Cosme de la Torriente, primeras actividades políticas (I)
Cosme de la Torriente y Peraza nació el 27 de Junio de 1872 en el ingenio “La Isabel” que su abuelo paterno, Don Cosme de la Torriente y de la Gándara, construyó en tierras de su bisabuelo, el capitán Sebastián Hernández y Cedrés, natural de Canarias y uno de los más ricos terratenientes de la provincia de Matanzas. Estas tierras y riquezas las habían heredado su padre, Don Leandro José, y su madre, Doña María Ignacia.
De joven recibió la influencia de su profesor, Guillermo Schweyer y Lamar, escritor y periodista, quien por un tiempo estuvo preparándolo para efectuar exámenes de ingreso al Instituto de Segunda Enseñanza. Fue Schweyer quien le trasmitió las primeras ideas acerca de la independencia y la historia de las ideas revolucionarias en Cuba. Posteriormente se integró a la Logia Libertad de Matanzas y también formó parte de la Logia de los Caballeros de la Luz, organizaciones en las que se conspiraba secretamente contra España. Con el tiempo estas agrupaciones clandestinas conformaron el Club Revolucionario de Matanzas. Antes de comenzar la guerra del 95 ya se había graduado como Licenciado en Filosofía.
Cuando en Matanzas fracasó el alzamiento del 24 de febrero de 1895 en el poblado de Ibarra, Cosme de la Torriente no tuvo otra opción que salir hacia el exilio a los Estados Unidos. Desde allí, en varias oportunidades procuró incorporarse a las expediciones que se preparaban y sólo en la sexta de las que abordó pudo regresar a su tierra natal. En las otras ocasiones fue detenido, sometido a juicio y absuelto. Al llegar a Cuba combatio bajo las órdenes del Coronel Antonio Pérez, Jefe de un batallón de infantería de Guantánamo. Estuvo también bajo el mando de jefes tan distinguidos como José Maceo, Máximo Gómez, Francisco Carrillo y José “Mayía” Rodríguez.
En los campos de Cuba libre se le designó la misión de llevar un importante mensaje del General en Jefe Máximo Gómez al Lugarteniente General Antonio Maceo cuando este último se encontraba en La Habana. El contenido esencial de la misiva fue notificar la noticia del envío de nuevos refuerzos así como dar a conocer que Gómez pronto estaría en Las Villas adonde debían reunirse. La mañana del 16 de diciembre de 1896 recibió la información de la muerte de Antonio Maceo y el 28 de ese propio mes, en el potrero de Santa Teresa, trasmitió la dolorosa novedad a Máximo Gómez. Fue ascendiendo en la escala militar, desempeñándose en ocasiones como Auditor, Secretario o Jefe de Estado Mayor hasta que, en la ofensiva final desarrolada por tropas cubanas y norteamericanas en los alrededores de Santiago de Cuba y bajo las órdenes de Calixto García, alcanzó los grados de coronel.
Precisamente en la gesta independentista, a la que se había incorporado siguiendo las pasiones revolucionarias de su juventud, fue que comenzó a adquirir experiencias políticas referidas a la mediación entre dos partes en conflicto. En el esbozo biográfico que hace en el libro “40 años de mi vida”, señala: “En los comienzos de 1897 formé parte de una pequeña comisión integrada por jefes de la mayor importancia – yo era el más joven- a la se encargó lograr, como logramos, el arreglo de las diferencias existentes en aquel momento entre el Gobierno y el General en Jefe, las que en Camagüey habían dado lugar a la renuncia del General, y por eso preparamos al mismo tiempo un proyecto de ley orgánica del Ejército”.1
En ese difícil trance fue que Cosme de la Torriente tomó conciencia de la necesidad de hacer respetar las leyes y disposiciones establecidas en la manigua como primera medida para enfrentar cualquier conflicto. A partir de ese momento asumió que la actuación de los hombres se debía regular mediante el cumplimiento de las leyes, estimaba que si se operaba legalmente se podían superar desórdenes y desacuerdos. Inclusive había tenido una experiencia anterior cuando tuvo que investigar el conflicto surgido entre el general Javier de la Vega, al mando del Tercer Cuerpo de Ejército en Camaguey y el gobierno de la Revolución, dificultad que tenía su origen en la interpretación de órdenes dictadas por el General en Jefe, Máximo Gómez.
Al concluir la guerra concluyó sus estudios de Derecho, muy importantes en su ejecutoria posterior. Durante el periodo de la primera intervención estadounidense en Cuba rechazó la elección de representante a la Asamblea de Santa Cruz del Sur para probar su adhesión al General Calixto García, que había sido destituido en ese momento. Posteriormente participó en la delegación cubana que viajó a los Estados Unidos acompañando a ese general , que murió el 11 de diciembre de 1898, justo durante esa visita.
Por esas razones Cosme de la Torriente no fue de los primeros en asumir cargos de trascendencia política en la República recién constituida, según sus propias palabras: “El estado de ánimo que me dominaba me hizo formar el propósito de alejarme por un tiempo de la vida pública”. Esos fueron los motivos que le impidieron participar como delegado en la Asamblea Constituyente de 1901.
Hacia 1898 la concepción que sostenía sobre las relaciones que debían mantener Cuba y los Estados Unidos resultaba compleja, en ella se manifestaba cierto exceso de confianza. Dirigiéndose a quienes pensaban que la independencia nacional se vería limitada por la injerencia norteamericana, indicó:
La resolución del 18 de Abril (Resolución Conjunta) está en pie (...). Si ella establece la renuncia de los Estados Unidos a toda disposición e intención de ejercer soberanía, jurisdicción o dominio sobre la isla de Cuba (...). ¿Por qué hemos de atormentarnos diciendo a diario que los Estados Unidos pretenden quedarse para siempre con la isla? .
(…)
No hay que suscitar dificultades al gobierno americano. Si aceptamos la intervención (…) tenemos que aceptar sus consecuencias y seguir la línea de conducta que ella se proponía. (…). Los americanos han intervenido en Cuba en nombre de la humanidad; y ante la humanidad tienen su palabra empeñada de crear en Cuba una república independiente. (…) Es indudable que nos llevan bien, y aunque nos guíen de la mano, debemos seguir, ya que nos conducen con acierto.
(…)
Entre los que han luchado con las armas en la mano no puede haber anexionistas. Sería negar la personalidad que ellos mismos han proclamado y reclamado para para el pueblo cubano (…) más, en cambio, todos hemos de estar acordes en que debemos al pueblo americano un gran servicio.2
Transcurridos unos años, reflexionando sobre estas declaraciones, reconocía como toda una desdicha la posterior imposición a Cuba de la enmienda Platt, hecho que calificaba cómo “un gravísimo error”. No obstante, ratificaría su confianza en los Estados Unidos de Teodoro Roosevelt.3
Durante la administración de Tomás Estrada Palma, habiendo rechazado algunas de las responsabilidades políticas que le ofrecieron, terminó por aceptar el cargo de Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario en España. Pero en 1906 al producirse la segunda ocupación norteamericana renunció a ese cargo, en carta que dirigió a Charles Magoon señaló:
Mi renuncia obedeció entonces, y por ello la he seguido manteniendo, al hecho de que moriría de vergüenza si después del espectáculo que hemos dado ante el mundo me viera obligado a volver a España a desempeñar mi cargo, y quien dice España, a ir con igual misión a cualquier nación (...). No puedo estar en ninguna nación, y menos en la que fue nuestra dominadora, representando lo que es la negación de las ideas que defendí, esto es, a la República de Cuba bajo la administración provisional de los Estados Unidos.4
A pesar de todo ello, significaba que la responsabilidad en los sucesos que condujeron a la segunda ocupación no la tenían los Estados Unidos sino los propios cubanos que, según su parecer: “Nada quisimos hacer, o por lo menos nada hicimos prácticamente para evitar lo que ha sido (…) la más grande vergüenza de nuestra historia".5
En 1907 formó parte de la Comisión Gestora de los fundadores del Partido Conservador Nacional integrada por líderes políticos que no habían tomado parte en la guerrita de agosto de 1906, entre ellos estaban Enrique José Varona y José Antonio González Lanuza. Una vez conformado este partido político, ocupó diversas responsabilidades dentro del mismo: Secretario General, Presidente de la Comisión de Organización y Propaganda, Vice-Presidente y ya en 1914, Presidente.
Los propósitos de Cosme de la Torriente con este partido fueron favorecer una suerte de equilibrio político a escala nacional, de manera que el país no volviera a caer en la anarquía generalizada que condujo a la segunda intervención. Pretendía que en Cuba, a imagen y semejanza de los Estados Unidos, pudiera funcionar con toda regularidad el sistema bipartidista. Fue este el único partido político donde militó Cosme de la Torriente en su larga ejecutoria como hombre público.
Durante la segunda ocupación norteamericana, Torriente presidió la llamada “Comisión Gestora del Partido Conservador Nacional”. Hacia 1907 se opuso a una fórmula política denominada “Solución Práctica”, propuesta que pretendía se eligiese un congreso cubano y que el poder ejecutivo estuviese en manos de un gobernador nombrado desde Washington. Cosme de la Torriente advertía que se debían producir elecciones generales en Cuba antes de que concluyera el mandato presidencial de Teodoro Roosevelt, quien se había hecho responsable de la ocupación militar y prometido restituir el gobierno propio a los cubanos. En ese momento tomó nota del peligro que representaba para los intereses hegemónicos de la oligarquía cubana y del imperialismo norteamericano la irrupción de una revuelta popular contra la ocupación extranjera. Al respecto el veterano mambí señalaba: “Es más seguro que aquí ocurran perturbaciones, más terribles aún que las que se imaginan, si con la perduración indefinida del gobierno extranjero, el pueblo cubano se convence de no recuperará su preciada independencia".6
Al concluir la ocupación y retirarse las tropas norteñas el Partido Conservador no pudo llegar al poder, pero Cosme entendía que esta agrupación había cumplido su rol histórico: “La misión de los conservadores se ha cumplido hasta ahora fielmente. Sin la existencia del Partido Conservador Nacional no habría habido elecciones nacionales, y sin éstas, tan ordenadas como lo han sido, no se hubiera podido restablecer la República con un gobierno liberal cual el del Presidente Gómez".7
Durante el gobierno de José Miguel Gómez, Cosme de la Torriente y Salvador Cisneros Betancourt denunciaron una serie de fraudes administrativos a través de varios manifiestos públicos del Consejo Nacional de Veteranos. Esos manifiestos de Torriente mostraban los fraudes del gobierno de turno y también se opuso a que antiguos elementos pro-españoles que fueron enemigos de nuestra independencia, estuvieran representados en el gobierno liberal. En ese momento había puesto a un lado sus posiciones anteriores del año 1898, que fueron favorables a una reconciliación con antiguas fuerzas integristas. Aunque estas críticas estaban dentro de la más clásica disputa entre el gobierno y la oposición, las denuncias hechas resultaron provechosas a los efectos de exponer los fraudes del gobierno de turno y movilizar a la opinión pública.8
Citas y notas
1-Cosme de la Torriente: Cuarenta años de mi vida. 1898-1938. Imprenta “El siglo XX” A. Muñiz y Hno. Brasil, 153 al 157. 1939. p. XXXVI.
2-Declaraciones publicadas en “Maceo. Semanario político independiente”, número 2, año I, La Habana, 20 de Octubre de 1898.
3-Cosme de la Torriente. Ob. cit., p. 10.
4-Carta de Cosme de la Torriente al Honorable Sr. Charles E. Magoon, Gobernador provisional de Cuba 27 de diciembre de 1906. En: Ibídem, p. 12-14.
5-Ibidem.
6-“El Partido Conservador y la solución práctica”. Publicado en el Periodico “Cuba”, de La Habana, 12 de diciembre de 1907. Citado en: Cosme de la Torriente. Ob. cit., p. 20.
7-“Mirando al porvenir”, enero 1909. En: Ibidem p. 25.
8-Cosme de la Torriente: Ob. cit., .p. 27 – 42.
