Homenaje a Raúl Hernández Novás, por el vigésimo aniversario de su deceso

No deja huellas
en la tierra la noche:
sabe que vuelve
Raúl Hernández Novás
Las revistas culturales Vivarium, de La Habana, y Videncia, de Ciego de Ávila, con el co-auspicio de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y la Casa de las Américas, evocaron el vigésimo aniversario del fallecimiento del poeta y escritor Raúl Hernández Novás (La Habana, 1948-1993).
En la casa sacerdotal San Juan María Vianney sesionó el panel teórico «Al más cercano amigo: Raúl Hernández Novás: 20 años después», que contó con la participación de los intelectuales cubanos, Ivette Fuentes de la Paz, Ileana Álvarez, Enrique Saínz, Doribal Enríquez y Francis Sánchez. Este último —poeta, ensayista, investigador y editor avileño— es autor de la antología Poesía en homenaje al más cercano amigo, que fue presentada en ese contexto, y recoge a diferentes generaciones de poetas insulares que, de una manera u otra, han rendido tributo a Hernández Novás.
Los ponentes no solo destacaron los valores literarios que estructuran la prolífica obra de este creador, pues según el criterio sustentado por los disertantes, Hernández Novás fue, y es, uno de los poetas más intensos de su tiempo, además de ser uno de los escritores cubanos que mayor comunión estableció con la lírica de la Isla. También abordaron su trayectoria biográfico-artística.
A los 5 años de edad se le diagnosticó una afección cardiovascular congénita que estigmatizaría y limitaría su niñez. En los albores de la pubertad fue intervenido quirúrgicamente por el doctor Noel González, padre de la Transplantología en nuestro país, al que dedica y agradece, en muchas de sus composiciones, el haberle salvado la vida. Como secuela de la intervención cardioquirúrgica, padeció una afección psíquica que refleja, ¿consciente o inconscientemente?, en su obra.
Sus primeros poemas, escritos en la adolescencia, están relacionados en su mayoría a hechos y acontecimientos revolucionarios, entre ellos destaca uno dedicado a Alemania, que el Poeta Nacional Nicolás Guillén, presidente fundador de la UNEAC, publicó en el periódico Hoy, órgano del Partido Socialista Popular (PSP). A partir de ese momento, no dejó de crear.
Por mediación de su tío materno, Benito Novás, quien poseía una extensa biblioteca, tuvo Raúl la oportunidad de conocer a los clásicos de la literatura cubana y universal. Este contacto temprano con las letras le hizo inclinarse por una de las ramas de la Filología, de ahí que, en 1972, se graduara de licenciado en Lengua y Literatura Hispánicas en la Universidad de La Habana. Posteriormente, comenzó a trabajar en el Centro de Investigaciones Literarias de Casa de las Américas, donde se mantuvo hasta el momento de su desaparición física.
En la compleja personalidad de Hernández Novás, introvertida en extremo, resaltan su timidez, su marcada tendencia a la melancolía y a los estados depresivos. No obstante, poseía un agudo sentido del humor, un corazón noble y una gran capacidad para perdonar. La pérdida o enfermedad de seres queridos muy allegados, la incapacidad para enfrentar la grave situación económica que azotara a nuestro país durante la década final del pasado siglo y las reiteradas desilusiones amorosas que sufrió, influyeron de forma negativa en su comportamiento. En consecuencia, comenzó a escribir muy poco y relegó, a un plano secundario, sus tres grandes pasiones: la literatura, la música y el cine.
Raúl no solo cultivó con amor y pasión la poesía, también ejerció la crítica literaria. Miembro distinguido de la Asociación de Escritores de la UNEAC dio a la estampa casi una decena de poemarios, publicados por editoriales cubanas, y recibió, en vida o después de su trágica muerte, varios premios y menciones en certámenes nacionales.
Enríquez Saínz, quien fuera su amigo, al iniciar su intervención, leyó el poema «Muerte de un payaso», y destacó los elementos tanatográficos presentes en el texto, mientras que la carismática artista Emilia Morales musicalizó e interpretó, acompañada por el maestro Silvio Tarín, el poema de «Alma cercana a un amigo. Estas son las palabras», logrando una excelente fusión entre la música y poesía que rindió honores a ese « […] gigante lírico, imprescindible […] » de nuestras letras.
