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“Bahamas-Cuba: Expediciones entre Imperios” III

Jorge Renato Ibarra Guitart, 17 de septiembre de 2013

Una vez que los dos miembros de la tripulación, John McKenzie y Robert Ramsley fueron apresados por los españoles en Duaba y conducidos a Baracoa se les inició un expediente para que fueran juzgados por un tribunal naval. El 4 de abril se aseguraba por parte del Comodoro Jackson de Jamaica que la corte naval había iniciado los procedimientos legales en Baracoa y que era posible fueran trasladados a Santiago de Cuba.1 El día 5 de abril, tan pronto como en las Bahamas llegaron las noticias sobre la muerte del Capitán del "Honor", la captura de los dos tripulantes y que el dueño de la goleta era Howard Farrington, el gobierno colonial se puso a resguardo de posibles acusaciones de la metrópoli española. A esos efectos dio a conocer una proclama entre los dueños de embarcaciones advirtiéndoles contra los posibles riesgos que corrían si violaban la neutralidad establecida por el Gobierno de Su Majestad en relación con la insurrección en Cuba. El gobernador solicitó a Londres el traslado de un buque de guerra británico para que vigilara especialmente las islas de Fortuna y Ragged. 2
 
Mientras tanto el Cónsul británico en La Habana no tardaría mucho en informar a las autoridades coloniales acerca de la rápida respuesta tomada por las autoridades británicas en Nassau, “en la creencia de que esa información no fallaría en causar buen efecto en las autoridades de aquí”.3 En tanto, la Cámara de Comercio de Londres respondió solicitando con ansiedad mayores pormenores de los hechos ocurridos a Earl of Kimberley en el Foreign Office. 4
 
En efecto, la urgente respuesta de los cónsules puso en evidencia las preocupaciones sobre la violación del principio de neutralidad. Ello tuvo una inmediata recompensa de parte del Gobierno español de Cuba; la secretaría general del mismo emitió un comunicado elogiando la actuación del cónsul de la Gran Bretaña: “Su Excelencia no podía esperar menos de las dignísima autoridades británicas y de la no menos digna representación de Su Majestad británica en la isla”.5
 
Aunque esas medidas preliminares sirvieron para contener posibles acusaciones directas de filibusterismo contra Gran Bretaña, en la práctica quedaban por establecer los pasos que la justicia debía seguir para salir del atasco que significaba un juicio con ribetes políticos. Las decisiones jurídicas que se adoptaran en ese proceso podían comprometer los intereses comerciales británicos en Cuba y el Caribe. Al propio tiempo una condena severa podía generar rechazo en las Bahamas y concluir en una acusación de piratería contra el Reino Unido. Londres debía tomar distancia de todos aquellos colaboradores que la causa independentista cubana tenía entre marineros, dueños de buques, empresarios y otros ejecutores de misiones sensibles. De inmediato los cónsules en Cuba comenzaron a intentar colaboración desde las Bahamas para atenuar la condena a los marineros, fue así que solicitaron al gobernador de esas islas vecinas información “que demostrara que la tripulación era ignorante de la real naturaleza del viaje”.6
   
Al mismo tiempo los diplomáticos ingleses procuraron que la causa de los marineros fuera llevada a una corte civil apoyándose en un acuerdo que tenía España con los Estados Unidos para juzgar bajo la ley ordinaria a esos sujetos. Sin embargo, surgió un problema grave para lograr la pronta liberación de los tripulantes, ya que cuando fueron detenidos se les encontró una considerable suma de dinero. Esa evidencia podía demostrar que ellos habían sido contratados para traer la expedición a Cuba y que eran conscientes del servicio que estaban prestando.7
 
A raíz de la primera visita que el cónsul Ramsden de Santiago de Cuba hizo a los tripulantes prisioneros estos le confesaron que fueron obligados bajo amenaza a desviar la goleta de su curso y lanzarla contra los arrecifes cerca de Baracoa. Aunque esa versión se contradice con la referida por Frank Agramonte, en la práctica coincide con la que José Martí le indico al cónsul británico. Martí refirió que usando esas argucias los tripulantes se podían proteger mejor ante los españoles. Ramsden también informo que ese mismo día había tenido un encuentro con el Capitán General Arsenio Martínez Campos para arreglar el asunto de los marineros bahameses y que este le sugirió verlo a su regreso de su viaje de campaña por Manzanillo.  En ese propio informe narra que había otro británico preso que se presentó como miembro de la expedición insurrecta del "Honor" nativo de Jamaica, llamado Louis Henríquez. Ramsden relata que dada su participación activa en los combates le sería imposible por el momento hacer algo por él. 8
 
Las visitas del cónsul a la cárcel también se extendieron a doce cubanos que vinieron en la goleta "Honor", en esa oportunidad lo acompañó el capitán del buque de guerra británico “Mohawk”, Stuart Leslie C, que recién había llegado a Santiago de Cuba después de haber sido hostilizado por el barco de guerra español “Cristobal Colón”. Precisamente fue este oficial británico quien en su informe desde Nassau reconoció que todos los combatientes apresados le manifestaron “que al capitán del "Honor" le dispararon por accidente”. 9
 
Por otra parte el gobierno colonial de Bahamas abrió una causa acusatoria contra Howard Farrington por violar el acta de neutralidad del gobierno británico y por ello le solicitó al cónsul Gollam en La Habana que realizara gestiones de cerca del gobierno español para que les entregara a los marineros bahameses, quienes debían dar testimonio en ese juicio.10  En ese sentido abrir ese proceso en las Bahamas podía ser un medio de Gran Bretaña para limpiar su imagen ante España y procurar sanciones menos severas a los encausados, aunque durante el juicio los procesados podían ser absueltos por falta de pruebas y por lo tanto resulta lógico preguntarnos hasta que punto estaría dispuesta España a permitir que Londres cumplimentara esos propósitos.

Al regreso de Martínez Campos de su campaña por Oriente le escribió una nota al cónsul Ramsden de Santiago de Cuba donde retomaba el asunto pendiente “sobre la entrega de dos marineros que venían en la barca que trajo a Maceo”. En dicha nota el principal representante del gobierno español en la isla explicaba que como los acusados no habían sido encausados por la jurisdicción militar sino por el tribunal de la marina poco podía hacer por ellos. Al propio tiempo añade que no podría pasarlos a la jurisdicción militar debido a que se le imputaban “graves cargos” y que tampoco podía trasladar la causa a lo civil ya que el convenio de 1877 era restrictivo solo para los Estados Unidos. Concluyó aclarando que los marineros no habían sido aprehendidos por conspiradores “sino como tripulantes del barco que trajo a Maceo, a raíz del hecho en el que además hubo un asesinato”. 11
 
Evidentemente Martínez Campos no pudo disimular sus rencores del pasado contra Antonio Maceo, al parecer todavía tenía presente la Protesta de Baraguá cuando endilgó a los marineros bahameses el delito de “tripulantes del barco que trajo a Maceo”. A esos fines también sumó la acusación de asesinato como propaganda descalificadora contra los insurrectos y ante esta respuesta el cónsul Ramsden adoptó una postura desalentadora cuando advirtió a sus superiores que el Tribunal Naval era generalmente severo en estos asuntos y que pudiera querer condenarlos como piratas. 12
 
La superioridad colonial española estaba dispuesta a actuar con energía para aplacar el impulso que había generado entre los alzados la llegada de Antonio Maceo. Este, tan pronto arribó a Cuba, le comunicó a los mandos militares españoles su presencia e impidió que se cortaran los cables telegráficos de la zona de desembarco para que la noticia de su arribo impactara en la opinión pública. El Cónsul Ramsden había informado a sus superiores que la incursión de Maceo en la goleta británica “Honor” había inspirado renovada confianza entre los rebeldes y muchos otros cubanos que previamente se habían mantenido apartados, pero que ahora se unieron a su estandarte.13  El impacto en los medios de prensa de la llegada de Maceo fue de tal alcance que la agencia Fabra, desde Londres, exageraba la envergadura militar de la expedición cuando afirmaba que “Maceo había desembarcado con gran número de partidarios, como lo prueba el hecho de haber ya atacado a las tropas españolas”.14  A todo ello pudiéramos añadir que el primer combate librado por los expedicionarios del “Honor”, conocido como de “Alto del Pino” fue un éxito; tal vez por esa razón de índole política los colonialistas se resistieron  a liberar a los marineros bahameses.

La mejor opción para Gran Bretaña seguía siendo reclamar su traslado para juzgarlos en Bahamas y a esos efectos diseñaron una estrategia para convencer a España sobre las ventajas que tendría esa solución. Al dirigirse  a Alejandro de Arias Salgado, Almirante de la Marina en La Habana, el cónsul Gollam le explicó  “que si los deseos de las autoridades de Nassau le fueran concedidos no solo se favorecerían los intereses de la justicia sino también los intereses especiales del gobierno español” . El Almirante le respondió que no podía adelantar contestación hasta que no consultara a otras autoridades legales; más tarde confesó que no podía acceder a la solicitud británica. La respuesta definitiva a la petición de encausar a los marineros por Bahamas la ofreció Arias Salgado en los siguientes términos: “Pasado a informe de los Señores Auditor y Fiscal del Apostadero su escrito oficial (…) me manifiestan no ser posible dentro de la legislación vigente, permitir el traslado a Nassau de los individuos pertenecientes al mencionado buque”. 15

Esta negativa oficial fue un verdadero desplante para la Gran Bretaña, en el fondo los españoles pudieron pensar que Londres pretendía, tras un juicio escurridizo, encubrir cierto apoyo clandestino a la causa cubana.  ¿Era posible que los británicos intentaran halarles la alfombra a los españoles en Cuba? ¿Al permitir el paso de los líderes revolucionarios por su colonia de Bahamas, podían estar apostando por subvertir el orden en la isla para luego imponer su fórmula autonomista?. Gran Bretaña, por medio de los autonomistas ya había intentado influir en los destinos de Cuba.  Al final, cuando el cónsul Ramsden informó al gobierno colonial de Bahamas concluyo lo siguiente: “Me temo que es inútil contar con ellos como testigos en el caso contra Míster Farrington”.16
  
Al conocer la respuesta de los españoles, la administración de Bahamas le escribió al Foreign Office que sin las evidencias que pudieran aportar los dos tripulantes habría dificultades para poder juzgar a Farrington y conformar un caso sólido ante la corte suprema.17 Así las cosas Farrington, de quien sospechaban era un conspirador,  podía quedar libre también. Pero lo que más perturbaba a los británicos era que el resultado del juicio en Cuba podría terminar en una denuncia de filibusterismo contra las Bahamas y el Reino Unido; la condena severa de estos hombres pacíficos podía increparlos ante el mundo. Por esas razones, Geo Melville, administrador de las Bahamas, después de admitir que creía que esos marineros eran inocentes, le escribió al Foreign Office lo siguiente: “Tendré en cuenta que si esos dos hombres, la tripulación de la goleta ‘Honor’, sufrieran una severa sentencia de la corte marcial naval, ello causaría un fuerte sentimiento de rechazo entre los habitantes de la colonia”. 18
 
Los marineros estaban envueltos en una trama política que no podían siquiera imaginar. En el fondo los españoles le estaban haciendo cargar sobre sus espaldas lo mucho que les lastimaba que los Maceo estuvieran peleando y venciendo en los campos de Cuba Libre. Al propio tiempo es posible que Madrid tuviera sospechas, al parecer fundadas, sobre cierta colaboración encubierta de Londres con los insurrectos cubanos. Pudiera ser que por esa razón a los españoles nunca les complació colaborar con el gobierno colonial de Bahamas.

Notas

1-Copia del telegrama del Cónsul británico en Santiago. de Cuba, 4 de abril de 1895. En Foreign Office 72. Spain 1895-98, Tomo 2102.

2-Carta del administrador de Las Bahamas al Marqués de Ripon, 5 de abril de 1895. En Foreign Office 72. Spain 1895-98, Tomo 2102.

3-Carta del Cónsul Gollam de La Habana al Foreign Office, 6 de abril de 1895. En Foreign Office 72. Spain 1895-98, Tomo 2102.

4-Telegrama Junta de Comercio de Londres, 8 de abril 1895. En Foreign Office 72. Spain 1895-98, Tomo 2102.

5-Comunicado del gobierno general de la isla de Cuba, Secretaria Gral, 14 de abril de 1895. En Foreign Office 72. Spain 1895-98, Tomo 2102.

6-Del Cónsul de Santiago de Cuba al Gobernador de Jamaica, 13 de abril de 1895 . En: Foreign Office 72. Spain 1895-98, Tomo 2102.

7-Consul Gollam de La Habana al Foreinn Office, 13 de abril de 1895. En: Foreign Office 72. Spain 1895-98, Tomo 2102.

8-Louis Henríquez cayó prisionero de los españoles en combate del 7 de abril de 1895. El 24 de Enero de 1898 el Márques de Salisbury autorizó al Cónsul del Reino Unido en Cuba para que  reclamase su liberación por ser un súbdito británico. Ver : Del Foreign Office al Cónsul en Cuba, 24 de enero de 1898. En: Foreign Office 72. Spain 1895-98, Tomo 2102.

9-"Reporte desde el Mohawk”, Nassau. 26 mayo 1895. En Foreign Office 72. Spain 1895-98, Tomo 2102.

10-Consulado británico en La Habana al Foreign Office. Demanda de Bahamas, 29  de abril de 1895. En Foreign Office 72. Spain 1895-98, Tomo 2102.

11-Carta del Capitán General Arsenio Martínez Campos al Cónsul de Inglaterra 1 de mayo 1895. En Foreign Office 72. Spain 1895-98, Tomo 2102.

12-Carta del Cónsul Ramsden al Foreign Office, 3 de junio 1895. En Foreign Office 72. Spain 1895-98, Tomo 2102.

13-Ministro de La Habana, Gollam, al Foreign Office, 13 de abril de 1895. En Foreign Office 72. Spain 1895-98, Tomo 2102.

14-Hugo Crombet: Ob. Cit. 1999 p.94-95.

15-Carta de Alejandro Arias al Cónsul Gollam de La Habana, 7 de mayo 1895. En Foreign Office 72. Spain 1895-98, Tomo 2102.

16-Del Cónsul de Ramsden de Santiago de Cuba  al Administrador de Bahamas 25 de mayo 1895. En Foreign Office 72. Spain 1895-98, Tomo 2102.

17-Carta del Gobierno  de Bahamas a Earl of Kimberly, 14 de mayo de 1895.  En Foreign Office 72. Spain 1895-98, Tomo 2102.

18-De Geo Melville al Foreign Office, 13 de junio de 1895. En Foreign Office 72. Spain 1895-98, Tomo 2102.






 

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