Asseneth Rodríguez: sensible pérdida para la cultura cubana
Morir es vivir cuando se ha
cumplido bien la obra de la vida
José Martí
No creo, sinceramente, que en la lengua española haya un aforismo más exacto y preciso para caracterizar, con pocas palabras, la pérdida irreparable de que fuera objeto la cultura cubana con el lamentable deceso de la versátil actriz Asseneth Rodríguez (1934-2013), Premio Nacional de Televisión por la obra de la vida.
En las tablas de un teatro, en un estudio radial o televisivo o en el set cinematográfico, era identificada por el indiscutible talento artístico y la condición humana excepcional de que era poseedora; aptitudes y virtudes otorgadas por Dios y por Madre Natura para convertirla en lo que fuera, es y será: una artista única e irrepetible, cuyo recuerdo quedará registrado —con letras indelebles— en la memoria poética del público cubano y foráneo.
Asseneth vio la luz de la bóveda celeste hace casi ocho décadas, en la ciudad de Sagua la Grande, en la costa norte de la antigua provincia de Las Villas (hoy de Villa Clara). A los 12 años de edad, y ya establecida en la Ciudad de las Columnas, debutó en un programa infantil que transmitía la emisora Mil Diez, propiedad del Partido Socialista Popular (PSP).
Estudió y se graduó en la Escuela Normal para Maestros de La Habana, aunque continuó presentándose en varias radio-emisoras locales. Su acendrada vocación por la actuación la llevó a integrar, en 1958, el emblemático grupo Prometeo, donde creció y se consolidó el inmenso amor que, hasta el postrer aliento, le profesara al arte de las tablas.
El triunfo revolucionario de 1959, al que contribuyó participando en la lucha clandestina, le facilitó desarrollar al máximo sus verdaderas potencialidades en el campo de la actuación.
En los años sesenta del pasado siglo, la también miembro distinguido de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), desempeñó una función «clave» en el movimiento teatral caribeño, mientras que, por otra parte, comenzó a incursionar en el séptimo arte, así como a sistematizar su labor artístico-profesional en la televisión cubana. En la pantalla chica, interpretó los más disímiles papeles en telenovelas, tele-teatros, así como en programas de carácter variado.
La impronta dejada por la carismática actriz en la pantalla grande podría evocarse con sus memorables actuaciones en los filmes: Un día en el solar, Patakín, María Antonia, Retrato de Teresa, Guantanamera y Las profecías de Amanda.
Duerma en paz, Asseneth Rodríguez, el martiano sueño de los justos, ya que usted cumplió —con creces— su misión en la tierra: amar con pasión el arte y al género humano.
