Labor de arqueología poética
Sobre el acceso a las publicaciones en varias etapas del proceso editorial del país, consideraciones acerca del impacto de la literatura en el mundo, la poesía actual en Cuba y otros temas, versó la tertulia Amor de Ciudad Grande, conducida por el poeta y editor Alpidio Alonso en la sede de La Jiribilla.
Este espacio se comporta en cada uno de sus encuentros como ejercicio de arqueología poética, gracias a la búsqueda incesante de su conductor en ese género literario, de ahí que en la edición de agosto dedicara honores a la figura del intelectual mexicano José Emilio Pacheco (México, 1939) e invitara a departir al reconocido escritor Jorge Ángel Hernández Pérez (Villa Clara, Cuba, 1961).
Narrador, ensayista y traductor mexicano José Emilio Pacheco, es el cuarto poeta más importante de la hermana tierra latina, después de Octavio Paz, aseguró Alonso, quien se refirió, además, a la modestia, sencillez y minuciosidad de este hombre, coterráneo de otros destacados intelectuales mexicanos como Carlos Monsiváis y Salvador Elizondo.
Obtuvo el Premio Cervantes en el 2009, máximo galardón de las letras españolas. Del discurso honorario por el otorgamiento de tan distinguido galardón, el anfitrión leyó un fragmento que atestigua la merecida vindicación que hace Pacheco al creador de Don Quijote, mal pagado por el mundo literario que lo confinó al olvido.
De su primer libro Los elementos de la noche, fueron leídos dos sonetos: “La materia desecha” y “Presencia”.
A Jorge Ángel Hernández Pérez se le ha visto en los últimos años, llevar de la mano temas políticos de la cultura cubana, no es común encontrarlo en los espacios literarios pero es un poeta, argumentó Alpidio respecto a la presencia del bardo villaclareño, “fue un figura imprescindible en Villa Clara”, apuntó. De esta provincia, subrayó que, como una fuente, irradió la literatura hacia el resto del país. 
Hernández Pérez es poeta, narrador y ensayista, estudioso y teórico. Preside la sección de Literatura en la UNEAC de su provincia natal. Es autor de la columna Semiosis (en plural), del portal digital Cubaliteraria. Sobre su última línea de trabajo dijo: “He estado armando un libro acerca de los procesos culturales, me di cuenta que el análisis cultural tenía un vacío: la parte sociológica”. De estos estudios ya hay frutos pues fue premiado en una convocatoria internacional.
Hernández Pérez se define como un poeta que escribe poemas y no libros de poemas, “mis libros de poesía los escriben mis amigos. Escribo con estados de ánimos, por rachas. Se van acumulando por diferentes temas y de ahí es cuando sale un libro. Ejemplo de ello es el poemario Las etapas del odio, lo hice con la ayuda de Alpidio”.
El destructor, es un conjunto de textos que juegan con la visión bíblica del Apocalipsis, con el número siete, puntualiza Jorge Ángel. La mayoría de los poemas están hechos en prosa. Varios poesías de ese título fueron leídos por su autor: “Oda al micrófono”, aborda sobre la destrucción y el desdén; “Cuarta bruja de Macbeth”, poema sobre la nostalgia; “Delgado como un güing”, remembranza a su juventud; y “La crisis de los cuarenta”, cuestionamiento sobre ese período de incertidumbre en los hombres.
De Las etapas...leyó un poema que en su momento fue mal interpretado y hoy es un clásico, según aprecia Alpidio: Sí, yo soy Klaus Barbie; El jaguar y la sombra, Bolero, y Casandra y yo.
Refirió Alpidio al inicio del encuentro los avatares para publicar en décadas pasadas: “La gente no sabe de las dificultades que pasamos los que escribíamos en los años 80, la llamada etapa de bonanza del país”. A poetas como Carlos Augusto Alfonso, Teresa Melo, Sigfredo Ariel y otros de ese momento, les fue muy difícil publicar su segundo libro, afirma. Sobre este particular y el esplendor que vivió el género en ese período Hernández Pérez expresó: “La gente se aglomeraba en torno a la poesía en los talleres literarios, era una poesía que movía ideas”.
Reflexión necesaria en esta hora en que el mundo se juega el todo, sobre el cambio que puede ejercer la literatura en el mundo el invitado dijo: “La literatura da el sustrato de distinta manera. Este mundo, supuestamente banal, se viene abajo si eliminan la literatura; los mecanismos de ésta hoy son distintos”.
En el escenario actual de la poesía más de ocho generaciones confluyen, aclara Alpidio. Se refirió a la cruzada que hay con los jóvenes poetas, supuestamente los que “cortan el bacalao”, al decir del poeta Roberto Fernández Retamar. Al respecto, Hernández Pérez señaló: “El contexto de hoy es distinto, ahora hay que razonar más. Hoy día no hay censura a la hora de escribir como en otros momentos en que la escritura experimentaba otras direcciones censuradas como eran la homosexualidad y el lesbianismo”.
Cierta contracción para los escritores resulta el sistema de premios en Cuba, así como su capacidad para potenciar y jerarquizar, acerca de lo cual opinó Jorge Ángel: “El problema de Cuba es demográfico, hay una superpoblación de escritores. En principio el sistema de premios validó un poco a creadores que estaban desplazados; después confluyó el factor económico; ahora lo veo gremial, los premios están asociados con los gremios”. Aspecto que vincula con la reducción de premios: “Hubo un exceso de premios, se reducen por un problema económico. Hoy han quedado los grandes premios junto a los de provincia donde se premian libros coyunturales que plantean algo diferente aunque no sean buenos libros”.
El consumo y la venta de poesía, menguados según estudios realizados fueron debatidos también en Amor de Ciudad Grande. Sobre ellos apuntó el invitado: “La poesía en Cuba como en cualquier otro lugar tiene demanda, ¿por qué no se vende?, porque no hay proceso efectivo de promoción, los diseños son horrendos y no existe un trabajo coherente en su confección. Es cierto que hay más publicaciones, pero son más caras y no hay poder adquisitivo. Se necesita un trabajo mayor propagandístico y de venta”, concluyó.
