Virgilio Piñera. Entre él y yo
El multilaureado escritor y dramaturgo Antón Arrufat, Premio Nacional de Literatura y de Teatro, es el autor del volumen Virgilio Piñera. Entre él y yo, publicado por Ediciones Unión, para darles continuidad editorial a las actividades festivas por el centenario de Virgilio Piñera (1912-1979).
El también albacea intelectual y espiritual y amigo personal del ilustre poeta, escritor, dramaturgo, crítico y periodista cardenense evalúa —con las armas que le proporciona el conocimiento psicológico que, sin duda alguna, posee— la compleja personalidad del principal artífice del teatro del absurdo en nuestra geografía insular y fuera de ella.
Arrufat se aproxima al autor de Aire Frío y Dos viejos pánicos, dos clásicos de la dramaturgia de todas las épocas y todos los tiempos, desde una óptica integral e integrada. En consecuencia, va tejiendo poco a poco —como llega cojeando la verdad de la mano del tiempo, según el filósofo griego Annon— los factores causales, históricos, psicosociales, literarios e ideo-estéticos en general, con acierto y galanura tales, que resulta muy difícil, por no decir imposible, establecer con precisión y exactitud la confinia (límites fronterizos) entre unos y otros.
En ocasiones, el lector puede llegar a percibir ese libro como una biografía «pura», aunque con un enfoque novelado por excelencia, o como la glosa de quien disecciona y esboza intrépidos criterios acerca de disímiles zonas de la fecunda producción poético-literaria, dramatúrgica, crítica y periodística de Virgilio Piñera.
Una prueba fehaciente de ello, es el enjundioso análisis —muy bien documentado y fundamentado, por cierto— que le genera al autor de ese texto el poema De codos en el puente, así como la huella indeleble que dejara en la mente y en el alma de Piñera (De coditos en el tepuén), o la interpretación que realiza de los «intertículos» virgilianos, los cuales califica —desde una vertiente objetivo-subjetiva por excelencia— como pioneros de dicha modalidad poética.
En el centro mismo de esa pesquisa, asoma su faz el sociólogo que enjuicia el contexto coyuntural de los días grises u oscuros que los sumieron en un silencio sepulcral, y que desencadenaron determinadas actitudes, así como la escritura de libros concretos. Por consiguiente, ubica los hechos acaecidos, en tiempo y espacio, y cuestiona —sin medias tintas o eufemismos— los graves errores cometidos en los planos político y cultural, que tanto daño infligieron, no solo al distinguido dramaturgo, sino a otros intelectuales no menos relevantes, que «a pesar de todos los pesares», como diría el Venerable Padre Félix Varela y Morales (1788-1853), continuaron viviendo, amando, creando y soñando, en la mayor isla de las Antillas, donde muchos (Piñera, Lezama Lima, por ejemplo) duermen el martiano sueño de los justos, mientras que otros (como el mismo Arrufat), siguen vivos…, aquí y ahora, gracias a Dios.
Por otra parte, habría que destacar el humor hirviente, que quema como el fuego, y con el cual condimenta chispeantes anécdotas y adorna pasajes completos, aun en el ámbito de ciertas contingencias que cualquier otro autor mostraría de modo muy diferente.
Arrufat, en todo momento u ocasión, es fiel al título del libro, en extremo sugerente, según mi apreciación. No adopta una posición impasible ni distante, sino —por el contrario— evoca el documental que suele filmarse hoy en cualquier lugar del planeta, y que coloca al realizador en el «vértice del huracán» (para expresarlo con palabras del doctor José Rubiera)
El autor de esa gema de la literatura virgiliana es, a veces, co-personaje, y no solamente cuando comparte los muchos momentos cercanos, alegres o tristes, de éxitos o fracasos, que vivió con su amigo del alma, sino cuando se involucra en la estructura narrativa con esa sonrisa cómplice que lo caracteriza y la convicción de quien conoce muy bien las virtudes, defectos, debilidades, inconsistencias y necesidades de ese gigante de la dramaturgia universal. E, incluso, de quien descubre nuevas facetas de la polémica personalidad de Virgilio, así como los significados y significantes (como diría un psicoanalista lacaniano) de esos hallazgos personográficos. O del sagaz investigador que recuerda vivencias o anécdotas registradas —con letras indelebles— en el componente espiritual de su inconsciente freudiano.
No me asiste la más mínima duda de que Virgilio Piñera… es la obra de un genuino poeta signado fundamentalmente por la sensibilidad humana y espiritual que lo identifica, sea cual fuere la arista —aun las menos trascendentes, en apariencia— que desarrolla en las páginas de dicho volumen.
Anton Arrufat acaricia la mente y el alma de los amantes de la vida y la obra de Virgilio Piñera con la utilización de una prosa poética espontánea y natural (¿cuál si no?), que elimina cualquier tipo de sentimentalismo que pueda interferir con el objetivo esencial del libro: dar a conocer al lector los indestructibles lazos profesionales y afectivo-espirituales que los unían, unen y unirán per se culom seculorum (¡por los siglos de los siglos!).
