El amor de los amores
El término «clásico», según el electrónico y eficiente Larousse con que cuenta mi añeja máquina, proviene de una locución latina, classicus, que significa, ni más ni menos, que de primera clase. Y justa es esa definición, la de un regalo clásico, de primera clase, la que se ajusta al tema de estas líneas.
La Editorial Arte y Literatura, en su sello Argos Teatro, lanza al ruedo la publicación de la historia del más tormentoso y conocido de los amores. La trágica pasión de los amantes de Verona, que prefirieron la muerte antes que estar separados, regresa a nuestras páginas. Romeo y Julieta, ese texto inagotable de la pluma genial del inglés William Shakespeare, está otra vez disponible para los lectores cubanos.
De su autor, hay muy poco que añadir. El poeta, actor y dramaturgo británico está considerado no sólo el más importante escritor en lengua inglesa (valga repetir esa frase hecha, la lengua de Shakespeare), sino uno de los mas notables de la literatura de todos los tiempos. Sus obras teatrales siguen hoy siendo un reto para los actores y, como clásicos que son, todavía tienen mucho que aportar y que enseñarnos. Que un escritor nacido en 1564 siga vigente, es suficiente prueba de la calidad y alcance de su creación.
De la escalofriante y romántica historia de los amantes por antonomasia, son por igual pocas las revelaciones que pudieran quedar por decir. Sin embargo, esta edición de Romeo y Julieta cuenta con un magnífico prólogo de la doctora Beatriz Maggi, que resulta de enorme utilidad antes de encarar la lectura. Y aunque dicho introito es muy provechoso para cualquiera que se acerque al texto, recomendamos en especial a los estudiantes leer con atención esos apuntes. No son pocas las armas que descubre la profesora para internarse mejor preparados en las páginas de este libro. El análisis que hace Maggi de la obra revela, entre otros tópicos, los antecedentes en que se basó Shakespeare para escribir. Alguna que otra clave importante para entender mejor la trama y, en especial, los aportes y críticas sociales, que a través de esta y otras de sus creaciones hace el autor.
Sólo un botón de muestra. Resalta la prologuista las intenciones del dramaturgo británico, en su duelo contra convenciones y un orden social decrépito y en plena decadencia: enfrentar y derrotar a un estatus que se derrumba, pero que no pasará sin cobrar en dolores su precio y que dará paso a un orden tampoco exento de sombras, y para ello escoge la fuerza indetenible del amor adolescente. Ese primero, ese incomparable. La pasión irrefrenable, no desenfrenada, de esta pareja, pasa por encima de anquilosados conservadurismos. Se hace valer, se funda y se realiza a pesar de todo. A pesar, incluso, de sus propias vidas.
Esa muy joven Julieta es un símbolo de firmeza, de seguridad, en tanto asume con plena madurez su amor. En lugar de esperar cortejos eternos, da rienda suelta a sus ardores, no por ligereza, sino por verdadero y sincero sentimiento y se entrega, tal lo hace su amado Romeo. “En esa seguridad célebre, en ese pasmoso amar y saberse amado, radican la esencia y la envergadura del suceso. Los lúcidos catorce años de Julieta le autorizan a hacer proyectos para los dos (…) Sólo una pasión tan señora y tan dueña, podría hacerle la guerra al mundo obsoleto en que surgió”, subraya Beatriz Maggi. Y muy adelantado el autor, añadimos nosotros, al poner tanto lastre, pensar e importancia, en el desenvolvimiento de un personaje femenino. Nada mal para la época.
Así pues, resta únicamente el invitar a la lectura de esta obra hermosa y terrible. Sin dudas, todo un paseo de primera clase por una obra que se ubica dentro de lo mejor de la literatura universal. El fino humor, la poesía, la tragedia, y por sobre todo, el amor y toda su fuerza en desatado universo, se trenzan en estas páginas. Recorrerlas, es asumir la certeza de experimentar el seguro placer de una gratificante y enriquecedora lectura. Que se abra entonces el telón y pase el amor a escena.
