Lo transgenérico en la literatura, ¿ser o no ser?
Hablar de lo transgenérico en la literatura es un ejercicio similar al de discurrir sobre el futuro del libro impreso o la deformación del lenguaje. Tanto lo uno como lo otro parecen no tener fin y casi todas las explicaciones o posibles alternativas parecen lógicas, aportadoras.
Tal vez el debate provenga de esa tendencia humana a catalogar todo lo que ve o realiza para luego alarmarse cuando algo no se ajusta a esas definiciones. Es así que lo masculino, por ejemplo, se asocia a lo viril; lo romántico a lo platónico y lo difícil, a lo valioso.
No es de extrañar pues, que en literatura, los textos también estén sujetos a una clasificación. Si pertenecen al género épico, lírico, dramático…; si son cuentos, ensayos, novelas o artículos… constituye una preocupación, incluso antes de escribir, pues es “necesario” hallar el paradigma (¿o el molde?) correcto para proyectar las ideas, como si la sola necesidad de expresión no fuera suficiente.
Pero, ¿pueden superarse los límites genéricos?, ¿hibridarse?, ¿se está resemantizando el concepto de “género literario”? Sobre esos temas trató Grado Cero, espacio que, por cuarta ocasión, dedicó el Centro Cultural Dulce María Loynaz al abordaje de lo transgenérico en la obra de las nuevas generaciones de escritores cubanos.
La “situación transgenérica”, dijo el escritor Daniel Díaz Mantilla, sugiere actitudes contrapuestas. Los jóvenes lo asumen como un signo que distingue su generación; los más viejos le restan notoriedad al asunto y pretenden ilustrarlo como si no hubiera nada nuevo bajo el sol. Por eso es imprescindible una perspectiva diacrónica, porque hay actitudes y nociones sobre la literatura propias de un tiempo y una cultura determinada, y si se emplean indistintamente pueden añadirle a la obra valores que no tenía, añadió.
La necesidad de analizar las estructuras textuales atendiendo al contexto en que fueron escritas sin comprometer sus referentes y zonas de codificación fue destacada por los invitados, entre los cuales se encontraban, además, la poeta y ensayista Caridad Atencio y el escritor Raúl Flores Iriarte.
Muchos textos antiguos parecerían hoy transgenéricos –refirió Díaz Mantilla-, porque los géneros literarios enmarcan su relación con la realidad, y autorizan o no ciertas modalidades de lectura. Los géneros son determinados histórica y culturalmente. No se circunscriben a un modelo exacto inamovible, sino que responden a necesidades del acto creativo, signado en buena medida por el contexto cultural donde se construye la obra, dijo.
El también editor de la revista La Letra del Escriba comentó que la literatura transgenérica, comúnmente asociada a un cambio radical, es parte de un proceso mayor y más extenso en el tiempo que comenzó, acaso, en el siglo XVIII, cuando la originalidad se convirtió en un valor más apreciado y que quizás pronto se comience a hablar (por fin) de una verdadera literatura transgenérica, aunque para ese entonces, tal vez, debamos preguntarnos si tiene algún sentido continuar hablando de géneros.
Por otra parte, Caridad Atencio señaló que el empleo de un género u otro está ligado al ángulo de proyección que emplee el escritor, que variará en dependencia de la originalidad de su idea, de modo que si no encuentra un ángulo adecuado entre los instituidos, deba tomar “prestado” e incluir otros.
El espacio Grado Cero recesará durante el mes de agosto y dedicará su última sesión a lo transgenérico en la literatura en septiembre, con la habitual conducción de Osmel Almaguer.
