Bahamas-Cuba: Expediciones entre Imperios (II)
Acerca de los sucesos que tras el desembarco en Duaba provocaron la muerte de James Mc Kinney, capitán de la goleta “Honor”, en primer lugar, debemos precisar su nombre. Los textos impresos en Cuba que refieren los acontecimientos del desembarco señalan que se denominaba Salomón Key. En la investigación que condujo Gran Bretaña en su colonia de Bahamas se establece que el Capitán se llamaba James Mc Kenney. El expediente que se les inició consiste en fuentes primarias generadas en el lugar de los hechos por lo que creemos que se debe hacer la rectificación pertinente. Al momento no hemos podido determinar cómo se introdujo ese error en la historiografía anterior.1
Respecto al deceso de McKenney se han debatido dos versiones: la original trataba de una muerte provocada intencionalmente y circuló por fuentes españolas que utilizaron supuestas declaraciones de los dos marinos sobrevivientes, John Mc Kenzie y Robert Ramsley. La nota periodística rezaba lo siguiente: “Dos marineros del pailebot presos dicen que los de la expedición mataron al Capitán del barco, por negarse a arribar al punto deseado, Baracoa”2. Con similar propósito también circuló una noticia en la prensa dominada por el poder colonial español; el periódico El País en particular refería: “De los tripulantes del barco en que vinieron Maceo y su gente, el uno es noruego y el otro negro de las islas de Bahamas. Quien mató al Capitán fue Crombet, según se dice por haberse obstinado en meterse en el puerto de Baracoa”. 3
La otra interpretación de los hechos refiere que la muerte de McKinney se debió a un fatal accidente. Esta tesis le fue confirmada a Ramsden, cónsul británico en Santiago de Cuba, cuando visitó a los dos marineros sobrevivientes a los pocos días del desembarco. Desde un primer momento los marineros Ramsley y Mc Kenzie le indicaron al Cónsul que ellos no podían asegurar que la muerte de Mc Kinney fuera un acto intencional y que tanto Flor Crombet como el resto de los expedicionarios presentes lamentaron el suceso y de inmediato reconocieron que se trataba de un incidente involuntario. Esta propia versión fue confirmada al cónsul Ramsden y a Stuart Leslie C., capitán del buque de guerra británico “Mohawk”, por los expedicionarios del “Honor” presos en entrevista que sostuvieron en la cárcel. Por cierto, valga aclarar que en presidio los marineros británicos fueron separados de los expedicionarios cubanos.4
Esta interpretación también fue respaldada por dos cartas aclaratorias de los líderes revolucionarios José Martí y Antonio Maceo al propio Ramsden. La carta de Martí precisaba que: “un súbdito británico de nombre desconocido, marinero de la Isla Fortuna, cayó abatido de un disparo de rifle mientras presenciaba la limpieza de las armas traídas a Cuba”. El delegado del PRC refería que basaba su argumento en un relato de José Maceo, uno de los expedicionarios de la goleta “Honor”; añadía que esa versión podía ser confirmada con testimonios de otros expedicionarios que se encontraban presos del gobierno español. Siguiendo el relato de José Maceo, Martí confirmaba que a los tripulantes se les ofreció dinero “al momento de arribar a Cuba” y se les instruyó para que en caso de que fueran apresados dijeran “que habían sido forzados a desembarcar”. 5
No le faltaba al texto martiano la fundamentación de los cubanos para acometer “una guerra humana”, dirigida a alcanzar la independencia de la isla y salir del “estéril gobierno conducido por España”. El apóstol añadía que la revolución tenía una historia nacida de un ideal y era conducida por hombres que pretendían darle a Cuba un lugar natural “en armonía con los poderes de la tierra” y así “hacer nacer una República independiente, autosuficiente e imparcial que estuviera lista para abrir sus abundantes oportunidades a la industria del mundo”6
Martí consideraba que una vez que Cuba consolidara su independencia podía abrirse al comercio internacional, lo cual sería beneficioso para la propia Gran Bretaña. De esa manera procuraba mantener fuera del conflicto al Reino Unido y si fuera posible ganar su comprensión para la causa de los cubanos.
Todo parece indicar que Martí hizo dos cartas al cónsul inglés en esa misma fecha. La que hemos citado, ubicada en el fondo del Foreign Office del National Archive de Londres, no precisa que Patricio Corona fuera el que accidentalmente disparó el arma que dio muerte a McKinney; y la otra, que se encuentra en las Obras Completas, si lo especifica. Es probable que la carta ubicada en el Foreign Office fuera la que Martí finalmente se decidió a enviar, ya que consta en la documentación oficial del cónsul. En tanto la otra misiva, que ha sido más conocida y ampliamente divulgada en las Obras Completas, sea tan solo un borrador que no llegó nunca a expedirse. Según José Luciano Franco, este último documento estuvo resguardado en el Museo Bacardí y tal vez se rescató de la papelería de Martí en la manigua. No obstante, el contenido de ambos es bastante similar.7
El diario de campaña de Martí (28 de abril) refiere: “Nota al gobierno inglés, por el Cónsul de Guantánamo, incluyendo la declaración de José Maceo sobre la muerte casual, de un tiro escapado de Corona, de un marino de la goleta Honor, en que vino la expedición de Fortune Island”.8
Sin embargo, en la misiva del General Antonio Maceo de 24 de abril de 1895 al propio cónsul Ramsden se establecen mayores exactitudes. El escrito en cuestión indicaba que una hora después de haber desembarcado, el Capitán del ‘Honor’ fue muerto accidentalmente por Patricio Corona y que ellos le habían dado a cada marino cien dólares en oro, “haciéndoles tomar los cien que correspondían al Capitán, con encargo expreso de entregárselos a la familia del difunto”. Maceo también criticaba la versión ofrecida del suceso por la prensa española que “ha publicado noticias y hechos contrarios a la verdad”. Por último, el Titán de Bronce le daba a conocer que “el Cónsul americano de la mencionada isla conoce estos hechos y sabe que fue despachada la goleta Honor para el mencionado punto”. Cabría preguntarse si Antonio Maceo conocía de alguna conexión entre Londres y Washington en torno a la expedición del “Honor”, ya que Farrington actuaba como representante diplomático de los Estados Unidos en las Bahamas. Con esa afirmación, al parecer intentaba buscar un punto de apoyo en los Estados Unidos ante Gran Bretaña.9
El cónsul Ramsden resumió la carta de Maceo al Foreign Office y comentó que el dirigente revolucionario la había escrito “con el objetivo de salvar cualquier responsabilidad que pudiera resultar”. Para entonces el diplomático británico confiaba en que al regreso del Capitán General Arsenio Martínez Campos a Santiago de Cuba “podía resolver el asunto de los dos marinos sin que algo serio les pudiera suceder”. 10
En general, las cartas de los líderes cubanos al Cónsul británico Ramsden tuvieron efecto positivo en las consideraciones que el cónsul en La Habana, M. Gollam, les transmitió al Foreign Office sobre el lamentable suceso: “Estoy dispuesto a pensar que el suceso narrado por el Señor Martí sobre la manera en la cual el Capitán del ‘Honor’ perdió su vida pudiera aceptarse como correcta”.11
Más adelante, Gollam recordaba que en prisión los dos marineros de la goleta habían hecho una afirmación similar al cónsul Ramsden. Tanto en declaraciones hechas durante el presidio como las que posteriormente formularon en Bahamas una vez liberados, coinciden en que el deceso de Mc Kinney se produjo por un accidente. Ambos reconocieron que desde un primer momento Flor Crombet y los demás expedicionarios se lamentaron del fatal suceso y reconocieron de inmediato que se trataba de una sombría contingencia.12
La versión del asesinato la continuaron sosteniendo los españoles porque les convenía para dilatar la solución legal del caso y al propio tiempo difamar sobre los patriotas cubanos. En los diversos intercambios que sostuvo el Cónsul Ramsden con Martínez Campos se pudo apreciar el cambio de actitud de este último. Originalmente, cuando no tenía información suficiente sobre el asunto, estuvo dispuesto a liberarlos. Con posterioridad, al saber que los Maceo habían arribado en dicha embarcación, se hizo partícipe de la versión sobre el presunto crimen y tomó distancia de su compromiso inicial para redimirlos.
En el Foreign Office, Mr. Chamberlain llamaba la atención del incidente y reconocía que aunque Martínez Campos sostuviera que el Capitán del “Honor” fue asesinado, la información recibida demostraba lo contrario. En general, los británicos temían que por diversas razones, Mac Kenzie y Ramsley pudieran recibir sentencia de muerte por el Tribunal Español de la Marina.13.
Por último, la versión originalmente española sobre la muerte intencional de McKinney fue revivida por uno de los expedicionarios del “Honor” en 1899. El Brigadier del Ejército Libertador de origen colombiano Adolfo Peña y Rodríguez testimonió que fue Antonio Maceo quien lo ejecutó, molesto por la protesta de Mac Kinney, quien reclamaba se le abonara una indemnización inmediata por la pérdida de la goleta. Según dicha versión, el capitán de la nave exigió se cumpliera el contrato celebrado y que ante ello Maceo, “exasperado al ver que el patrón, que no atendía a sus instrucciones, para sostener el principio de autoridad, se vio obligado a usar la violencia y tomando el revólver de su cinto le hizo un disparo causándole la muerte”.14
Peña refiere que fue el propio Maceo quien les indujo a todos a declarar que se trataba de un accidente y “que en aquellos momentos era una necesidad decir lo que se dijo porque tenían enfrente el fantasma de Inglaterra”. En verdad, no sabemos cuáles pudieron haber sido las razones por los cuales este contradijo la versión original cubana justo en ese momento; argumentaba que siendo ya “Cuba libre” no tenían nada que ocultar15.
Sin embargo, los dos tripulantes sobrevivientes en sus distintas declaraciones, nunca refirieron que Mac Kinney y Maceo sostuvieran una acalorada discusión por el pago de la embarcación que había naufragado. Tan solo admiten que los tres aceptaron cobrar su dinero por el pago a sus servicios cuando se produjo el accidente. En todo caso, la goleta era propiedad de Farrington, quien no hubiera hecho demanda por daños porque siempre quiso venderla y además, la suma de dinero que se le concedió equivalía prácticamente a su adquisición extraoficial. Tampoco el Capitán Mc Kinney era responsable por su destrucción, por lo que Farrington nada podía reclamarle. El Magistrado J. M Rae, quien efectuó una investigación sobre este caso donde pretendía demostrar una posible violación del acta de neutralidad en Bahamas, refirió que “el negro nativo Mc Kinney firmó el tránsito en su capacidad de Capitán pero no se firmaron artículos dentro de algún contrato formal”16. Ello nos lleva a pensar que sin contrato no se podía hacer reclamación alguna, por lo que no tenía sentido que Mc Kinney adoptara una postura intransigente. Según Frank Agramonte, el acuerdo informal fue entre Farrington y Crombet sin que Mc Kinney estuviera presente. Tampoco es muy verosímil que la presunta protesta de Mc Kinney podía haber puesto en peligro el principio de autoridad al punto de precisar darle muerte. De cualquier manera, no pretendemos decir la última palabra al respecto, tan solo apuntar algunas consideraciones para aproximarnos al hecho.
El escritor Hugo Crombet en la segunda edición de su libro “La expedición del Honor” (2003), se mantiene escéptico en cuanto a las causas definitivas del fallecimiento del tripulante bahamés: “Sobre la muerte del Capitán de la goleta existen tantas versiones y contradicciones entre sus actores que estoy convencido de que será muy difícil conocer exactamente qué y cómo ocurrió”. 17
Hay una fuente española que recoge mensajes cruzados entre los jefes militares españoles, la cual relata el momento en que fueron capturados los marineros bahameses en Duaba por el cañonero “Indio”. Allí se concluye que el buque en cuestión: “Ha regresado trayendo dos prisioneros extranjeros y el Capitán del pailebot muerto”18. Eso significa que el cadáver de Mac Kinney fue desenterrado por los españoles y llevado a Baracoa para proceder a su examen.
La muerte de Mac Kinney motivó una pesquisa investigativa dentro de la Causa 396, cuyo objetivo era inculpar “al cabecilla Maceo y otros por el delito de rebelión”, pero no hemos tenido acceso completo a la misma. Hugo Crombet cita un párrafo de la causa donde expone de modo muy general el testimonio del Juez Instructor de la Marina. Las temáticas que expuso el magistrado vienen reflejadas de modo muy sucinto y se refieren, entre otros detalles, a las declaraciones y careo de los marinos sobrevivientes, confesiones de testigos, así como la diligencia para levantar el cadáver de Mac Kinney, su identificación y posterior autopsia. En estos órdenes, hasta dónde la causa fue objetiva y concluyente, no lo podemos asegurar atendiendo a la información que ofrece Crombet.19. En todo caso, habrá que reconocer que si los españoles hubieran tenido pruebas categóricas para descalificar a Maceo o a Flor Crombet por un delito de asesinato no hubieran dudado en hacerlo. Precisamente los colonialistas fueron los primeros en circular la versión del homicidio y nunca pudieron presentar pruebas definitivas para sostener esa afirmación. De paso, la incertidumbre creada sobre el presunto crimen les sirvió para demorar la resolución del caso y la convocatoria a juicio.
Existe una evidencia relevante sobre el suceso en un documento del cónsul Ramsden fechado en abril de 1895, donde relata su primer encuentro con Mac Kenzie y Ramsley. El cónsul en Santiago de Cuba se refiere al testimonio inicial ofrecido por uno de los marineros bahameses. Este marino, que Ramsden no identificó cual de los dos era, ofreció una descripción del expedicionario que estuvo presente en el suceso donde muere Mac Kinney. Los detalles narrados, así como los rasgos físicos expuestos sobre dicha persona excluyen de sospecha tanto a Flor Crombet, acusado inicialmente por la prensa española, como a Antonio Maceo:
“Después de desembarcar y cuando esperaban en un patio cerca de la casa, uno de los pasajeros, un hombre blanco, pequeño y sin dientes sacó su revólver y disparó matando al Capitán y que inmediatamente Flor Crombet se abalanzó sobre él, reprendió al hombre y le ordenó no disparar más. El hombre dice que no puede decir si fue un accidente o se hizo intencionalmente”.20
En la segunda edición del libro de Hugo Crombet se anexa una llamada “Acta de Duaba” formulada en 1911, donde se expone el testimonio de Jaime Santos Rodríguez, dueño de la casa donde primero recibieron apoyo los expedicionarios, quien afirma que a Antonio Maceo a se le escapó un tiro del revólver que estaba limpiando y dio muerte a Mc Kinney. Pero el propio Santos Rodríguez dice que eso fue lo que a él le comentaron, porque en verdad cuando tuvo lugar el accidente, no estaba en la finca. Se le había ordenado a salir con José Maceo en “una cayuca” para localizar a Félix Ruenes y ambos se hallaban sobre el río Duaba. Su testimonio no es en nada concluyente.21. Por último queremos agregar que otros expedicionarios del “Honor” como Manuel Granda y Frank Agramonte, confirmaron la versión del accidente con posterioridad a las declaraciones del brigadier Peña en 1899.
Notas:
1. Hugo Crombet en la segunda edición de su libro “La expedición del Honor” del año 2003 mantiene el nombre originalmente equivocado de la primera edición del 1999, aunque en las fuentes que cita de Bahamas utiliza el nombre correcto sin percatarse de ello y corregirlo en el texto.
2. Hugo Crombet,. Ob. cit., 1999, p. 94-95.
3. Periódico El País , 11 de abril de 1895, p.2. Citado en Hugo Crombet. Ob. Cit., 1999, p.116.
4. Carta del cónsul Ramsden en abril 1895, otra carta con el Capitán del Mohawk. En: Foreign Office (F.O) 72. Spain 1895-98. Tomo 2102
5. Carta de Martí. Guantánamo, 27 de abril de 1895. En: Foreign Office (F.O) 72. Spain 1895-98, Tomo 2102
6. Ibidem.
7. José Martí. Obras Completas, Tomo 4. Editorial Nacional de Cuba, 1963, p. 138-139 y Foreign Office (F.O) 72. Spain 1895-98. Tomo 2102. Hugo Crombet en la segunda edición de su libro hizo una traducción de la carta de José Martí ubicada en el Foreign Office Ver: Hugo Crombet: . Ed. Oriente, Santiago de Cuba, 2003, p. 290-292.
8. José Martí: Ibídem, Tomo 19, p. 226.
9. Antonio Maceo. Ideología política. Cartas y otros documentos. Volumen II. Ed. Ciencias Sociales, La Habana, 1998, p.18-19. Por otro lado, esta carta no aparece en ninguna de las dos ediciones del libro de Crombet.
10. Carta de Ramsden al Foreign Office, 27 de abril 1895. En: Foreign Office (F.O) 72. Spain 1895-98, Tomo 2102.
11. Carta de Gollam al Foreign Office,6 de mayo de 1895. En: Foreign Office (F.O) 72. Spain 1895-98, Tomo 2102.
12. Informe del cónsul Ramsden de Santiago de Cuba al Foreign Office, 18 de abril de 1895 y Relato de los marineros del Honor s/f. En: Foreign Office (F.O) 72. Spain 1895-98, Tomo 2102.
13. Del Foreign Office a los Cónsules en Cuba, 4 de julio de 1895. En: Foreign Office (F.O) 72. Spain 1895-98, Tomo 2102.
14. José Luciano Franco: Antonio Maceo, apuntes para una historia de su vida. Tomo II. Ed. Ciencias Sociales, La Habana, 1975, p. 100-101.
15. Ibidem.
16. J. M Rae to acting colonial secretary, Long Cay, 24 de abril de 1895. En: Foreign Office (F.O) 72. Spain 1895-98. Tomo 2102.
17. Hugo Crombet. Ob. cit., 2003, p.14.
18. Archivo Historia Militar de Madrid, caja 713. Citado por: Hugo Crombet. Ob. cit., 2003, p.146.
19. Archivo Historia Militar de Madrid caja 1150. En: Hugo Crombet. Ob. cit., 2003 p.147.
20. Informe del Cónsul Ramsden de Santiago de Cuba al Foreign Office, 18 de abril de 1895. En: Foreign Office (F.O) 72. Spain 1895-98. Tomo 2102.
21. Hugo Crombet . Ob. cit. ,2003, p. 271.
