En Julio como en Enero, de autores y editores
Finaliza el año y llega a nosotros una nueva entrega de En Julio como en Enero, revista teórico-crítica dirigida a los lectores interesados en la literatura infantil que, con carácter trimestral, publica la casa editora Gente Nueva. “Leer en siglo XXI” es la temática principal que matiza el presente número.
Desde sus páginas, editores, autores y especialistas se acercan a la problemática e intentan ilustrar cuanto ha cedido o no de espacio la literatura escrita para niños y jóvenes ante el embate de los modernos medios de comunicación y el universo de los videojuegos, cada vez con mayor representatividad en los referidos grupos etarios.
Desde hace varias ediciones, la publicación se ha propuesto, en su objetivo de acercarse de manera sistémica a temas en ocasiones poco sondeados, crear monográficos sobre diversos aspectos de la literatura infantil y juvenil. Ante el reto que se le plantea al mundo editorial y al soporte impreso en el siglo que corre, la revista apuesta por el papel primordial que posee la figura del editor, “ese artífice secreto, callado y a veces anónimo de la palabra, que es quien concibe —a partir de un manuscrito— lo que se convertirá, tras no poco trabajo, en un buen libro”, según reza en el editorial de En Julio como en Enero.
La sección Monográfico inicia los primeros pliegos de la publicación bajo el título La edición de libros para niños y jóvenes. Al adentrarse en la serie de trabajos que la conforman, el lector podrá comprender el propósito del colectivo editorial en graficar con palabras un oficio mayormente ignorado o desconocido para muchos, la edición.
Pocas personas conocen a profundidad el proceso de conformación y realización de un libro. Pocas, incluso los propios autores para niños, imaginan que ver materializada su obra es posible con el concurso y la virtud de numerosas personas. Virtud, porque del amor, la dedicación, el oficio y el talento creador —siempre insatisfecho— de quienes hacen el libro dependerá luego que este llegue, por camino seguro, hasta las manos del lector.
La presente edición ha cedido el espacio a los secretos y ha dado voz impresa a los oficiosos artífices, no solo para develar vivencias y procederes entendidos en ocasiones como el librito personal de cada editor, sino para definir el infinito y cada vez creciente catálogo de retos que se le presentan a los editores sensibles, talentosos, llenos de buena voluntad y experiencia para mantener vivo el libro en la era digital, en el siglo de la alta tecnología, del supuesto abandono de la lectura como praxis del criterio y libertad y de la pretendida crisis lectora entre niños, adolescentes y jóvenes.
El primero de los artículos que presenta el citado monográfico, “Autor, editor y texto: un triángulo amoroso” es una invitación al diálogo y la reflexión desde la perspectiva de editores de diferentes naciones, sellos y tendencias editoriales, en un intento de acercarnos a una verdad que por el momento se evidencia abierta y sobre la cual resulta prácticamente imposible arrojar vaticinios concluyentes. El compendio de criterios corrió a cargo del doctor en Letras y catedrático universitario de Ecuador, Francisco Delgado Santos, quien a la postre llega a interrogarse a sí mismo acerca de la existencia de fronteras entre editor y autor.
Mas inquietudes afloran en “Editar libros infantiles y juveniles en el siglo XXI ¿Un dulce suplicio? Su autor, Enrique Pérez Díaz, director de la editorial Gente Nueva, intenta discursar sobre cómo consigue el autor situarse en el mercado sin traicionar su estética o su ideología, cómo logra el editor vender aquella literatura en la que más cree sin hacer que su empresa quiebre, qué recibe el lector —niño o adulto orientador de lectura— de cuanto se publica diariamente y cuales serían la claves para transitar airoso y escoger lo más adecuado, trascendente, enriquecedor, en el inagotable fárrago de ediciones que pululan hoy día.
En tanto, la editora, investigadora y escritora venezolana María Fernanda Paz-Castillo en su texto “Del editor al lector: una larga travesía” devela sus experiencias en la profesión. Asumir que editar libros para niños es un oficio que se aprende en el ejercicio, entender que el trabajo es de largo aliento, no perder de vista la importancia y la esencia del trabajo editorial, crear y liderar equipos creativos y muy productivos, escucharse a sí mismo y a otros, no olvidar la verdadera naturaleza de la literatura infantil y juvenil, son algunas de las apuestas para hacer frente a los desafíos que en la actualidad plantea el mundo editorial.
La sección A fondo en esta oportunidad consagra sus páginas, en primera instancia, a rendir homenaje a la querida escritora cubana Dora Alonso. El narrador, dramaturgo y crítico villareño Luis Cabrera Delgado indaga en el sensible tema de la maternidad en la autora de El cochero azul a partir de una revisión exhaustiva de su obra.
En el análisis, el especialista destaca los aspectos conmovedores y la frustración de la maternidad en los poemas “Canción de cuna” y “Poema de las diez palabras” pertenecientes a la docena de composiciones líricas acopiadas en el poemario Coral, que permaneciera inédito por cuatro décadas hasta su publicación en 1983 por el Suplemento Literario Revolución y Cultura, en su número correspondiente a enero-marzo.
A continuación, el texto de Samuel Cavero Galimidi, doctor en Ciencias de la Educación de Perú, expone su juicio acerca de cómo debe ser la verdadera literatura infantil, a través de la mirada de Anatole France, quien afirmaba que los niños muestran la mayor parte de las veces una aversión y repugnancia extrema en leer libros que se han escritos para ellos. El profesor de la nación andina redunda en tal afirmación argumentado que las causas de tal aseveración se deben, fundamentalmente, al error en que incurren los autores en fomentar la puerilidad en el sentido de aparentar sencillez para ponerse al nivel de la mentalidad infantil, y el tono moralizador con el que pretenden caracterizar su obra.
Concluye la sección A fondo una breve semblanza dedicada a las casi dos décadas de actuaciones de Teatro de las Estaciones, grupo escénico de títeres de la ciudad de los puentes que ha sabido navegar en la utopía y enfrentar “las enfermedades de las tablas” como el estancamiento, la presunción, el aislamiento, la superficialidad y la maledicencia, en el criterio de Rubén Darío Salazar, director artístico santiaguero.
Al príncipe de los cuentos infantiles, Hans Christian Andersen se destina el espacio editorial de Clásicos. De la mano del periodista y editor Leonardo Depestre Catony se ofrece un recorrido nostálgico por la infancia relegada a la memoria, soñada desde la vasta obra del célebre autor danés.
Antes de finalizar no podemos obviar el exquisito trabajo de diseño que muestra el presente número de En Junio como en Enero, a cargo de las ilustraciones del joven artista gráfico Nelson Ponce, quien complementa la visualidad de la revista con portadas pertenecientes a libros de diversas colecciones de la editorial Gente Nueva.
