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La concertación del empréstito de la Casa Speyer, sus dilemas internacionales (III)

Jorge Renato Ibarra Guitart, 18 de diciembre de 2013

Entre los días 13 y 14 de febrero de 1903, el Congreso cubano aprobó una ley que autorizaba al Ejecutivo contratar el empréstito dirigido a la paga de los veteranos de guerra, lo que dio margen a fomentar gestiones con la banca internacional de parte de los funcionarios de la Secretaria de Estado.

Aunque no contamos con toda la documentación que nos permita exponer en profundidad y detalle los pasos que se siguieron para concertar este empréstito, tomaremos de la correspondencia de Rafael Montoro (representante de Cuba ante Gran Bretaña) algunos datos que nos servirán para reconstruir parte de este proceso. El Secretario de Estado, Carlos de Zaldo, durante una estancia en Londres, refirió en carta de 21 de agosto de 1903 a Montoro que había efectuado sondeos en esa capital con autoridades bancarias y con un saldo favorable para Cuba. En esos momentos pensaba que la banca norteamericana no podía tener éxito en ofrecer el crédito que esperaban obtener, por eso expresaba que  “podría abrigarse la creencia de que lo alcanzarían muy favorables en esta plaza o en la de París".1

Sin embargo, en la correspondencia entre José María Cortés y Montoro se revelan los serios inconvenientes que podría tener la negociación del préstamo en Europa. En primer lugar, porque la joven República cubana todavía no había aprobado su presupuesto financiero, razón por la cual cualquier banco dudaría de ofrecerle crédito.

En carta de José María Cortés a Montoro de 9 de agosto de 1903, se añaden factores que conspiraban contra cualquier operación bancaria de Cuba en Europa:

Usted sabe por demás que los contratos que se derivan de la Ley Platt han empezado a concretarse por la cola, es decir solo hay hecho el de la cesión de carboneras y estaciones navales, si no están reguladas las relaciones políticas y financieras que la misma determina ¿es lógico suponer que pueda haber quien negocie el empréstito? Yo no lo creo.2

 Aunque la Enmienda Platt se había agregado a la Constitución cubana de 1901, no fue hasta el primero de julio de 1904 que se canjearon en Washington las ratificaciones  por parte de los gobiernos cubano y estadounidense sobre el referido apéndice. Ello mantenía sobre ascuas a los representantes diplomáticos cubanos, que por otra parte debían considerar lo dispuesto por el artículo II que impedía que el gobierno de la isla contrajera deudas que no pudiera pagar cabalmente. Además, en ese momento tampoco se había ratificado el Tratado de Reciprocidad Comercial.

Por esas razones se temía con toda certeza la reacción de Washington, lo que destacó Cortés en su misiva: “Como es de suponerse y sin que lo hagan en modo manifiesto, los Estados Unidos han de influenciar para que la banca europea no sea quien contrate la negociación".3

Montoro, por su parte, convergía plenamente con Cortés en que, a pesar de las dificultades de la banca norteamericana para definir la entrega inmediata del crédito, los Estados Unidos no se quedarían fuera de esta operación, tanto por razones económicas como geopolíticas. En carta fechada el 30 de junio de 1903 señalaba:

Yo creo, sin embargo, que de no surgir inconvenientes como los que usted indica, en New York será por donde por muchos motivos se hará el negocio con o sin la ayuda de las plazas europeas, cuya buena disposición (...) no podía ser más patente (...) y los Estados Unidos tanto desde el punto de vista financiero como desde los otros que usted indica, es natural que no dejen a Europa realizar por sí sola tan vasta operación.4

 A pesar de los anhelos imperialistas de Washington, el empréstito de los $ 35 millones atravesaría por un proceso similar al del Tratado de Reciprocidad Comercial. La falta de seguridades por parte de los intereses norteamericanos movería a los representantes cubanos para gestionar soluciones en el Viejo continente. En carta del Ministro cubano en París, Bernardo Portuondo, a su colega en Londres de 5 de noviembre de 1903 señalaba:

Mis amigos creen difícil que en los Estados Unidos se realice el empréstito de Cuba a causa de complicaciones financieras que allí se han producido (...). Por eso abrigan la esperanza de que, al fin, tendrá que ser en Europa donde se efectúe la operación (...) tienen mis amigos la seguridad de presentar una posición firme sobre la base de entregar la totalidad del dinero dentro del término de un mes de la firma del contrato.5

 Portuondo negociaba con “La Banque de Paris et Pays Bas”, un importante banco francés el otorgamiento de este crédito en forma estrictamente confidencial. Según este diplomático, si la operación fuera exitosa elevaría el crédito de Cuba en todas las grandes plazas de Europa y América y consolidaría su prestigio entre las naciones civilizadas. En una carta de 16 de diciembre de 1903 a Montoro informaba que los banqueros norteamericanos actuarían como mediadores en la transacción monetaria con los bancos europeos.6

Un momento crucial en esos intentos de negociar capitales para Cuba fue cuando los Estados Unidos se determinaron a imponer la oferta de la Casa Speyer. En carta de 23 de enero de 1904 del Ministro estadounidense en Cuba, Herbert Squiers, al Presidente Estrada Palma señalaba: “Se me ha informado desde Washington que Speyer y Cia desean que a usted se le informe que ellos facilitarán la concertación del empréstito de $35,000,000 (…). Esto, desde luego, se le comunica a usted informalmente y sin perjuicio de cualesquiera otros americanos que deseen negociar este préstamo”.7 Casi por decreto imperial se determinó que el préstamo a los cubanos tenía que ser el de la Casa Speyer y lo más que podían los Estados Unidos tolerar era que pudieran participar otros estadounidenses, estaban descartados los europeos.

Finalmente el ejecutivo cubano terminaría cediendo a las presiones de Washington, el 25 de enero de 1904 modificó la ley original del Congreso a fin de satisfacer las objeciones de los banqueros norteamericanos. No obstante, en misiva del 31 de enero de 1904 Portuondo recibió instrucciones del gobierno de La Habana, invitando a sus amigos los banqueros franceses, para formular proposiciones atendiendo a las nuevas modificaciones de la ley original del empréstito.8

Rápidamente, el Ministro cubano en París gestionó con éxito el crédito con la banca francesa en las nuevas condiciones establecidas, a pesar de la situación creada por la guerra entre Rusia y Japón. El Consejo director del banco europeo, en el plazo de una semana establecería una posición firme cuando Portuondo recibió un cablegrama de La Habana que decía: “Negociaciones empréstito cerradas aquí. Notifíquelo banqueros”, pensó entonces que todo se debía a la  inestabilidad de la situación internacional que aplazaba las negociaciones.

El primero de febrero de 1904 el Ministro estadounidense en Cuba, Hebert Squiers, le informaba al Presidente cubano Tomás Estrada Palma que el representante de la Casa Speyer había salido para Cuba con vistas a negociar el empréstito.9 Al parecer, Washington se apresuraba a negociar este préstamo antes que lo hicieran los bancos europeos. Portuondo, desde París, quedaría todavía más sorprendido cuando recibió otro cablegrama de la Secretaría de Estado cubana con estas palabras: “Empréstito contratado".10 El 11 de febrero de 1904 se concertó un acuerdo preliminar entre los Banqueros de la Casa Speyer y Estrada Palma.11 . Dos meses después, el 11 de mayo, se refrendaría el convenio oficial para el crédito bancario.12

Un soberano golpe bajo le había dado el ejecutivo cubano, presionado por Washington, a los bancos europeos que habían ofrecido amplias garantías para la concertación del empréstito de $ 35 millones, aun aceptando la mediación de banqueros norteamericanos. La Casa Speyer finalmente se había decidido a asumir ella sola el otorgamiento del crédito. Bernardo Portuondo en su perplejidad no dejaba de advertir los inconvenientes para los intereses cubanos de este cambio súbito:

Sería, con efecto, muy sensible que una audacia de esos banqueros americanos, después de haber impedido que esta fuerza financiera europea llegue a presentar su proposición seria y de eficacia completa e inmediata, viniese a traer complicaciones, dificultades, retardos y quizás cuestiones por incumplimiento de condiciones pactadas –todo en perjuicio de Cuba.13

 Finalmente informaba, en carta a Montoro el 18 de febrero de 1904, que aunque todo parecía indicar que el negocio estaba perdido para ellos, el Banco europeo con el que había contactado se mantenía firmemente dispuesto a llevar a cabo el préstamo sobre la base del 5 % de interés y al tipo de 90 % de emisión, si el contrato concertado con la Casa Speyer presentaba dificultades. En ese caso, ante eventuales entorpecimientos de la banca norteamericana el Ejecutivo cubano podría, según las palabras de Portuondo, “volver su acción hacia Europa a favor de Cuba".14

Los bancos europeos, según el criterio de Portuondo, ofrecían otras ventajas que no podían encontrar los cubanos en los estadounidenses. En su carta a Montoro refirió lo siguiente: “No olvide usted que, como ya le he dicho otras veces, nuestro grupo entregaría enseguida íntegramente el producto de la operación, sin tener que dirigirse, como los americanos, a otros mercados para colocar los títulos”.15

Estas limitaciones del préstamo estadounidense, referidas a que debía colocar los títulos en otras plazas, se pueden apreciar en el telegrama de 26 de mayo de 1904,  donde James Speyer expresaba su júbilo al Presidente Estrada Palma por el acuerdo alcanzado: “Empréstito cubano emitido hoy en América, Inglaterra, Alemania y Holanda. Gran éxito (…) lo felicito cordialmente por esta demostración del interés amistoso mundial sobre Cuba”.16

Finalmente Estrada Palma acabaría cediendo posiciones y acatando en profundidad la oferta de Washington. En telegrama de respuesta a Speyer con fecha 26 de mayo de 1904 señalaba:

Las buenas nuevas que usted amablemente nos trasmite acerca del gran éxito del empréstito cubano han llenado nuestros corazones de orgullo y satisfacción. Permítame expresar en nombre del pueblo cubano cuanto le agradecemos el interés que ha mostrado en este asunto tan importante para Cuba que le asegura un alto sitial en el mundo financiero.17

Más allá de los jolgorios, Cuba había concertado una transacción económica que la hacía más dependiente de los Estados Unidos. Esta operación, ejecutada a toda prisa por los apremios de Washington,  le causaba perjuicios ya que se dudaba de la capacidad efectiva de la Casa Speyer cuando, a escala internacional, la bolsa de valores norteamericana mantenía cierta inestabilidad.

Citas y notas.
1-Rafael Montoro. Epistolario pasivo. Tomo 18,. No. 31. Fondo Manuscritos, Colección cubana, Biblioteca Nacional “José Martí”.
2-Rafael Montoro. Epistolario pasivo. Tomo 18,. No. 30. Fondo Manuscritos, Colección cubana, Biblioteca Nacional “José Martí”.
3-Ibidem.
4-Rafael Montoro. Epistolario activo. Tomo 3, No. 9. Fondo Manuscritos, Colección cubana, Biblioteca Nacional “José Martí”.
5-Rafael Montoro. Epistolario pasivo. Tomo 18, No. 33. Fondo Manuscritos, Colección cubana, Biblioteca Nacional “José Martí”.
6-Rafael Montoro. Epistolario pasivo.Tomo 18, No. 34. Fondo Manuscritos, Colección cubana, Biblioteca Nacional “José Martí”.
7-Archivo Nacional de Cuba. Fondo Secretaria de la presidencia, Caja 116, No. 21.
8-Rafael Montoro. Epistolario pasivo. Tomo 18, No. 36. Fondo Manuscritos, Colección cubana, Biblioteca Nacional “José Martí”.
9-Archivo Nacional de Cuba. Ver fuente citada en la nota 7.
10-Rafael Montoro. Epistolario pasivo. Tomo 18, No. 37. Fondo Manuscritos. Colección cubana, Biblioteca Nacional “José Martí”.
11-Archivo Nacional de Cuba. Fondo Secretaria de la Presidencia, Caja 6, No. 61.
12-L. H. Jenks. Nuestra colonia de Cuba. Edición Revolucionaria, La Habana, 1966. p. 335.
13-Rafael Montoro. Epistolario pasivo. Tomo 18, No 39. Fondo Manuscritos, Colección cubana, Biblioteca Nacional “José Martí”.
14-Rafael Montoro. Ver fuente citada en la nota 10.
15-Ibidem.
16-Archivo Nacional de Cuba. Ver fuente citada en la nota 7.
17-Ibidem.
 

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