Una vez más, Corazón en la Feria Internacional del Libro
Una gran alegría y la satisfacción de una no menor necesidad nos propicia Arte y Literatura, dentro de su colección Huracán, en la celebración anual de las letras en Cuba, este mes de febrero: la aparición, una vez más, de Corazón. Diario de un niño, del escritor y periodista italiano Edmundo de Amicis (Oneglia, 1846 – Bordighera, 1908). La más reciente entrega de esta obra había visto la luz, por la misma casa editorial, en 2007, en una edición que, aunque tenía una tipografía demasiado pequeña —incómoda a cualquier lector, sobre todo a los escolares—, contó con un excelente prólogo de la doctora María Dolores Ortiz, que ha seguido acompañando a este diario tan peculiar.
Corazón es un elogio sublime a la labor educativa de la familia y la escuela, sin amonestaciones ni moralejas. Sus enseñanzas y ejemplos fluyen inmersos en la narración. Así, el autor nos sorprende ante las artimañas que los excelentes pedagogos y padres idean para curar heridas del alma y traer mayor felicidad al entorno social donde se desarrolla esta historia que, novelada a manera de diario, aborda la vida cotidiana de un niño en su escuela primaria, en una Italia que acababa de unificarse luego de sangrientos años de guerra, donde todos ponen su granito de arena para hacer la existencia más llevadera.
En el decurso de los capítulos —diez: uno para cada mes del curso escolar, subdivididos, a su vez, en subacápites marcados por fechas de días específicos— florecen los mejores sentimientos de camaradería, humanismo y caridad, típicos de todas las posguerras, lo cual debiera alertarnos de que bien vale la pena eternizar estos comportamientos en un entorno social y mundial como el actual, donde las condiciones pueden ser similares a las de estos infantes, de diferentes estratos sociales, intereses, familias y orientaciones ideológicas, en cuya moral y la educación hacen mella más fácilmente la agresividad, la rivalidad y la frustración.
Corazón despliega un amplio sistema de personajes: al menos diez escolares y otros tantos adultos se dibujan de manera muy precisa, con un diseño muy sólido y una profunda caracterización psicológica, como seres humanos de carne y hueso, que podemos conocer y apreciar de cerca.
El personaje principal, Enrico, es un niño meditabundo, sociable, generoso, sensible y buen amigo y compañero, siempre guiado por dos padres de oro que se manifiestan a veces severos y estrictos —sobre todo, en relación con el estudio y el respeto a los maestros—, pero siempre cariñosos y atentos a las necesidades espirituales y materiales del hijo y su hermana Silvia. Ambos hermanos protagonizan uno de los más hermosos episodios en el acápite titulado “Sacrificio” cuando, tras escuchar a sus padres hablar con preocupación sobre la falta de dinero, idean un plan para recortar sus propios gastos en la casa.
Los maestros y el director se presentan como personas responsables, éticas, pacientes, modelos de sabiduría, agradables, justos y muy observadores, y a pesar de sus propias dolencias físicas, bien preparados, tanto en sus conocimientos como en el trato con sus educandos. Triste e impresionante es el capítulo de la muerte de la maestra tuberculosa, en una época en la cual no existían los antibióticos y cualquier catarro podía complicarse hasta la fatalidad, amén de las debilidades causadas en los organismos expuestos a las típicas situaciones extremas de una guerra que acababa de finalizar.
Muchos adultos rechazan este libro por hallarlo lacrimoso y sentimental, incluso le achacan un exceso de didactismo, pero tales rasgos responden a los recursos empleados por un autor aún influenciado por el romanticismo —la obra fue escrita en 1886—, aunque, por su valor histórico, su contenido pudiera catalogarse, mayormente, como realista, pues retrata minuciosamente una época y un ambiente muy precisos.
En este sentido, la descripción es uno de sus mayores logros literarios, pues a través de los ojos de un niño, De Amicis nos detalla la sociedad italiana de finales del siglo XIX y los sucesos que en ella ocurren: los accidentes de los obreros que trabajan en oficios peligrosos sin protección, las personas que mueren de frío por las nevadas, el niño que carga leña desde las 5 de la mañana por ayudar a su padre…
En el diario de Enrico ocupan una posición humilde, pero importante, los mensajes que le escriben sus padres, en los cuales ensalzan la profesión del maestro, la solidaridad entre los estudiantes, la consideración entre los amigos, el valor de la familia y el respeto a las madres y a la patria como bases de una civilización y una cultura. Son igualmente relevantes los llamados “cuentos del mes”, que el maestro manda a copiar y leer en clase —literatura dentro de la literatura, y efectivos puntos de giro dentro de la dramaturgia del texto—. De cada cuento, debatido en el aula, se extraen sus enseñanzas, para realizar una composición que será premiada con una medalla; por lo que funcionan, a la vez, como una sutil campaña por la lectura y la recuperación de valores, vigente para muchas escuelas cubanas y, con seguridad, de otros lugares del mundo.
Resalto la inclusión del relato titulado “De los Apeninos a los Andes”, uno de los más extensos y llenos de peripecias, ubicado casi al finalizar el libro y el curso, el cual, por su alto valor dramatúrgico y educativo, ha sido adaptado a distintos formatos audiovisuales en diversos países —recordemos una versión japonesa transmitida no hace mucho tiempo en Cuba—). En él, Marco, un pequeño niño, atraviesa medio mundo en busca de su madre, una genovesa que se fue a trabajar a Argentina y ya se ausenta demasiado tiempo de su hogar. La valentía del pequeñuelo lo salvará de infinidad de tropiezos y lo llevará al rescate de su progenitora, rendida ante la lejanía de su familia y su país.
Otros personajes infantiles del libro son Derossi, el más inteligente del grupo; el vanidoso y alardoso Votini; el malvado, cínico y provocador Franti; el noble, fuerte y leal Garrone, protector de los débiles; Precossi, un niño maltratado constantemente por su padre alcohólico; Estardo, un supuesto bruto que se abre paso en los estudios a golpe de estoica voluntad; Garoffi, negociante y buen matemático; Coretti, trabajador y responsable por su madre enferma; Nelli, un pequeño con deformaciones en su cuerpo; el Albañilito, hijo de un obrero de la construcción.
Lección de vida nos ofrece Corazón, texto que invito a poseer más que a leer, a conservar para nuestra descendencia, para construir un futuro donde la limpieza de alma reine y, con ella, la paz.
