Apariencias |
  en  
Hoy es viernes, 29 de noviembre de 2019; 3:37 PM | Actualizado: 29 de noviembre de 2019
<< Regresar al Boletín
No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 8 No 7 No 9 No 6 No 5 No 4 No 3 No 1 No 2
Página

Aprendiz de Menard, un relato de Marilyn Bobes

Alberto Marrero, 30 de agosto de 2013

El célebre relato de Jorge Luis Borges, «Pierre Menard, autor del Quijote», es utilizado como punto de partida por la poeta y narradora Marilyn Bobes (La Habana, 1955) para construir su propio relato. Manejando con pericia los hilos de la historia borgiana, con un lenguaje bien cincelado, la autora se adentra en el laberinto de la escritura y en el nunca agotado tema de lo real y lo ilusorio, ese par ordenado indisoluble que sigue estando presente en todas las literaturas desde épocas remotas. El texto retoza con la irreverencia y la ruptura como signo dominante en la labor de los escritores, pero añade un elemento que lo singulariza: el convencimiento de que toda fabulación es un ciclo interminable, como variaciones infinitas de una única y totalizadora sinfonía universal. De ahí que la narradora se declare aprendiz de Menard, es decir, de la continuidad inmutable de lo apócrifo y asegura que el no ser originales no deja de ser otra originalidad.
    El lector comprenderá que el tono discursivo, ensayístico, confesional y realista es solo un barniz engañoso, cuyo propósito es dotar al texto de cierta  verosimilitud —un recurso muy antiguo en la literatura y que Borges empleó con renovado acierto— y, a la vez, constituye una suerte de homenaje al genial argentino. Pero la historia no se detiene en ese punto, sino que va más allá. De repente el narrador personaje rompe las barreras del tiempo y conversa con Victoria Ocampo y con el mismísimo Borges, y luego habla de sus angustias y perplejidades, y de la hazaña de Pierre Menard, y de los sucesivos Quijotes que vendrán si el ciclo no es truncado definitivamente por los cambios climáticos y las guerras.
    «Aprendiz de Menard» es un excelente relato que la autora ha leído en publico, pero que pertenece a un libro inédito que esperamos sea publicado en el transcurso de este año, o en los primeros meses del próximo, por la Editorial Unión. Marilyn es una escritora bien conocida por nuestros lectores. Su obra ha recibido numerosos premios y reconocimientos, tales como el premio Casa de las Américas, en los géneros de cuento y novela, por sus libros Alguien tiene que llorar, 1996 y Fiebre de invierno, en el 2005.

Alberto Marrero

 


Aprendiz de  Menard

Marilyn Bobes


 
Decir que prefiero El Quijote de Pierre Menard al de Miguel de Cervantes, concitará  la repulsa de  aquellos que ven en la literatura palabras muertas amontonadas en los estantes de las bibliotecas para veneración de un ejército de papagayos que repiten lecciones aprendidas en los conventículos y sectas que las crédulas universidades veneran

      Soy una fanática de Borges y si, durante un tiempo, como Hemingway, buscaba en la vida motivos para la escritura, ahora estoy convencida de que no es menos verdadero el poderoso tigre de Bengala que el tigre de fuego de Blake.

        Como bien sentencia el Libro de los Libros: en el principio fue el Verbo, y todas las acciones humanas están previamente inscriptas en un metafísico pretérito. Son realizadas y convertidas en ficción y luego de nuevo ejecutadas y vueltas a  fabular en un ciclo interminable que abarca los signos conjeturales y repite los textos que nos anteceden como variaciones infinitas de una única y totalizadora sinfonía universal.

       Eso pretende ser esta colección de relatos: el cumplimiento de ese convencimiento. 

      No importa que me acusen de imitadora: aprendí de mi autor de cabecera que censurar y alabar son operaciones sentimentales que nada tienen que ver con la crítica. Lo único que importa es la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir, así lo decretó nuestro querido Menard.

      Nunca deseé confeccionar relatos antiguos para transformarlos en contemporáneos; aspiré a una identificación total con determinados autores que permitiera una relectura desde las propias esencias, sin falsos compromisos con la originalidad.

      El no ser originales no deja de ser otra originalidad; es la lección del segundo Quijote, un libro preexistente, testimonio de lo que estuvo por suceder (y sucedió) aunque el hecho parezca  irrelevante dadas las impredecibles intervenciones  que atribuimos al azar.

     Pero, volviendo al tigre de Borges: sabemos que Norah, la hermana del escritor, lo observaba en Palermo y era todos los tigres que fueron y serán.

        Cierto que nada más soy la humilde aprendiz de un metafísico. Pretendo abolir el tiempo sin declararme discípula de Leibniz, sino un ser etiquetado como personaje, al que se le niega una existencia real.

     Constato la circunstancia en un sentido pragmático, sin acrobacias intelectuales ni ostentaciones eruditas como las que Jorge Luis desplegó en su poesía y sus ensayos. En relación con sus prosas imaginativas prefiero las que cuentan, de manera directa, una anécdota sencilla y sin embargo polisémica e intertextual (dígase Emma Zunz o La Intrusa y acaso Hombre de la esquina rosada, aquella que comienza con ese  “A mi, tan luego…” como si estuviéramos escuchando la voz del compadrito para la que el magnífico ciego de la calle Maipú afinaba su oído privilegiado).

       Supe quién era Pierre Menard  también por Borges, la tarde ficticia en que visité la casona de Elortondo, en San Isidro, Buenos Aires. Una lánguida y envejecida Victoria Ocampo nos confesaba a los jóvenes y los amigos que todavía le quedaban: es imposible vivir sin un gran amor o una gran fe en algo. La soledad, insistía, a veces es terrible de soportar cuando no la acompaña una música interior; y no siempre se tiene la música.

       Enseguida pensé en la total orfandad que me acompañaba y decidí que tenía que encontrar, a toda costa, una creencia a la que aferrarme y sobre todo una grandiosa melodía acompañante. Así nacieron estas historias.

      Victoria hablaba con dificultad, la garganta corroída por el cáncer, y entonces Borges, completamente ciego y lúcido como lo estuvo hasta el final, y quizás para alejarla de sus meditaciones sombrías, desvió la conversación hacia el novelista de Nimes  y sus cuadernos cuadriculados y repletos de negras tachaduras. A todos nos pareció estar viendo a Menard: encendía, en las arenas romanas de su refugio del sur de Francia, aquellas alegres fogatas en las que reducía a cenizas los borradores de su Quijote virtual; porque el destino de aquellas páginas nunca fue la imprenta sino el proceso de su reproducción imaginaria. 

     Creo que en ese instante decidí convertirme en su aprendiz. Recuerdo que, mientras Victoria se entretenía en acariciar los naranjos de su jardín, Borges me reveló aquella frase de Mallarmé en la que el insuperable simbolista  asegura que el mundo existe para llegar a un libro, y yo, sin atreverme a enunciarlo en alta voz, pensé que también un libro existe para configurar el mundo, que en toda ficción se esconde el germen de una historia por ocurrir; que el libro es Dios o el Destino sujeto a múltiples variaciones para que su progreso en espiral pueda completarse sin ser modificado en sus designios fundamentales.

       Cierto es que la reseña (y no el cuento, porque ese texto no es un cuento) de Jorge Luis sobre Menard, ya había sido publicada en 1939 en Sur y, en 1941, en El Jardín de los senderos que se bifurcan. Tres años después reaparecería en Ficciones; pero en la época en que conocí a Borges todavía no tenía noticia de esos libros pues era yo una convencida de la importancia del autor.

       Ahora sé que el autor murió hace mucho tiempo y que lo único permanente  es la asimilación. Menard no fue otra cosa que un lector, un hombre de su tiempo consciente de que un libro escrito hace trescientos años no puede ser igual al que se redacta en  ocasión de su lectura, aunque no se haya omitido un punto ni una coma, lo cual es una empresa imposible.

         Lo posible es conservar su esencia, esos hechos que se repiten a manera de borradores como si fuera cierta la teoría del eterno retorno. No en vano la baronesa de Bacourt descubría en mi Maestro la influencia de Nietzsche.

       Me desagrada que una colega de cuyo nombre no quiero acordarme haya sustraído de mi librero los dos capítulos (noveno y trigésimo octavo) de la obra quimérica, y sin embargo consumada, de Pierre Menard.

       Ya no puedo releerlos sino con la ambigüedad de mi memoria. Pero, la que quiso hacerme un daño (estoy segura que premeditado) con tan repugnante y alevoso hurto, contribuyó a este enriquecimiento que me permite leer ese segundo Quijote con la exactitud de mi contemporaneidad, es decir, como Menard lo reescribió.

      Repito que solo me considero una humilde aprendiz. La hazaña de Pierre Menard no puede recrearse a menos que estemos dispuestos a convertirnos en Menard, empresa ilusoria puesto que nunca daremos a la imprenta su irrepetible Quijote, de cuya aparición ha transcurrido ya nada menos que un siglo, el tiempo suficiente para hacerlo desaparecer y convertirlo en otro libro: acaso este que les propongo a ustedes y para el que ni yo ni nadie (y es la única refutación que haré a mi Maestro) necesita ser inmortal.

      El Quijote lo es. Escríbalo quien lo escriba. Cervantes, Menard o yo, y los que nos sucederán, hasta que el cambio climático, las guerras o las hambrunas acaben para siempre con la ingeniosidad de nuestros múltiples e irrepetibles Hidalgos.
 

María Virginia y yo
Sindo Pacheco
K-milo 100fuegos criollo como las palmas
Francisco Blanco Hernández y Francisco Blanco Ávila
Enlaces relacionados
Reforma constitucional
Decreto No. 349
Editorial Letras Cubanas
Editoriales nacionales
Editorial Capitán San Luis
 
Página
<< Regresar al Boletín Resource id #37
No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 8 No 7 No 9 No 6 No 5 No 4 No 3 No 1 No 2