ustedes tienen la palabra) o de remitirse dialécticamente al pasado en búsqueda de aquello que pudiera aportar a la contemporaneidad. El desafiante: «Bien, compañeros, ustedes tienen la palabra...» con que ¿cierra? su quinto largometraje, confirmó este credo. Gómez contó con los aportes de Julio García Espinosa, Alfredo del Cueto, Jesús Díaz y hasta del editor Nelson Rodríguez para reelaborar hechos reales recientes en un guión que, a su vez, tomaba como punto de partida una obra de teatro. Este repaso plural fue algo que experimentara antes Manuel Octavio cuando adaptó la pieza Recuerdos de Tulipa junto a su autor, el dramaturgo Manuel Reguera Saumell.
Ya en una entrevista que concediera en 1965, el cineasta manifestó su deseo de realizar alguna vez una película de aventuras, sin detrimento alguno para la cubanidad. Es posible que las peripecias descritas con tintes reales y fantasiosos por Carpentier en el relato El camino de Santiago, incluido en el volumen que titulara Guerra del tiempo, espolearan a Manuel Octavio Gómez para adentrarse en un período tan apasionante como la conquista y colonización del Nuevo Mundo. No pocos estudiosos enfatizan los trazos barrocos empleados por el narrador para con su amplia paleta acercarse, como si con una cámara se tratase por un reportero análogo al de La primera carga al machete, a la vida y milagros del soldado Juan, tamborilero del ejército del duque de Alba en Amberes. El forzoso cambio de rumbo del místico Santiago de Compostela a la mítica isla mayor del Caribe; el camino terrenal hacia la meta en el peregrinar religioso se tuerce por el del mar que le arrastra a un incógnito destino. Entre los estudiosos del relato, el escritor Antonio Benítez Rojo, que en 1970 la conceptúa como «la pieza más acabada de Carpentier y una de las más bellas de la narrativa contemporánea», concluyó:
Expresa la imprevista lección literaria que da el Nuevo Mundo a Europa: Juan el Romero, soldado penitente de Flandes, cambia su piadoso peregrinaje por la Aventura americana; regresa Juan el Indiano, y acompañado de un papagayo y del danzante negro Golomón, predica a tambor batiente los prodigios de allende el Océano. América, descubierta por Europa, regresa a ella y golpea sus relojes con una versión exaltada y desconcertante de la realidad1.
La coincidencia con estos criterios condujo a Manuel Octavio Gómez a proponerle a Antonio Benítez Rojo trabajar juntos en un guión basado en lo esencial en El camino de Santiago. La lectura de este guión, cuya primera versión data de 1975, y para el cual seleccionaran idéntico título al de la colección, Guerra del tiempo, revela un proceso repetido poco después en una colaboración extendida a otros dos filmes: La tierra y el cielo (1976), sobre el cuento homónimo de Benítez Rojo, y Una mujer, un hombre, una ciudad... (1978).
Convertir en un guión cinematográfico el universo carpenteriano, pleno de pasajes intraducibles o diálogos inexistentes, es tarea ingrata para cualquier adaptador por mucho que pretenda el mayor respeto al original, conservar la estructura del relato o algunas de sus escenas imprescindibles para el crescendo dramático, como en el caso de El camino de Santiago. El binomio Gómez-Benítez Rojo no solo tuvo que elaborar diálogos y desarrollar algunos episodios para que la imagen asumiera alguna connotación de la palabra dominada por Carpentier con la destreza innata. Los guionistas, animados por el entramado abierto del relato, más que una adaptación, pretendieron, tal y como precisan en un breve texto que precede al guión, «un homenaje a la obra total de Alejo Carpentier, tomando de ella personajes, temas, circunstancias y todo aquello que ayude a reflejar en una tarea cinematográfica lo que en literatura constituye el "mundo carpenteriano"»2. (Continuará)
1Antonio Benítez Rojo, 1970, en: Recopilación de textos sobre Alejo Carpentier, Serie Valoración Múltiple, Casa de las Américas, La Habana, 1977, p. 513.
2Manuel Octavio Gómez, Antonio Benítez Rojo: Texto introductorio a el guión inédito de Guerra del tiempo.
