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Los 120 de Tallet

Ricardo Riverón Rojas, 12 de noviembre de 2013

José Zacarías Tallet (1893-1989) es un poeta al que no se le recuerda, hoy, con la fuerza y frecuencia que merece la vigencia de su poética. El pasado 18 de octubre se conmemoraron los 120 años de su natalicio.

La huella de Tallet en la poesía cubana es muy profunda, sobre todo en la saga de prosaísmos y usos del ingenio que, tanto en su propia generación como en las subsiguientes, caracterizaron a algunos poetas. Igual en la humildad del sujeto lírico, autorepresentado de manera un tanto esperpéntica, con versos como estos: “Yo soy un raro injerto de sapo y paloma”, “la enorme hipertrofia del yo es mi dolencia principal”, o “Soy un comemierda que cualquier chicuelo engaña”. El movimiento de la llamada antipoesía, con un buen número de seguidores en la Cuba de los sesenta y setenta, reconoce sus deudas con el precursor que, desde los años veinte, venía dando señales en ese sentido. Y no solo ese grupo, pues la llamada generación de los años cincuenta también escogió esos modos de expresión.

Helio Orovio, en su trabajo “Tallet y la antipoesía”, de 1966, discute con la tesis de que el iniciador de esa vertiente en las letras hispanoamericanas sea el chileno Nicanor Parra, y tras poner ejemplos que van desde Francisco de Quevedo hasta Chales Baudelaire, asegura sobre Tallet:

Su estilo pudiera motivar el título de precursor en Cuba de la antipoesía. No pretenderá nadie diplomarlo antipoeta oficial ni mucho menos, pero sí anunciador del modo que hoy, treinta años más tarde, penetra la poética americana con Nicanor Parra de francotirador.

Hay que pensar que cuando aún martillaban los orfebres de la retórica académica en el parnaso criollo, postulaba José Zacarías cosas como esta: “Hay poesía en una bicicleta/ y en la barriga de un burgués.../hay poesía en la rumba de un esqueleto/ y hay poesía en las gallinas cluecas/ y en las blasfemias de un carretonero./ Mas la cuestión es dar con ella!”

Otro de los ejemplos que nos muestra a un Tallet antipoeta –por clasificarlo de algún modo–, al que se le suma su vocación de crítico social tempranamente vinculado con la izquierda, son estos otros versos, también citados por el autor de El huracán y la palma: “¡Te sacan el sollate/ como el ganapán más hambriento y miserable/ mi pequeño pingüino burgués./ Y tú como si nada metido en el corset de tu importancia/ amarrado al buró papelero y mohoso/ con el cabello rezumando grasa/ y tu camisa de liquidación/ y tu apéame-uno de dril99”.

CintioVitier fue otro de los que, en torno al estilo de Tallet expresó sabiamente, en 1969: “Cuando un poeta genuino desaloja a la poesía de sus mansiones habituales, ocurre que todo, hasta lo calificadamente antipoético, se torna poesía”. Comparándolo también con el autor de Poemas y antipoemas, afirmó: “Si Parra pide para sí el diploma de «aprendiz de santo de madera», Tallet solicita esta inscripción póstuma: «Requiescat in pace/ aquí yace/ quien fue/ de los locos, el loco / más loco: Tallet». Y no vaciló tampoco en calificarlo como el “más singular y representativo poeta de la República de los años veinte”.

Poeta por lo general desenfadado, cuyos divertimentos lingüísticos fueron recogidos en periódicos y revistas fundamentalmente, gozó siempre de un irredimible humor criollo, que lo llevó incluso a inventar un lenguaje para expresar sus galimatías burlescos. De ellos deja constancia Fernando Carr Parúas en su jugoso tomo testimonial Cosas jocosas en poesía y prosa en la vida de José Z. Tallet, publicado por la editorial Letras Cubanas en 2007. De entre las numerosas ocurrencias que recoge, destaco, con fragmentos de la anécdota incluida, la colección de doce sonetos titulada “Vesania zahorí”. Cuenta Tallet:

Quién me iba a decir a mí que iba yo a ser considerado como “poeta” por el grupo de intelectuales jóvenes que se abrían paso al comienzo de la década del veinte, debido a una broma (…) Allá por 1921 trabajaba yo con un rico propietario –era su secretario ejecutivo– apellidado Portuondo: hombre magnánimo y muy honesto; y como tenía algún tiempo libre en la oficina en ciertos momentos, me puse a componer unos sonetos disparatados, parodiando a cierto lenguaje del uruguayo Julio Herrera y Reissig, en su Tertulia lunática.(…) El propósito de aquellos versos era tomarle el pelo al periodista y poeta Billiken, es decir, a Félix Callejas, quien tenía una sección muy leída que se llamaba “Arreglando el mundo”, y en la cual había arremetido contra algunas modernas formas poéticas.

Comenta Tallet que aquellos sonetos disparatados nunca llegaron a manos de Billiken y que, llevados a España como una curiosidad poética, le abrieron las puertas de lo que él denominó su “fama poética”. Reproduzco las dos cuartetas de uno de los doce deliciosos y palabreros sonetos para que podamos calar bien su carácter burlesco:

Pleonásticamente prehistóricas gallinas
vivaquearon en pose hierática y abstrusa,
y con los picos hartos de escarbar a la rusa
desconchinflaron líticas un centenar de espinas.

Orovias perfumadas en fuentes calaminas
ofrendizó un esteta a su más cara musa;
y Apolo, cabalgando en marfileña tusa,
agradeció la ofrenda con frases sarracinas.

Ese bromear constante con la poesía, para tomaduras de pelo, emparienta muy bien con la voluntad lúdica del grupo de narradores de su generación que escribieron, a capítulo por cabeza –entre ellos Rubén Martínez Villena– la novela policial por entregas titulada Fantoches. También con las sátiras políticas que publicara Guillén en el periódico Hoy; con lo que en los años sesenta y setenta hicieron los poetas capitaneados por Wichy Nogueras y Guillermo Rodríguez Rivera; con los trabalenguas de Reynaldo Arenas; con el Samuel Feijóo de El pan del bobo. Y finalmente con una agrupación villaclareña actual llamada El Club del Poste, surgida en los noventa del siglo pasado y que ha tenido numerosos “clubes replicantes”, como el Club del Perro que Orina en el Poste, de Ciego de Ávila, El Club del Pasto, de Villa Clara, y últimamente El Club del Trago, formado por trovadores, también villaclareños. Todos ellos se dedican a satirizar, casi siempre con la décima como molde. No somos tan serios y estirados los poetas como parecemos en nuestras lecturas en eventos y ferias. Pero Tallet fue el más atrevido, pues sus bromas poéticas no tenían un carácter ancilar, sino medular, y mantuvo una constancia ejemplar en esos decires.

No fue este un poeta de pose. Según testimonio de Loló de la Torriente, en su trabajo “José Z. Tallet, biografía de una época, publicado en Bohemia el 5 de diciembre de 1969, este dijo de sí mismo, refiriéndose a sus inicios: "Yo era un poeta vergonzante", a lo cual añade: “No publicaba nada en serio, ni escribía nada que no fuera en burla o choteo”. De tal actitud quizás se derive que en el prólogo de su libro La Semilla Estéril, –que esperó hasta 1951 para publicar –dijera que no fue “...un poeta profesional sino un hombre como otro cualquiera que, de vez en vez, hacía versos para purgarse el espíritu...”

No obstante vale fijarse en lo afirmado por Salvador Bueno, en su libro Temas y personajes de la literatura cubana (Ediciones Unión, 1964), donde, en una detallada valoración de la vida y la obra del poeta que tituló “El poeta José Zeta Tallet”, destaca la alta estima que por su poesía tuvieron los intelectuales más preclaros del momento:

Los poemas de Tallet seguían –lentamente– apareciendo en periódicos y revistas. Cuando en 1925 José Antonio Fernández de Castro y Félix Lizaso preparan la antología La poesía moderna en Cuba, en cuyo trabajo colaboran muchos de sus compañeros de promoción, las poesías de Tallet son colocadas en primer lugar en la sección que se titula “Los nuevos”. Estos “nuevos” repudian la fácil vida burguesa, se afianzan en su “ego” desafiador. De los tres poemas de Tallet que allí se incluyen, uno es “Elegía diferente” dedicado a su amigo de niñez y adolescencia Carlos Riera (…) La “Elegía diferente” representa una de las obras fundamentales en la poesía de Tallet. Ha sido incluida en varias antologías. Los antólogos de “La poesía moderna en Cuba” afirmaban: “Tallet es el más original de los poetas actuales.

Como se deriva de lo antes dicho, pese a la persistencia del tono zumbón, de autoburla, José Zacarías Tallet pulsó otros acentos, también con elogiable maestría. Veamos un fragmento de la “Elegía diferente”: “Carlos, mi amigo Carlos, / hoy hace varios años que te has muerto. / (Mi corazón se encoge / ante la persistencia tenaz de tu recuerdo). / Tú no has muerto del tifus ni de la meningitis, / como dicen los médicos; tú te has muerto de asco, de imposible, de tedio”.

También podría ser ejemplo de diversidad en su quehacer el poema “La rumba”, el más divulgado, pues puso su nota alta en el momento de mayor fervor de la poesía negrista: “¡Zumba, mamá, la rumba y tambó!/ ¡Mabimba, mabomba, mabomba y bombó! / ¡Cómo baila la rumba la negra Tomasa! /¡Cómo baila la rumba José Encarnación!”; igual  “El Poema de la ciudad letárgica”, donde el Tallet de los inicios recuerda la Matanzas natal de finales del siglo XIX: “Matanzas de ilusiones, nubes de polvo, nubes de tedio... Aunque ya aquí no tengo a nadie, ciudad letárgica, todavía te quiero”.Y “Tediumcarnis”, donde replica a Marinello por su verso “Detrás de cada seno erecto está el Hastío”, con la siguiente afirmación: “Bien, pero el adorable origen de tu hastío / –y esto en óptimos versos ya lo dijo Darío– / de la existencia, acaso, es el solo consuelo”. Quizás por todo eso Julio Gaillet Bois, en su Antología de la poesía hispanoamericana aseguró: “En su poesía, el prosaísmo deliberado y la burla son superficiales; por debajo se descubre el desconsuelo y la efusividad sentimental”.

Es conocida la participación de Tallet en las acciones del Grupo Minorista y en La Revista de Avance, además de una inabarcable labor en diversos periódicos y otras revistas, que tuvo su colofón en la sección “Gazapos”, de Bohemia. Pese a que vivió y cursó estudios en Estados Unidos, no vaciló en declarar: “Si yo fuera yanqui / reclamaría el campeonato del fracaso”.

En 1923 fue uno de los participantes en la famosa Protesta de los Trece. Con el ideario de Rubén Martínez Villena, de quien fuera cuñado, mantuvo siempre una fuerte cercanía. Quizás atendiendo a la constancia con que participó en las luchas cívicas y políticas de las distintas épocas que le tocó vivir, en 1937 José María Chacón y Calvo afirmó sobre él: “…no quiso nunca ser un gran solitario, sino que quiso llegar a lo más íntimo del corazón de su pueblo, empaparse en la esencia de los grandes núcleos sociales y participar en sus dolores, anhelos y esperanzas”. Esa misma razón pudo haber llevado a Fidel Coloma González a asegurar “Percibe el poeta en sí mismo un angustiante desajuste entre los ideales y su capacidad de acción (…) El humorismo y la ironía son la puerta de escape para evadir este conflicto”. No obstante, pese a que con su presencia en Cuba hasta su fallecimiento expresó su consecuencia con los ideales revolucionarios, en sus actitudes se advierte un cierto guiño crítico contra lo que le pareció falso; ello lo llevó a declarar: “Yo soy un poeta de una raza que se extingue –diría– una raza de escépticos, de incrédulos, de negadores”.

Los lectores cubanos, después de varias oscilaciones pendulares de la poesía, de lo popular a lo enciclopédico y viceversa, podrían hallar, hoy, en la poesía de José Zacarías Tallet un referente semisumergido, pues estamos ante un autor que no quiso parecerse a nadie y alcanzó configurar un idiolecto sumamente singular: una especie de “poesía del desplante lírico” con la cual se amplía la horizontalidad de la expresión hasta ponerla a caminar, con los pies sobre la tierra, junto al cubano común, contagiándolo con un lenguaje que, no por culto, se distancia de sus modos de decir. Por su vasto aporte al imaginario poético cubano, el Premio Nacional de Literatura de 1984 y el título de Doctor Honoris Causa en la Universidad de La Habana,a sus 91 años, junto con la Orden Félix Varela, dos años antes,coronaron su trayectoria y lo situaron en la altura que merece en nuestras letras.

Santa Clara, 3 de noviembre de 2013

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