Manada: un ladrido por la igualdad
La fuerza de la palabra es más poderosa que las garras
Aforismo bioético
Manada, de Irina Davidenko, es el título del estreno que llevara a las tablas de la sala «El Sótano» la cincuentenaria compañía Rita Montaner, con dramaturgia, puesta en escena y dirección artística y general del teatrólogo Fernando Quiñones Posada.
La trama de esa divertida puesta en escena se desarrolla en el seno de una manada de canes, donde —al igual que en una comunidad humana— prevalecen la traición, la envidia, la exclusión del otro «diferente», la ambición de poder y todas las bajas pasiones que caracterizan a los denominados «seres racionales» (¿?).
El elenco está integrado por Ariel Gil (Flecha, el guardián), R3y LlandCad (Rubio, el espía), la actuación especial de Luis Crespo (Mota, el jefe de la manada), el actor invitado Jorge Medero (Rancio, el alguacil), Meilyn Cabrera (Mancha, la pepillona), y Cinthia Paredes (Cleo, la gata).
En ese contexto sui generis, Mota debe cumplir una peligrosa misión (destruir el complot de los mininos para apoderarse de una pescadería, donde se comercializa la claria), y decide dejar al frente de la manada a Rancio. Sin embargo, Rubio se vale de la intriga y el rumor malintencionado y convence a Flecha, para perpetrar un «golpe de estado» con la intención de destituir a Rancio, designado por Mota; y en consecuencia, que aquel asumiera la jefatura por tiempo indefinido.
Flecha muerde el anzuelo y les notifica a los demás integrantes de la manada que ha sido nombrado su máximo representante. Ahora bien, a cambio de ese «favor» debe consentir que Rubio corteje a Mancha, su hermana, y aprobar la «unión conyugal» entre ella y la «pata» derecha del nuevo jefe, quien acepta el trato.
Pero, lo que ignoran los miembros de la manada es que Flecha tiene una relación homoerótica con Rancio, expresión inequívoca de que la relación íntima entre «seres irracionales», independientemente de la especie animal a que pertenezcan, existe y no puede calificarse de enfermedad o vicio, como erróneamente suele hacerlo la mayoría de los humanos.
Por otra parte, Rubio propala la noticia de que Mota se ha inmolado en el enfrentamiento con las hordas gatunas… hasta que un buen día reaparece el verdadero jefe de la manada, descubre la traición de que ha sido objeto por parte de Flecha y lo reta a un duelo a muerte. Pelean con ferocidad canina, pero Rancio intercede a su favor, y el guardián confiesa delante de todos el amor perruno que siente hacia el alguacil.
Al parecer, casi todos los mejores amigos del hombre se oponen a esa aparente unión contranatura. Entonces, aparece en escena la gata pacifista Cleo, amante de Flecha, y los convence de que la diversidad sexual debe respetarse y que los animales (y las personas, sin exclusión alguna), tienen el derecho inviolable a la igualdad.
Después de la consabida resistencia tanto a que dos exponentes del sexo «fuerte» mantengan una relación homoerótica, así como de que un perro pueda ser pareja de una gata, se acepta la proposición formulada por Cleo, y en el seno de la manada reinan —finalmente— la paz y el amor.
Las situaciones hilarantes que se presentan en dicha obra hacen reír al auditorio, pero, al mismo tiempo, lo invitan a reflexionar acerca del mensaje ético-humanista que se le propone, y que, lamentablemente, la vigente programación socio-cultural no acaba de interiorizar para modificar —desde la raíz— las arcaicas estructuras mentales que bloquean el desarrollo de una sociedad donde la igualdad y la diversidad sexual constituyen un derecho inalienable de todos.
No quisiera finalizar esta crónica, sin antes destacar el hecho de que los artistas que participan en esa puesta hicieron realidad la antológica frase de que un verdadero actor o actriz siempre lo es en cualquier medio en que se desenvuelva (manifestación indiscutible de integralidad artística), ya que, en el proscenio, no solo tuvieron que actuar, sino también bailar (hasta un fragmento del ballet clásico El Lago de los Cisnes), al compás de una banda sonora que facilita el exitoso desenvolvimiento de la trama.
De una forma humorística por excelencia, Manada deviene un llamamiento urgente a favor de la igualdad y en contra de la desigualdad y la intolerancia prevalecientes en la sociedad humana desde tiempos inmemoriales.
