En los 80 de Enrique Pineda Barnet
Enrique Pineda ha recorrido, hasta el día de hoy, un largo trecho vital no siempre exento de tropiezos, solo que jamás retrocedió, o lo intentó siquiera. Siempre marchó hacia delante sin amilanarse o pedir comprensión o indulgencia. Su convicción de transitar siempre el camino correcto, creó en él esa obstinada capacidad para prescindir de las cosas, aun las más necesarias, y continuar su marcha.
Cómo si no, un joven de apariencia y físico frágiles, educado y sin aparentes contratiempos o sobresaltos para disfrutar de una vida muelle y hedonista, se convierte en el primer maestro voluntario que marcha a los parajes más intrincados de la Sierra Maestra y convive a pie y descalzo, con las personas más humildes de la sociedad cubana de la época.
Tal vez este paso lo defina como el gran humanista e intelectual que ha sido siempre, tal vez esta fuera su decisión más importante, la que lo convierte en el gran creador y docente que resultó ser a lo largo de todos estos años.
No voy a hablar hoy aquí de su obra que es vasta y objeto de estudio a diario en diferentes partes del mundo por especialistas y críticos de los medios: unas adquieren importancia tras nuevas visiones y acercamientos, otras conservan una vigencia que no se puede ignorar y aun trasmiten cuando se exhiben, ese susto permanente del amor con las que fueron pensadas, escritas y realizadas.
Hoy pienso en Martí cuando digo, ese hombre de La Bella del Alhambra, Mella y David, fue, es mi amigo.
¿Qué pensaría Esperancita (la madre amantísima de Enrique) si pudiera leer estas pocas líneas? Seguramente me haría un guiño cómplice y me invitaría a un refrigerio y un licorcito, como solía hacer cuando la visitaba una que otra tarde y me hablaría del orgullo que siente por su hijo, por ser ante todo, y sobre todo, un hombre de bien.
Hasta hoy Esperancita querida, nada cambió, todo continua tal cual lo dejaste. Descansa en paz, tu obra aun se prolonga en Enrique y así será hasta el fin de sus días terrenales.
Que sus largos años de creación y magisterio no pasen hoy de largo. No debe faltar en este día de necesaria remembranza, el reconocimiento que los cubanos y amantes del arte y la cultura en todas las latitudes del mundo, le debemos.
Saludémoslo y devolvámosle, en fin, el abrazo desinteresado que nos regaló siempre.
