Pasión por Philip Roth
“Autor de libros perturbadores, tanto desde el punto de vista político como moral y sociológico, el narrador estadounidense Philip Roth es una de las grandes figuras de la actual literatura de expresión inglesa.” Así comentaba el narrador, poeta, ensayista, crítico y traductor Jesús David Curbelo, al presentar el espacio Los puentes, dedicado al octogenario escritor.
Como ya resulta habitual en este programa mensual, convocado por el Centro Cultural Dulce María Loynaz, su anfitrión invitaba a dos estudiosas de la producción literaria del autor seleccionado, quienes, en enriquecedor diálogo, se acercaron a La mancha humana, una de las más conocidas novelas de Philip Roth, así como a pasajes de la vida de este galardonado y controvertido escritor de origen judío.
La profesora Astrid Santana abría el intercambio, precisamente, con los vínculos del narrador con la tradición de escritores judíos en la historia de la literatura: “ Roth comparte con Franz Kafka –afirmaba— esa posición llamada ‘en el medio’, en la superficie, de no estar y estar dentro de una tradición y, a la vez, ser partícipe de una cultura de recepción. En Kafka ese ‘no estar’ se traduce como una angustia y en Roth como una irreverencia.
La mancha humana –en criterio de la también ensayista— es una novela que se lee de forma muy placentera, pero es un libro difícil de deconstruir. Es un texto que va abriendo rutas de interpretación a medida que se lee. Sobre todo, porque es la historia de un hombre negro, que renuncia a su propia raza y decide darse a conocer al mundo como un hombre judío, en una actitud políticamente incorrecta dentro del mundo afroamericano.
“En esta novela –en palabras de Astrid Santana— Roth va a construir un fresco de la sociedad de su país, a partir de la multiculturalidad, que no es armónica, sino vista desde la perspectiva de la conflictividad. Una obra, además, que espolea, que provoca al lector, que lo hace meditar sobre un aspecto particular de la cultura norteamericana, que puede ser la raza, la guerra, el envejecimiento, el puritanismo... Es un relato que multiplica sus propios temas, a partir de la construcción de sus personajes”.
Nacido en Newark, Nueva Jersey, en 1933, Philip Roth –quien, entre otros reconocimientos, recibió, en el año 2012, el Premio Príncipe de Asturias de las Letras— es autor, además, de varias colecciones de cuentos y de ensayos, así como de la llamada «trilogía americana», publicada en los años noventa del siglo XX e integrada por las novelas Pastoral americana (1997), galardonada con el Premio Pulitzer; Me casé con un comunista (1998), y La mancha humana (2000).
La narradora, e igualmente profesora de la Universidad de La Habana, Susana Haug se mostraba complacida de compartir este encuentro, como lectora, con otros amantes de la obra de Philip Roth, en su opinión, el más interesante autor vivo de los Estados Unidos, dueño de la magia y de los poderes increíbles de la invención, del humor, de la fabulación, de la impugnación, de la irreverencia...
Para la también traductora literaria, La mancha humana es la última gran novela de Roth, que se abre como legado y, más aún, como provocación crítica a la reflexión en el recién inaugurado milenio. “Como lector, uno se enfrenta a una gran sinfonía, que tiene mucho de rapsódica y de integradora de las voces de sus personajes, así como de esa enorme energía y fluidez verbales que caracterizan el estilo del escritor”.
Las novelas de Roth –concluía— son novelas-ríos. Los tres recursos que nunca faltan en sus relatos son el narrador, la historia y el lenguaje. La mancha humana no podía ser otra cosa que esa gran tragedia de vivir el multiculturalismo y la construcción fluctuante de la identidad en los Estados Unidos. De ahí que, como dicen los slogans, esta es una de esas diez obras que uno tiene que leer antes de morir.
