«Algo muy humano vibra en sus páginas»
Muy sensorial, que escribe desde la piel, desde el olfato, desde la pupila, desde los intríngulis del recuerdo; seguramente no tomará la ruta equivocada hacia su nombre. Si le agregamos que su estética ensayística influye magistralmente en su poética y casi viceversa, que ha estudiado la poesía martiana desde una perspectiva muy personal, el lector alegará con toda certeza que se trata de Caridad Atencio.
A la poeta, ensayista e investigadora auxiliar del Centro de Estudios Martianos estuvo dedicado el más reciente espacio El autor y su obra, con el cual el Instituto del Libro distingue a escritores icónicos dentro del escenario literario contemporáneo de la Isla. Para disertar sobre la poética y prosística «atenciana» la tarde del pasado miércoles en la Biblioteca Rubén Martínez Villena –cita en la Habana Vieja- se reunieron en panel los escritores Tony Almenteros, David Leyva, Charo Guerra y Lina de Feria.
«Uno experimenta un desajuste, una inconformidad y un éxtasis con el mundo. De ese forcejeo nace la poesía?» Y de palabras como estas, incluidas en El libro de los sentidos, surgen disímiles lecturas como las de Charo Guerra, para quien este es un texto sin subterfugios, aunque sí con estrategias estructurales. .jpg)
En él se percibe una combinación estremecedora de imágenes y textos en las que los últimos se subordinan, se concilian y complementan en las primeras. Cada poema rebaza la concepción moderna del género, esgrime líneas que dejan la certeza de continuar reescribiéndose incesantemente. Porque, sobre todas las cosas, en El libro de los sentidos, Caridad Atencio “se explica a sí misma”.
Al leerlo, confesó Guerra, tuvo la impresión de que para la autora, como para Neruda, «no es fácil matar el claro de luna». «La tradición late en sus prosas poéticas, donde nos propone cierto modo de sentir, de vivir. Algo muy humano vibra en sus páginas».
Por su parte, el escritor Tony Almenteros señaló que la poesía de Caridad es una especie de fotografía de familia, «en ella encontramos figuras emblemáticas como la madre, la hermana, la suegra». Después abundó en otras zonas «atencianas» como la personalización, inaugurada en Los Poemas desnudos. También apuntó que de su obra ensayística se infiere su infinito amor por la poesía.
Para David Leyva, Atencio es una Maestra -en mayúsculas-, de la recepción de los poemas de José Martí. «Antes de ubicar su voz, siempre muestra al lector las polémicas generadas con anterioridad en torno a la obra en cuestión. Por eso resulta evidente que una de sus premisas ha sido encontrar lo genésico de la poesía del Apóstol», apuntó.
Estas características las recordará el lector de textos como Recepción de Versos Sencillos: poesía del metatexto (2000), Génesis de la poesía de José Martí (2005), Circulaciones al libro póstumo (2005), De algunos poetas románticos mexicanos en Martí (2005), Un espacio de pugna estética (2006) y La saga crítica de Ismaelillo (2008).
Pero si algo destaca realmente en esta obra versátil que se proyecta con luz y sendero propios, es «la depuración y tacto vibrátil de su génesis, el peso de su reflexión». Así lo valora la escritora Lina de Feria, para quien la autora de Los viles aislamientos (1996), Umbrías (1999), Los cursos imantados (2000), Salinas para el potro (2001) y La sucesión (2004); muestra una manera otra de buscar lo soterrado de la sensibilidad humana y devela las máscaras impuestas por la vida, en el sentido lezamiano de la frase. «Hay en ella un escritor sanguíneo», culminó de Feria.
Licenciada en Filología en la Universidad de La Habana (1985), Atencio no solo ha irrumpido en la poesía y ensayística contemporánea con un copioso y bien calibrado número de libros; también ha recibido varios reconocimientos como el Premio de la Crítica con El libro de los sentidos, y la Distinción por la Cultura Nacional.
La misma sobriedad o contención perceptible en su estilo «prosopoético» caracterizó la intervención de Caridad Atencio durante el homenaje a sí misma el cual, recalcó, es también para varios autores de su generación. Sin embargo, fue con un regalo de la protagonista que cerró telones la velada vespertina. Regalo para la audiencia y muy especialmente para Lina de Feria, a quien Atencio dedicó uno de los dos poemas con que nos encantó.
«No había perdido la capacidad de asombrarme, razón suficiente para que todas las cosas pasaran sobre mí como molinos». He aquí, el «escritor sanguíneo» y aquel algo vibrante de sus páginas.
