Apariencias |
  en  
Hoy es martes, 19 de noviembre de 2019; 10:16 AM | Actualizado: 19 de noviembre de 2019
<< Regresar al Boletín
No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 7 No 8 No 9 No 5 No 6 No 4 No 3 No 1 No 2
Página

Para un aniversario de la revista Universidad de La Habana

Luis Álvarez, 24 de diciembre de 2013

La revista Universidad de La Habana, la más antigua publicación universitaria de toda la región del Caribe, arriba a su centenario. Demoré bastante en saber de su existencia. Para ser enteramente franco, vine a conocerla a fines de 1974, cuando ya estaba en cuarto año de la licenciatura en Lenguas y Literaturas Clásicas. La verdad sea dicha: una sola vez, a lo largo de la carrera, una profesora —Mercedes Santos Moray— le indicó a mi grupo de licenciatura en Letras la lectura de un artículo, pero del desaparecido Boletín de las Escuelas de Letras y Periodismo. Era un excelente trabajo del formalista ruso Tomachevski. Sin embargo, jamás se nos recomendó leer ningún artículo de una revista que, sin embargo, como supe después, era una de las más antiguas en toda Hispanoamérica. Creo que ese silencio era más que injusto: la revista formaba parte de la más hermosa tradición intelectual no solo de la universidad de La Habana, sino también de la nación. Lo menos que se podía esperar era que una publicación periódica emanada de la más prestigiosa casa de estudios de la isla. Hablo, desde luego, de mis años de estudiante, en aquellos difíciles años setenta. Espero que en el presente sea leída como merece. En verdad, durante el tiempo en que me tocó —por razones misteriosas, a mi parecer— fungir como editor de ella, pude revisar muchos ejemplares antiguos en la oficina que se le destinaba en el mezzanine del edificio de la calle L, entre 21 y 23 en El Vedado, donde radicaban entonces el departamento de Extensión Universitaria —al cual pertenecía la venerable publicación— y la Facultad de Economía. Y ciertamente, a lo largo de décadas, la revista Universidad de La Habana no dejó de publicar trabajos de gran relevancia cultural y no solo académica.

Así pues, cuando Luisa Campuzano, hoy ensayista notable y entonces una joven, bulliciosa y brillante profesora de la entonces Escuela de Letras y Arte de la Facultad de Humanidades —de pronto me parece estar hablando del Plesiosaurio, tanto tiempo ha transcurrido—, me propuso que, en mi práctica pre-profesional —entonces se llamaba a esto “inserción”, creo que ahora “práctica de producción”, el nombre es lo de menos—, trabajase con ella, entonces directora de la para mí desconocida revista. En ese momento mi situación como estudiante era más bien peculiar. Había pasado unos cuantos semestres en la zona del Escambray, en un plan multivalente que tenía la escuela de Letras y Arte en esa región —mezcla de investigación sociológica, acciones culturales e intervención comunitaria—. Era un proyecto académico poco común, que tenía al frente a la Dra. Graziella Pogolotti, cuyo magisterio resultaba, desde luego, el factor positivo de aquel alejamiento tanto de las aulas, como de la entonces muy estremecida vida cultural habanera Luego de un par de años allí, solicité y obtuve reintegrarme al plan de estudios normal. Eso significaba incorporarme a otra tarea del sistema de práctica preprofesional. De ahí la oferta de Luisa Campuzano.

El trabajo de la revista resultó bien poco común, y por eso mismo derivó en un aprendizaje absorbente. Si había un local para ella, nunca lo conocí. Mi labor también era más bien indefinida: mecanografiaba los manuscritos, ayudaba en la revisión de galeras, me ocupaba a veces de diálogos necesarios con algunos autores. Todo, por tanto, era muy poco convencional. Al mismo tiempo, resultaba una manera singular de aprendizaje, en primer lugar porque la lectura editorial —como solo sabe quien ha tenido que realizarla— es una operación intelectiva muy diferente de la que se realiza por otras razones, ya sea de placer, de información o de estudio. Uno se enamora del texto mismo; no de uno en particular, sino de esa construcción inconsútil de significados. Se aprende a mirar los entresijos de la escritura, y no tan solo sus apariencias de significado “rápido”. La pupila se transforma, y ya nunca puede volver a ser una ingenua y pasiva abertura circular del iris. Luisa se ocupó —con esa mezcla de ingenio, ironía y amplio saber cultural— de que aprendiera algunos rudimentos del oficio. Pero todavía era muy joven: estaba de nuevo en La Habana —conciertos del Amadeo Roldán, cinematecas, teatro—, tenía montones de amigos, y, como suele suceder a los veinticuatro años, andaba enamorado. No tenía demasiado espacio interior para las destrezas editoriales.

Algo de ese período 1974-1975 recuerdo con especial estremecimiento interior. Luisa Campuzano me hizo ocuparme especialmente de un ensayo que iba a ser publicado —y así ocurrió, no recuerdo en qué número—. Se trataba de un examen lógico de la categoría lingüística del tiempo; era un enfoque desconocido para mí, que había estudiado una gramática desde un estricto punto de vista morfo-estructural. Lo más fascinante no radicó solamente en la revisión editorial, una y otra vez, de aquel trabajo: tuve que entrevistarme con su autor, uno de los intelectuales más brillantes y originales de aquellos años, el Dr. Justo Nicola, uno de los pocos especialistas en Lógica de aquel entonces  —¿seguirá alguien sus pasos hoy día?—. Dialogar con aquel anciano, inquietantemente parecido a una foto de Einstein, constituyó una se esas experiencias de aprendizaje que todo muchacho debiera experimentar en su vida. Por eso, y por otras tareas de escolar sencillo, aquellos meses en la revista Universidad de La Habana me sirvieron más que alguna que otra asignatura de mi plan de estudios de entonces.  Y esos meses de rudimentario trabajo editorial que realicé, me dieron suerte. Cuando fui ubicado al graduarme, se tocó regresar a mi ciudad natal. Allí, como mi expediente consignaba ese breve período de trabajo con la revista Universidad de La Habana, un joven rector de la universidad agramontina, el Dr. Juan Vela Valdés, creyó erróneamente —y nunca tuve el coraje de desmentirlo— que aquel muchacho recién graduado que le había sido asignado, era un tipo ducho en el complejo mecanismo  de toda revista universitaria. Me encomendó fundar la de la universidad de Camagüey. Decidí hacer como el jovencito hacedor de campanas de Andrei Rubliov, aquel filme perfecto de Andrei Tarkovski. Dije que sí, que podía…, con toda la tonta suficiencia de la extrema juventud, y el estímulo que significaba que, si declaraba no saber, sería ubicado en un municipio muy lejos de mi casa. Bueno, al menos logré publicar dos números de aquella nueva revista. Y entonces fui trasladado de nuevo a la universidad de La Habana, Pasó algo más de un año de estricto trabajo docente, cuando la profesora Marlen Domínguez me pidió algún artículo para la revista Universidad de La Habana, donde estaba trabajando. Le di un antiguo trabajo escolar, sobre los criterios lingüísticos de Varela. Y allí comenzó otra historia. Ella lo llevó al flamante editor de la revista, Ambrosio Fornet, quien me envío unas líneas muy halagadoras sobre aquellas páginas mal pergeñadas, y me pidió que fuera a verlo. Esto abrió mi segundo período de aprendizaje en aquella publicación.

Fui a una oficina —ya había una— a conocer a Fornet. El resto no hay que contarlo: quien conozca a Ambrosio, sabe que, entre otras características personales, es un conversador fascinante. Que conste que en aquellos días mi campo de trabajo en la universidad, eran el latín y la lingüística. A Ambrosio eso no le importó para nada, y empezó a hipnotizarme para que escribiera crítica literaria. Imposible negarse: si lo hubiera hecho, posiblemente hubiera perdido la posibilidad de pasar largos y absorbentes ratos en aquella oficinita, oyendo, único interlocutor, a Ambrosio Fornet hablar de literatura. Así que empecé a escribir unas reseñas desmañadas, que él más como maestro que como editor se encargaba de atusar. Han pasado cuarenta años y recuerdo perfectamente aquellos sabrosos paliques, en que aquel editor-mentor pasaba, con absoluta frescura, del Nouveau Roman a Bajtín, del cuento en Cuba a la narrativa norteamericana. Por más que interiormente trataba de defender la vocación lingüística, Fornet le minaba el terreno cada día. Por culpa suya me dediqué a la crítica y la investigación literaria. Espero  que hoy le remuerda bastante la conciencia por ello.

Después vino el absurdo. Ambrosio dejaba la revista para ir a trabajar al ICAIC. Evidentemente, era un mejor lugar para su talla intelectual. Debió de haber tenido premura en proponer un substituto rápido, para que no le obstaculizaran burocracias de traslados entonces tan tremendas.  Así que me propuso a mí. Claro, el astuto conversador atenuó —solo un poco— mi sensación de terror de encargarme de algo que desconocía. Y tuvo que cumplirlo: durante un buen tiempo, fui a fastidiarlo a su casa, para tratar de paliar mi arrasadora ignorancia.

El listado de barrabasadas que cometí en los primeros tiempos, todavía me ruboriza. Valga una de ellas. Ambrosio me advirtió que nada es más riesgoso que un índice, pues parece tan sencillo que el editor más pinto se distrae y no le presta atención suficiente. Así fue. Hubo un número del que no quiero acordarme, en que por torpeza mía apareció un ensayo del destacado crítico Ricardo Repilado, a nombre de Ricardo Regalado. La explosividad de carácter del afilado santiaguero era más que proverbial, así que hubo quien me aconsejó cambiar de trabajo y de provincia, salir del país, o tomar alguna otra solución extrema. Pero nada ocurrió, y aquel disparate fue el inicio de una amistad perdurable con Repilado.  No todo fue angustioso, y aquella oficina pequeñita siguió siendo para mí un taller de aprendizaje, ya fuera la revisión de un excelente ensayo de Nancy Morejón sobre Cecilia Valdés y luego mi primera conversación profesional con ella. O un intercambio de opiniones con la filósofa Zaira Rodríguez Ugidos sobre un interesante artículo suyo. O, para seguir la tónica que habían impuesto generosamente primero Luisa y luegoAmbrosio, el promover que estudiantes de carreras humanísticas publicaran en Universidad de La Habana, así publicó allí, por ejemplo, del entonces estudiante Jorge Luis Arcos. Ambrosio había establecido un principio de gran valor: las cubiertas —y también viñetas interiores— se encargarían a artistas plásticos; hubo que apelar mucho al dibujo a línea, porque la revista era pobre y no podía permitirse una alta y variada calidad cromática. Así hubo cubiertas sobre dibujos —por cierto que especialmente realizados para ellas— tanto de un consagrado Portocarrero, como de una jovencita llamada Zaida del Río. Todo ello exigía un trabajo múltiple y sin descanso: así fui de nuevo mecanógrafo, recadero, corrector de galeras y de planas, a veces repartidor, y diplomático discutidor de diseño—Chamaco, encargado de este, era muy profesional, pero tenía malas pulgas—.

En esa época llegó a haber un pequeño equipo de trabajo. El jefe de redacción era el narrador y crítico Bernardo Callejas, que se convirtió en un amigo para toda la vida. La mecanografía corrió a cargo de una muchachita, simpática y eficiente, Verónica Soto Hiller. Había una sección de noticias universitarias, que corría a cargo de la periodista Grisel Remigio. Como en muchas publicaciones periódicas, hubo cierres que hubo que hacer a lo largo de una interminable madrugada. Era duro, pero fue una aventura intelectual inolvidable. Y ante todo, al menos en mi caso, una escuela de cabal aprendizaje y una inolvidable aventura cultural.

María Virginia y yo
Sindo Pacheco
K-milo 100fuegos criollo como las palmas
Francisco Blanco Hernández y Francisco Blanco Ávila
Enlaces relacionados
Reforma constitucional
Decreto No. 349
Editorial Letras Cubanas
Editoriales nacionales
Editorial Capitán San Luis
 
Página
<< Regresar al Boletín Resource id #37
No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 10 No 7 No 8 No 9 No 5 No 6 No 4 No 3 No 1 No 2