El juicio que hizo historia
Veo la atención que me están prestando.
Ojalá tuviera aquí un ejército completo.
Fidel Castro Ruz
en el juicio del Moncada
Hay libros que aunque se impriman y reimpriman una y otra vez, nunca pierden la importancia ni la frescura de la primera edición; una prueba de esto es El juicio del Moncada, de la periodista y escritora Marta Rojas, publicado por la Editorial de Ciencias Sociales y cuya presentación en el Sábado del Libro contó con la presencia de Edgardo Ramírez, embajador de Venezuela en Cuba, Zuleica Romay, presidenta del Instituto Cubano del Libro, Alicia Herrera, escritora venezolana, familiares y compañeros de participantes en la gesta.
En sus palabras de presentación, la doctora Ana Cairo destacó el arcoiris de voces presente en el libro, donde se establece un diálogo entre la oralidad y la escritura. «Marta tenía en su propia técnica los rasgos del narrador», dijo en una ocasión Alejo Carpentier al referirse a la periodista, reafirmado en la presentación al hacerse alusión a la construcción de un «sistema de voces» como clave del éxito de El juicio del Moncada, donde se dan «las contradicciones de la sociedad en sus diferentes voces: los magistrados, el ejército (no monolítico), médicos, mercenarios», según reafirmó la presentadora. También se refirió a la valentía de no renunciar a pesar de la censura; «la guardó y la alimentó».
En el libro se demuestra la dimensión épica que significó el ataque al cuartel Moncada para Santiago de Cuba; la sacudida producida por un acontecimiento que nadie esperaba pero que movilizó a todo el mundo; además de la madurez de Marta Rojas, porque «hay dos Martas, la de 1953, la de 20 años después y la de hoy, que es la que aparece en el libro». Llamó la atención acerca del tratamiento que se hace de la figura del Comandante Fidel Castro, «clave para conocer quién es Fidel». Para referirse a la tenacidad de Marta, contó la pesquisa que esta realizó para encontrar el prólogo que Jorge Mañach le hiciera a La Historia me absolverá, desconocido hasta que ella lo sacó a la luz pública, quien había manifestado que sería un «texto clásico»; y donde se pone de manifiesto también «el oficio de escritor de Fidel».
Al final de la presentación, la doctora Cairo ratificó que este libro es un homenaje a la escuela en que había estudiado su autora y al brillo que al periodismo cubano le ha dado, y del que existe una saga con los familiares de aquellos jóvenes y que lamentablemente no se ha reimpreso.
«La prensa cubana tiene que volver a escribir su historia para volver a tener el valor que tuvo en el siglo xx, saber de dónde vienes y qué tienes que defender. Marta le ha rendido homenaje al Moncada y al periodismo», fueron las expresiones que la doctora Cairo dejó en el ambiente para reflexión de los periodistas y el público que se encontraban presentes en el portalón del Palacio de los Capitanes Generales.
«La presencia del embajador de Venezuela me hizo recordar al presidente Chávez», expresó Marta Rojas, y contó cómo fue su encuentro con él. Se encontraba en un evento sobre Rómulo Gallegos y se percató de que Chávez estaba solo, caminando por el lugar, por lo que aprovechó y se le acercó para hacerle una entrevista, «me olvidé de Rómulo Gallegos». El Comandante la invitó a ir a la «Casona» y fue donde le hizo la primera entrevista. «Él recordó que había leído un libro mío; no le dije cuál era; pero él recordó que había sido sobre el asalto al Cuartel Moncada».
Contar cómo llegó a presenciar el juicio del Moncada fue un momento donde demostró su capacidad de narradora, porque inmediatamente cautivó a todos los que la escuchaban. «Estaba congueando cuando Panchito me pidió que le hiciera los pies de fotos. En ese apogeo, casi al amanecer se siente un sonido como el de los cohetes y yo digo, “ahí vienen las congas”, y Panchito me dice “esos son tiros” y yo le dije: “Vamos a lo de los tiros que para el periodismo es más importante”. Fui con Panchito para el Moncada porque decían que era una bronca entre los soldados; como el año anterior había sido el Golpe de Estado, no era desacertado, tenía lógica. Al principio no dejan entrar a los periodistas y hasta le rompen una cámara a un fotógrafo». Siguió la historia, agregando que gracias a que Panchito era conocido por ser fotógrafo de la policía judicial lo dejaron entrar a la conferencia de prensa, pero hubo un momento en que salió y le dijo que habían dos mujeres presas, que pidiera permiso para ir al baño de los oficiales; y al regreso cuando preguntó quiénes eran las presas, le contestaron que no habían presos, que todos habían muerto y que irían «a los teatros de los hechos». En el lugar, «Panchito tomó las fotos, y mi cultura de películas del oeste, me llevó a darme cuenta que algo no funcionaba, y Panchito me dijo: “Estas fotos nos las van a quitar” y se acercó a un camión, sacó el rollo que tenía la cámara, le puso el que había estado utilizando (…). Yo guardé el otro. A él lo requisaron y a mí no. Después me dijo: “Yo me voy a perder” y me dio 25 pesos para volver a La Habana».
Si interesante era lo que había dicho, más lo fue el conocer que en La Habana se publicaron algunas de las fotos pero el texto redactado por ella no; que estaban buscando a Panchito para matarlo porque en lugar de dar las fotos que tiró en el Moncada entregó «la de los negritos bongoseros» y cómo le aconsejaron que volviera para Santiago de Cuba para evitar que se fijaran en ella y le aconsejaron que hiciera su vida normal, pero «jamás mi vida fue normal», porque siguió hurgando, y no solo eso, fue capaz de verse frente a frente con el asesino Chaviano y mantenerse natural, así como lograr participar en las vistas del juicio a los moncadistas. «No tenía una formación militante, simpatizaba como casi todos los jóvenes, pero no estaba involucrada. Mi interés era profesional hasta el 21 de septiembre. Tenía la idea de ver caras de derrotados, pero cuando veo entrar a Fidel con los brazos en alto y diciendo “No se puede juzgar a un hombre así, esposado” y cómo todos se pusieron nerviosos, pero le quitaron las esposas; me vino algo de admiración y simpatía, me cambió»; porque su relación con los moncadistas le fue creando un nivel de comprometimiento con sus ideas. Después de escuchar a Fidel se dio cuenta de que él era «el dueño de la situación», y siguió con la génesis de lo que sería el libro que en su quinta edición estaba siendo presentado este día.
Como colofón a este Sábado del Libro, el embajador de Venezuela le hizo entrega a Marta Rojas de un afiche donde aparecen las imágenes de Fidel, Chávez y Raúl unidos y un pulóver identitario del partido chavista.
Cuando el periodismo responde a su historia, la noticia no solo se puede convertir en fuerza y razón del profesional que la atrapa, sino en cantera de aquellos que escogen esta profesión.
