Onelio Jorge Cardoso como guionista de cine
Nuestro cuentero mayor, Onelio Jorge Cardoso (1914-1986), desaparecido físicamente en esta capital hace un cuarto de siglo, el 29 de mayo de 1986 también intervino como guionista en el cine cubano, aunque esta faceta sea menos conocida.
La empresa Cine-Revista, introducida en Cuba hacia 1956 por el productor mexicano Manuel Barbachano Ponce (1924-1994), a sugerencia de Tomás Gutiérrez Alea, designó a Onelio Jorge Cardoso como responsable de los textos para los reportajes documentales que realizaban y la jefatura de redacción. Considerado como un fiel cronista de nuestro medio campesino, para la supervivencia, nuestro cuentero mayor publicaba esporádicamente relatos en las revistas Bohemia y Carteles.
El resto del equipo de Cine-Revista lo integraron los camarógrafos Jorge Herrera; Pablo Martínez como asistente; Julio Simoneau, el iluminador Iván Nápoles y el pintor y diseñador Holbein López, al frente del departamento de dibujo y escenografía, a cuyo cargo estaban todas las presentaciones, proyectos, decorados y los títulos de crédito. José López Álvarez (Lopito). Como realizador fundamental de algunos documentales y de los chistes en que se entrenó en el uso del humor y la dirección de actores figuró Titón. En relación con la experiencia de Cine-Revista, que le permitió vincularse de alguna manera al cine, Onelio declaró en una entrevista concedida al periodista Orlando Castellanos:
«Allí caímos unos cuantos que teníamos nuestra manera de pensar y que habíamos estado en Mil Diez: José Tabío, que fue un gran compañero, enseñó allí a muchos compañeros […] fuimos aprendiendo y haciendo Cine-Revista, pero me gustó aquello, me sentía mejor en aquel tipo de trabajo. Yo hacía todos los guiones, los chistes, etcétera, y los documentales. Y una cosa importante fue que todos los documentales que hicimos siempre fueron del campo, cómo vivían nuestros campesinos, los problemas, todo era acerca de eso; esa pequeña concesión iba pasando por parte de los dueños, porque a fin de cuentas los que sabíamos hacer eso éramos nosotros, y como no teníamos competidores, había que balancear un poco entre el gusto, y ahí estuvimos hasta que llegó la Revolución, por suerte».
Años más tarde, Onelio Jorge Cardoso fue convocado para colaborar con el escritor checo Jan Procháska en el argumento, el guión y los diálogos de la coproducción Para quién baila La Habana (1963), realizada por Vladímir Céch. El narrador criollo aportó el conocimiento estrecho de la realidad cubana para estructurar una trama que toma como punto de partida el reencuentro, tras el triunfo revolucionario, de dos amigos que lucharon contra la dictadura batistiana. Uno de ellos, afectado en sus intereses por las nuevas leyes promulgadas, cambia su actitud ante el nuevo estado social. Esta fue la primera incursión del escritor en el cine de ficción.
Con el título de Cumbite (1964), Titón filmó la adaptación fílmica de la novela Gobernadores del rocío, del autor haitiano Jacques Roumain, escrita por Onelio Jorge Cardoso. Relata la historia de Manuel, joven haitiano, que al retornar a su país, halla a su comunidad sumida en una gran sequía y dividida por la enemistad de dos familias. Manuel descubre una vertiente de agua e intenta unir a las familias rivales, pero es asesinado por celos. La unión entre su novia y su madre evita la venganza y logra la unidad para construir el canal.
Consagrado por completo a su obra literaria, Onelio se alejó del cine por muchos años, hasta que en 1989 fue llamado por el cineasta Manuel Herrera para colaborar en la adaptación cinematográfica de El día que San Pedro le vendió a San Pedro, original de Julio Medina, conocida también con el título de San Cleto, una de esas obras de estructura abierta, provocadoras de planteamientos autocríticos en los espectadores de las puestas en escena del grupo teatral Escambray. El resultado fue la comedia No hay sábado sin sol. Los guionistas se propusieron afrontar el asunto en sus dos vertientes: la etapa inicial de incorporación del campesinado al plan estatal, y su conducta ulterior. En una visita efectuada a La Macagua, sede del grupo Escambray, como parte del trabajo preliminar de investigación, descubrieron en una función de San Cleto la forma ingeniosa en que lo enfocaba Medina, actor del conjunto.
El guión de No hay sábado sin sol posee una gran riqueza literaria, alguna dosis de lirismo y lozano sentido del humor en las descripciones de los personajes y situaciones. Basta leer algunos fragmentos ilustrativos para cerciorarse de la intervención decisiva de nuestro desaparecido cuentero mayor en el tratamiento y reelaboración de una temática que le resultara afín y entrañable. La cinta expone la regresión de los habitantes de la comunidad campesina El Mamey —lugar de la acción— a las condiciones miserables en que vivían, como único camino para que se interroguen acerca de la naturaleza de sus problemas y que adquieran conciencia de los mismos. A la temática general se subordinan distintos subtemas que reflejan los nexos humanos establecidos. Uno de los nuevos caracteres se convierte en eje conductor del argumento: María (interpretada por Eslinda Núñez), creado por sus autores sobre rasgos de dos prototipos reales; tiene que combatir contra los hábitos del núcleo campesino donde labora para convencerlos sobre las ventajas de la mudanza al pueblo recién construido y del trabajo colectivo.
El único obstáculo que no logran sortear su paciencia y tesón es otro personaje incorporado: el habilidoso y charlatán Benito junto a Euclides, este concentra rasgos negativos y conductas censurables. Con sus «bolas», Benito siembra la división entre los desconcertados vecinos y, con frecuencia, conduce a María a complicadas situaciones, algunas relacionadas con Otero (caracterizado por Mario Balmaseda), el responsable de la empresa genética. Otro aporte de los adaptadores es el romance surgido, en esta denodada lucha cotidiana, entre la muchacha y su jefe. Alejandro Lugo y René de la Cruz también integraron el reparto.
Acerca de su primer largometraje de ficción, explica Manuel Herrera: «Tratamos de provocar risa sobre un problema serio, pero, al mismo tiempo, que no impida la reflexión». En otra entrevista añadió: «Me di cuenta, a medida que profundizaba en su conocimiento, de las posibilidades cómicas del tema que iba a desarrollar. El poder contar con un escritor como Onelio Jorge Cardoso para escribir el guión, terminó de crear la conjunción propicia para decidirme por ese género. El humor de Onelio, crítico, pero de saldo positivo, y su visión humanista y poética del mundo campesino, me atrajeron para incorporarlo a la película. Se inscribe en un tipo de comedia que nace con Gógol, Chéjov y Bernard Shaw, y que no aspira a la carcajada, sino a la sonrisa, y mediante la sonrisa, a la reflexión sobre la realidad planteada». No hay sábado sin sol significó la última colaboración con el cine cubano.
