Devoción por Juan Padrón
Podemos disentir en muchísimas cuestiones, polemizar con los viejos y con los más jóvenes, atacarnos, emigrar o quedarnos, defendernos, enfrascarnos en apasionadas discusiones, dejarnos abatir o por el contrario, estimularnos a continuar batallando, pero si en algo estuvimos, estamos y estaremos de acuerdo todos los nacidos en esta isla, es precisamente en la identificación del más grande de nuestros historietistas.
Elocuentes palabras de la narradora Laidi Fernández de Juan para rendir justo tributo al historietista y animador cinematográfico Juan Padrón, creador de personajes emblemáticos del séptimo arte cubano de entre siglos, en ocasión del medio siglo de vida artística de quien, entre otros reconocimientos, ha sido galardonado, por la obra de la vida, con el Premio Nacional del Humor y el Premio Nacional de Cine.
En el homenaje, llevado a cabo en el espacio mensual Miércoles de sonrisas, dedicado al humor en la literatura que, desde hace algo más de dos años, creó y conduce la escritora en el Centro Cultural Dulce María Loynaz, se destacaba, en apretada síntesis, el aporte del también profesor titular adjunto del Instituto Superior de Arte a la cultura cubana contemporánea.
Se hacía referencia en primer término, por supuesto, a sus más de sesenta cortos y a sus cinco largometrajes de animación —entre estos últimos, ¡Vampiros en La Habana!, atesorado en la colección del MOMA, de Nueva York—, así como a sus cuatro libros publicados, en que, con gracias e inteligencia, recrea, desde nuevas miradas, las historias contadas en sus filmes.
Imprescindible valorar, al repasar los méritos que enaltecen a Juan Padrón, la creación del personaje de Elpidio Valdés, ese aguerrido mambí que se ha convertido en símbolo de identidad nacional para varias generaciones de cubanos, que, en palabras de la anfitriona del programa, “a través de la risa y del divertimento (...) enseña la Historia de Cuba del siglo XIX mejor que nadie”.
El narrador y periodista Hugo Luis Sánchez, conocedor y admirador de la obra fílmica y escrita de quien ha recibido una decena de premios Coral, concedidos en varias ediciones del Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, comentaba otra de las creaciones paradigmáticas del incansable intelectual, nacido en el Central Carolina, en el matancero municipio de Coliseo, hace sesenta y seis años. En su opinión, Vampiros en La Habana y Vampirenkomando, que integran una saga que seguirá hasta dejar atrás a Harry Potter, son “novelas góticas en el estricto sentido de la palabra. Cierto que hay vampiros y sangre, (...) ruido de cadenas, chirrido de puertas, ataúdes, estacas, noches, lunas, colmillos brillando… pero no es una novela gótica, es de aventuras con mucho humor”.
Para el autor de El puente de coral, lo más importante de los relatos que firma Juan Padrón es "lo tanto que hay de cubano en estos vampiros. No es una cubanía impuesta, ´la cubanidad es amor´ como decía Grau San Martín, ni ser cubano de a porque sí, eso le fluye al escritor, es parte de su ser, transpira cubanía, le sale de gratis, no la busca, es él mismo y qué difícil es ser cubano y poder expresarlo tan bien".
Durante el encuentro, en que participaron un grupo de estudiantes de la enseñanza media, el historietista, al responder varias preguntas, contaba cómo nació Elpidio Valdés, del reclamo de las niñas de incorporar personajes femeninos a las historias, de los consejos recibidos del maestro Santiago Álvarez, de las profundas investigaciones llevadas a cabo para la realización de los filmes, de los proyectos de nuevas entregas editoriales...

Escribir una novela —aseguraba— creía que era como escribir un guión de cine. Pero no, es otra disciplina, muy difícil y muy trabajosa. Hay que escribir y reescribir, hacer varias versiones y, ya cuando tienes la cuarta versión, te das cuenta que la primera era la mejor... Fue una cosa nueva y me gustó muchísimo. Pensaba que era García Márquez, pues, decía, si él tiene bigote y yo también... Al final, llegué a la conclusión de que yo dibujaba mejor que García Márquez.
Ni el propio Juan Padrón se imagina —concluía Laidi Fernández de Juan al cierre de este homenaje— cuánto le debemos, ni la magnitud de una devoción que por parecerle inmerecida, le profesamos con mayor ahínco: "Vayan pues nuestras felicidades para el padre de muchos personajes que consideramos miembros de nuestra familia, porque llevan junto a nosotros los mismos años de nuestras ilusiones, de nuestras esperanzas y de nuestra fe".
