Menú de oro en Libro a la carta
Libro a la carta, actividad que dirige el conocido periodista Fernando Rodríguez Sosa, tuvo como invitado a uno de los intelectuales más sobresalientes de la cultura cubana, cuya sapiencia hacen que estas páginas se vuelvan cortas. Me refiero al Premio Nacional de Literatura 2003, Reynaldo González Zamora.
Como ya es habitual, el interlocutor estuvo sometido a las preguntas que el presentador le hiciera alrededor de su vida profesional, sin apartar la íntima, cuando esta va ligada estrechamente a su vocación.
Jocoso y extrovertido González Zamora confesó que es autodidacta y que siempre se preparó para ser narrador. En todo ese tiempo también se acondicionó como defensor de la Lengua Española, de su uso correcto sin dejar que este sea móvil y cambiante. Este cuidado se expresa en su obra Fiesta de los tiburones donde reconstruye el lenguaje de una época.
Al ser interrogado sobre la literatura testimonial, opina que para él no es un género, sino una modalidad y que en otros países solo es llamado periodismo literario. Argumentó que el apogeo de esta categoría le sirvió para subirse a un pedestal, olvidándose de lo que en realidad es la literatura.
Con esta manera de abordar la escritura el investigador sufrió mucho en su etapa de editor porque algunos autores pretendían que les reescribieras sus libros. “El trabajo de editor es realmente cruel para un escritor porque usurpa su espacio de la creación” –dijo. No obstante, manifestó que no todo fue espina ya que disfrutaba cuando le caían en su trabajo personalidades como Lezama, Onelio Jorge Cardoso y otros clásicos.
Con igual dureza trató a la novela actual calificándola de rutinaria y oportunista pues los escritores se movían solo en una misma cuerda: la de la prostituta y los lugares escabrosos.
Apasionado del cine no deslinda la imagen de la plástica, llega a aprenderse el lugar de los cuadros del museo de Bellas Artes, hasta el punto de notar su ausencia o el traslado hacia otro lugar. Ni su daltonismo leve le impidió disfrutar ni amar una obra plástica, porque venera lo que ella puede decir cuando se sale de las normas y se burla de esta, creando un lenguaje contraestatario. Todo esto lo trata de plasmar en su obra Insolencia del barroco.
Sueña con el Título
de oro en Historia del Arte de la Universidad de Oriente, en escribir sobre la pintura cubana que abarque la contemporánea, de los pintores aún vivos.
Al contrapunteo, que le obliga Sosa, entre José Lezama y Félix B. Caignet, el invitado respondió que no tienen ningún punto de contacto. Lezama es su pasión, la introducción del siglo XIX, el barroco exquisito. Siempre quiso ver en persona a Lezama pero su timidez se lo impidió. Llega a él cuando es atacado y censurado por su obra Paradiso.
Félix B. Caignet fue el despertar de las palabras porque su mamá, trabajadora humilde, oía constantemente las novelas y él, que era el más pequeño, estaba siempre a su lado. En ellas escuchó palabras que no conocía y que apuntaba para buscarlas después en el diccionario.
De Contradanza y latigazos, uno de los libros puesto a disposición del público en la librería Fayad Jamís, expresó que en él alcanza el punto más alto del siglo XIX y es la suma de su otro interés: el periodismo.
Como uno de sus proyectos está la edición comentada de Cecilia Valdés.
¿Quién eres…? Es la pregunta recurrente que hace Fernando Sosa en cada uno de sus encuentros al culminarse. ¿Quién es Reynaldo González? Cuando lo vea se lo pregunto –respondió jocosamente el invitado.
