Alex Pausides: diminuto e inmenso
Si lo hubiera conocido en su natal Manzanillo hace más de cuarenta años ─o diez o veinte, como muchos de sus colegas─, creo que mi opinión sobre el poeta cubano Alex Pausides habría sido la misma que tuve hace unas pocas horas en la capitalina Biblioteca Rubén Martínez Villena. La sencillez y el talento se abren paso entre cada una de sus palabras, de sus gestos y más aún, entre sus silencios.
Nacido en las entrañas del oriente cubano a mediados del siglo pasado, Pausides no solo se hizo poeta y editor, no solo ha dejado una estela dentro del panorama de la poesía cubana. El bardo granmense se ha asegurado, además, de legar a la cultura nacional un cúmulo de obras imprescindibles del universo literario de la Isla y del mundo que han visto la luz bajo el sello de la colección SurEditores, cuyas riendas están a su cargo.
Ha estado al mando del mensuario cultural El Caimán Barbudo, así como del Festival de Poesía de La Habana. Pero su faena directiva no ha causado estragos en su producción literaria. En la actualidad cuenta con más de diez libros publicados, entre ellos Habitante del viento (1995), Pequeña gloria (2000), Ensenada de mora (2005), La extensión de la inocencia (2006) y Caligrafías (2009).
Los lauros también han sucumbido ante su obra. Y no pocos ni desconocidos. En 1990 de alzó con el Premio Abril; nueve años después, obtuvo el Premio de La Gaceta de Cuba; y en 2005 y 2009 respectivamente, le otorgaron el Premio de la Crítica y el Samuel Feijoo de la Sociedad Económica de Amigos del País.
Solo él, cuya modestia es tan inmensa como sincera, no podía creer que el Instituto Cubano del Libro lo distinguiera con la invitación al espacio El autor y su obra. Todo el que ha leído o escuchado al menos uno de sus versos, o conoce la dimensión de su quehacer, da por sentada la justeza del reconocimiento.
Para reafirmar públicamente el valor del homenajeado, se convocó un prestigioso panel integrado por los Premios Nacionales de Literatura César López y Nancy Morejón, así como por el director de la editorial Letras Cubanas, Daniel García y el poeta Roberto Manzano.
El panel se refirió a los orígenes de Pausides y a sus contextos de formación, a los valores de su obra y al sitio que esta ha ganado dentro de la poesía cubana.
Cesar López lo catalogó como un poeta del espacio y del tiempo. «Un poeta que sin negar este último, se convierte en un bardo de su espacio entre el mar, la montaña y el río.»
Por su parte, Nancy Morejón refirió que entrar a la lectura de la poesía de Alex Pausides es un acto revelador. «Sus poemas están sumergidos en la legítima tradición de esa cubanidad que hallaron para siempre Regino Boti y José Manuel Poveda» ─destacó.
Morejón aludió a los criterios de Roberto Fernández Retamar y Enrique Sainz, voces autorizadas que se han pronunciado sobre los textos Ensenada de mora y Habitante del viento, respectivamente.
Acerca de su faceta de editor dialogó Daniel García, colega de Pausides en la Colección SurEditores. El mismo acotó que este otro oficio ha sido para él, además, «una manera de construir su propia poética.»
Los aspectos formales de su poesía fueron abordados exhaustivamente por el escritor Roberto Manzano, quien señaló la actitud celebratoria y la alegría de vivir, y la forma sincopada y telúrica en que presenta la palabra, cual resultado de su desarticulación. «Ensenada de mora era como una caja lingüística y Alex le puso el oído a su pueblo» ─acotó.
Manzano continuó su análisis resaltando la apropiación de espacios reales, la vinculación de la naturaleza, la historia y la cultura; la asunción del niño como sujeto importante en la obra de Pausides. Esta, además de manifestar la clave de un poeta legítimo que es la combinación de lo culto y lo popular, lo antiguo y lo moderno, posee la llamada dialéctica del injerto y el tronco, lograda a partir de la sintonía entre las influencias foráneas y nacionales.
«A su obra solo le falta estudio y justicia jerárquica», sentenció este poeta cuyas raíces son similares a las de su coetáneo. Precisamente para hacer justicia y situarlo en el espacio que ya es suyo dentro de las letras cubanas se le escogió para la ocasión. Sin embargo, parte de su magia y su grandeza radican en su indiferencia hacia los elogios, aunque los agradezca. Su interés parece más bien estar anclado en lo que da, más que en lo que recibe.
«Uno piensa que no merece tanto. Esta tarde la guardaré como una de las más bonitas, sobre todo para un hombre que no celebra mucho, sino que trata de celebrar a los demás» ─confesó Pausides y no dijo más. Tomó su portafolio, extrajo unas hojas sueltas y nos regaló a todos una fiesta. Seis poemas sellaron la tarde. Y yo me fui pensando en sus palabras, en sus gestos, en sus silencios…
