Poesía, creación y ¿mercado?
Voces autorizadas desde el ejercicio de la poesía y el desempeño institucional, valoraron multidireccionalmente la contradicción poesía / mercado a propósito del Festival de Libro y la Familia, desarrollado en la capital, a lo largo de la calle 23, como parte de las actividades conmemorativas por el 55 aniversario del triunfo de la Revolución.
Poesía, creación y ¿mercado?, panel convocado por el Centro Provincial del Libro y la Literatura de La Habana, en conjunto con la Dirección Provincial de Cultura de la provincia, reunió a los escritores Edel Morales, Katia Gutiérrez, Rito Ramón Aroche y Rafael Grillo, este último moderador de la mesa.
Los panelistas partieron de la tesis de que el consumo cultural y la industria van junto sde la mano en el mundo actual, no pueden ser indisolubles; desde el arte, la espiritualidad forma una unidad con la poesía. Este nebuloso tema centró la mirada de los presentes, lquienes consideran que convertir la poesía en un suceso rentable no es algo común, debe desecharse, de una vez y por todas.
De contradicción profunda, valoró el poeta y narrador Edel Morales, el tema abordado. Contraponer la poesía como espacio de circulación de un hecho artístico y el mercado como espacio de compraventa de objeto o producto, es algo que él considera dicotómico: “Habría que diferenciar ambas cosas, la poesía no es el soporte sobre el cual ella se sitúa, o sea, el libro, y la gente compra; nos hemos acostumbrado a la opinión de que el problema de la creación poética en su relación con el mercado es que no se vende o se vende poco; aquí se esconde una trampa profunda, para nada la poesía es el libro que se vende, de hecho, la gente compra más de lo que piensa nuestras estadísticas, cifras que muchas veces tratan de reflejar lo que nuestros editores apuestan por ella”, señaló.
El también actual vicepresidente de Relaciones Internacionales del Instituto Cubano del Libro y durante muchos años director del Centro Cultural Dulce María Loynaz, opina que "la poesía es un diálogo con el espíritu, espacio de libertad, de movimiento e imaginación, contacto entre seres humanos tensados a una sensibilidad determinada y espacio de circulación que se contrapone al mercado; es, además, espacio abierto, donde lo que importa es el movimiento del lenguaje y en donde se apuesta por la permanencia y el diálogo con el espíritu; mientras que el mercado es un espacio de compraventa “cuyo objetivo es obtener ganancias y en el cual se imponen reglas de funcionamiento basadas en la utilidad inmediata, es un espacio cerrado y limitado que apuesta por la velocidad de circulación, por lo efímero y lo utilitario, mas aún en estos momentos donde las cosas están hechas para que no duren demasiado; todo esto se contrapone a la lógica de la poesía, espacio de silencio e interiorización para que la gente pueda crecer”.
En su diálogo, resaltó que la poesía circula más allá de esos estrechos límites que la industria del libro trata de imponerle y aboga por el uso de las nuevas tecnologías en su comercialización, por lo que considera “son mucho más favorables para la circulación del libro en general y para la poesía en particular, la combinación del texto con la voz y la imagen puede recobrar algo tan esencial para el espíritu humano como es la poesía, puede recobrar su naturaleza original y su capacidad de diálogo así como la posibilidad de ser cada vez más aprendida”, concluyó.
Resume Morales, que hay que buscar nuevas maneras de que la poesía llegue a las personas: “Molesta muchas maneras en que la poesía es sometida a las presiones del mercado. Las editoriales construyen colecciones que no tienen en cuenta la naturaleza específica de la poesía, no destacan las bondades que pueden ser atractivas para determinado lector. De ahí las notas de contracubierta, que pretenden ser maravillosamente académicas y que no dicen nada a un lector de poesía y, por el contrario, reducen esos instrumentos de venta y matan la naturaleza del género, además de limitar su capacidad de ser comercializada; o los mecanismos de promoción que en nada favorecen esa posibilidad de llegar al otro y circular de una manera más natural. Pienso que la manera en que se diseñan y distribuyen las colecciones editoriales, así como lo poco que saben los libreros de la poesía, contribuye a su poco movimiento y venta”.
Poesía vs institución
La poeta y narradora, Katia Gutiérrez, relevante creadora de la nueva hornada poética de la Isla, cuestionó sobre esa zona imprescindible del mercado: el consumo. En tal sentido, tiene que ver, según su apreciación, con el dónde y cómo se consume la poesía, además de las circunstancias. Aprecia que en los años noventa floreció la poesía y la literatura en general en Cuba: “Increíblemente hubo explosión de las plaquette, se consumían mucho, vendidas a precios muy baratos y esto obedeció a las circunstancias. Ahora, muchos años después, todo eso cambió, a pesar de que hemos logrado volver a los libros con cubierta policromada y papel de más calidad. El consumo de esa literatura, específicamente la poesía, ha bajado hasta el infinito”.
Y continúa reflexionando: "En la medida en que hubo una mejoría material progresiva, se deterioró el espíritu", afirmó la también especialista del Centro Cultural Dulce María Loynaz, y concluye: "La influencia de otras zonas de consumo como son la Internet, con millones de Blog de poesía, mala y buena pero que se publica, influye, allí no hay dinero, se percibe la intensión de la gente de sobreponer el espíritu, de escaparse a Amazón.com y a las superventas, florecer la necesidad de comunicarse, eso es la poesía, vamos a sobrevivir a la literatura de cordel y otras cosas alternativas -no en Cuba, pero sí el resto de Latinoamérica- que no son la literatura que se vende por las grandes editoriales”.
Contra la veleidad institucional y su estructura abogó esta poeta, también por un consenso desde la poiesis para liberar esa especie de maldición contra la poesía y ver qué pasa con nosotros, qué pasa con nuestras circunstancias y tratar de apostar desde la creación en su estado más puro, seguir volcando la guerra con las distribuidoras, con los funcionarios que no entienden y lograr salvar la poesía.
Cosa de poeta: multiplicidad de rostros en los medios.
Rito Ramón Aroche, en el debate, sustentó su afirmación en criterios autorizados como el del escritor, poeta y crítico uruguayo Eduardo Milán: “La poesía es cosa de poetas y circula entre poetas elegidos”. Considera vital mirar el fenómeno desde los contextos, por ello, aclara: “a veces se dice que la gente no lee poesía por la incidencia de las nuevas tecnologías pero no sucede así en todos los países. Si hay una baja en la poesía que se hace en Cuba habría que ver dónde está el problema”.
Más adelante refirió su experiencia como especialista del ICL respecto a las estadísticas sobre consumo de poesía en nuestro país, que da como positivo al mismo, especialmente de poetas cubanos como Dulce María Loynaz, César López, Miguel Barnet, Nancy Morejón y otros notables creadores del pentagrama poético del país. ¿Por qué esos rostros solamente? Según Aroche, se debe a que “son escritores que están relacionados con los medios de difusión, son los que la gente ven todos los días en la televisión y los identifican. El libro cubano posiblemente tenga dos rostros nada más: Daniel Chavarría y Leonardo Padura, este último ha buscado la manera de que su obra tenga rostro a través de sus artículos, opiniones. A la gente le gusta saber cómo piensan los escritores, no solamente la historia que nos narran o la poesía tan bella que escriben. El caso de Chavarría es como que algo mediático dentro de los medios. De ahí para ya no se a conoce nadie más. Un poeta sale una sola vez en los medios y adiós”.
No le asombra a este intelectual el hecho de que en otros lares exista un público adepto a la poesía como es el caso de Colombia, con su Festival de poesía en Medellín, que aglutina a miles de seguidores en torno a los versos y así lo refiere: “Hay muchas personas pero ni compran ni leen. A mí me gustaría que la poesía nunca tuviera un valor comercial, me apeno por los que claman que la poesía se venda como chorizo, tiene un valor intrínsecamente ontológico que va al espíritu, no da dinero”.
Las personas muestran cierta resistencia a la idea mercantilista de la poesía y es necesario rescatar y salvar su consistencia tal cual concluyó el escritor y editor Rafael Grillo: “Tenemos que pensar cómo sobrevivir hoy a la lectura, al hecho de leer en medio de un mundo que se está llevando a lo audiovisual”.
