Poemas de...
Yunier Riquenes García (Jiguaní, Granma, 1982). Narrador, poeta y escritor radial cubano. Miembro de la AHS, la UNEAC y del Grupo de Narrativa Hacedor. Es egresado del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Forma parte del consejo de redacción de la revista SiC y dirige la revista Caserón de la UNEAC. Ha recibido numerosos lauros por su obra tanto narrativa como poética. Su poemario Claustrofobias mereció el Premio Pinos Nuevos 2009. Otros galardones: premio Cauce 2002 y el Razón de Ser 2005, de cuento; el de poesía Mangle Rojo (Isla de la Juventud, 2007) y la Beca de Creación Silvestre de Balboa (Camagüey, 2009). Colaboraciones suyas aparecen además en La Demajagua, La Letra del Escriba, A contraluz, Del Caribe, Cauce, La Gaceta de Cuba, El cuentero, Revista Matanzas, Ideas en Feria, Juventud Rebelde, El Tintero, El Mar y la Montaña, Ventana Sur, El Caimán Barbudo, Esquife, La Jiribilla, Caserón, Amnios, Cubaliteraria y Sic.
TOCAR PUERTOS
Toco los puertos
después de largas travesías encima de los cruceros.
Conozco el mundo de extremo a extremo.
Me convierto en show man de madrugadas.
Soy un galán que enamora a una muchacha,
o soy la muchacha de los cabellos más rubios de la tripulación.
En las escalas cortas conocemos las plazas públicas
los arcos de triunfo, los puentes, las torres
y levantamos popa sin desempacar las maletas.
En las pocas horas libres intento dormir,
pero no puedo olvidar dos fragmentos de cartas:
1) …ahora lo tengo todo, madre mía, quiero traerte a conocer el mundo…
2) …hijo mío, te guardo una maceta de mamoncillos, de la mata nueva
del patio. Se están goteando, pero nadie los tocará hasta que vuelvas.
BRIGADA DE SEPULTURA
(Exhumación)
En la bóveda reposaban cuatro cuerpos.
La tía Cuca, a quien nadie llamaba Celeste.
Hacía los mejores dulces y el café más fuerte.
Siempre podíamos pedirle algo para comer.
La bisabuela Hilda,
guardaba sus alhajas en cofres escondidos
se quejaba de dolores en todas partes.
Bertha, la otra tía, destacada en la fábrica de textiles
y olvidadiza de las costuras de los hijos.
La prima muerta a fin de año
después de llegar de Puerto Rico
y conocer muchas ciudades del mundo.
Cuatro cuerpos en cuatro ataúdes
llenos de cucarachas y humedades
Cabellos, dientes y uñas crecidos.
Los hombres de la brigada no se sorprendieron ante nada,
bajaron al foso y sacaron los huesos
en telas roídas y madera podrida.
Unos con guantes y tapabocas, otros a mano limpia.
Los hombres limpiaron los restos del nicho con trapos viejos
separaron hueso tras hueso.
Alguno, seguramente,
se quedó con las cucarachas o se incineró con la basura.
Las cuatro mujeres de la familia se resumieron
en cuatro cajitas rociadas de polvo facial.
Pero solo la tía Cuca se envolvió en una bolsa de naylon.
De regreso a la bóveda uno de los sepultureros recordaba
que esa misma brigada había enterrado a la última mujer.
No lo decía porque la hubiera conocido,
lo decía porque aquella tarde, en aquel entierro,
lo habían picado las hormigas.
Y lo advertía ahora, bajo aquella planta florida,
había un hormiguero bravío.
