Jean Portante: entre las palabras y el universo
De todos los poetas que conozco es el luxemburgués Jean Portante el más universal. Su condición de nómada, que lo ha hecho visitar y permanecer en distintos lugares de América y Europa, es quizás la razón de que su poesía haya adquirido el tono de lo que no pertenece más que al territorio del lenguaje.
Si bien escogió la lengua francesa para expresarse, no falta en su creación la promiscuidad con otros idiomas ni las analogías y entrecruzamientos lingüísticos. Ellos nos permiten adivinar que existe un punto de comunión en esta Torre de Babel cada día más globalizada e intercomunicada, testimonio de un desarrollo supuesto que no ha podido salvarnos de la crisis existencial. Y es ella precisamente, junto a la dificultad de la palabra para preservarnos de ese derrumbe, uno de los rasgos que distinguen a este escritor ciudadano del mundo, cuya lectura no es apta para lectores perezosos ni para quienes buscan en la literatura la complacencia desproblematizadora del mero goce estético y emocional.
De ahí la difícil misión de Jorge Miralles y Víctor Rodríguez Núñez al traducir para el lector hispano, algunos de los textos que integran esta antología titulada con acierto La reinvención del olvido y que incluye solo cuatro libros recientes de la treintena que Portante cuenta en su haber y que abarcan casi todos los géneros de la literatura sin que la distinción entre ellos parezca perceptible.
Quizás hubiera sido interesante recorrer en un solo volumen un poco de toda la obra anterior de este autor para mostrarnos cómo ha evolucionado desde las influencias baudelarianas, con las que se inició en su quehacer de los ochenta, hasta este modo propio y tal vez definitivo afincado en una renovación experimental que descansa en la pluralidad lingüística y que lo coloca a la vanguardia de las tendencias más contemporáneas sin que ello signifique el seguimiento de modas ni la asunción acrítica de la tan traída y llevada postmodernidad.
La antología que presentamos hoy al lector cubano está constituida por los libros El trabajo del pulmón, de 2007; En realidad de 2008; La reinvención del olvido, de 2011 y Lo que adviene y lo que no adviene, de 2011.
Cada uno de ellos se diferencia del otro pero en todos prevalece el afán por una escritura interrogadora, que más que respuestas alude a la pregunta como prueba de cierta imposibilidad de conocimiento y que encuentra en los significantes una manera de reelaboración de los significados, una angustia que es balbuceo y al mismo tiempo anulación de lo expresado en un constante esfuerzo de respiración donde el silencio ocupa un sitio protagónico más allá de las visibles y angustiosas huellas de un diálogo cósmico con los elementos primigenios de la vida.
“Puesto que tanto furor lanzado contra el muro del porqué no hiere ni al muro ni al porqué”, nos asegura Portante en esa sentencia que implica la inutilidad de la acción en un mundo donde partir (y nuevamente cito al autor) no es más que una metáfora de quedar. Y he aquí una manera de expresar la trascendencia en la abolición del sentido espacial y en aras de la memoria, para él ese olvido reiventado, donde el falso recuerdo es también realidad gracias al oficio o la necesidad de escribir.
La pluralidad lingüística que parte de su origen italiano y se completa en las diversas lenguas que domina el poeta (no olvidemos el español que ha ocupado su labor de traducciones de tantos grandes de Latinoamérica, entre ellos: el chileno Gonzalo Rojas, los argentinos Juan Gelman y Diana Bellesi o los cubanos Eliseo Diego y Fina García Manruz) le ha permitido establecer analogías de significaciones entre autores que parecerían tan distantes como Jorge Luis Borges, T.S. Elliot y Dante. Pero, en definitiva según Jean ha expresado en alguna entrevista siempre hay un borramiento del francés para llegar a la lengua materna. En esa especie de juego, ha dicho, se arma mi literatura.
La tristeza cósmica, la pregunta del retorno o todos los yacentes anónimos inmortalizados en la escritura son característicos de un arte poético donde “del comienzo llegan las palabras en vez de las cosas”. Fantasmas que se deslizan en las palabras o palabras que aspiran a convertirse en sucedáneos de la muerte como si el último fin del hombre fuera nombrar a manera de exorcismo el sin sentido de una vida en permanente pugna con la realidad circundante.
Borrar la escritura inicial para llegar al pulmón es una obsesión que le permite expresarse con una extraordinaria economía de medios donde la reiteración y el leit motiv constituyen fuerzas generadoras de nuevas interrogantes confiriendo a los textos un ritmo que parece provenir del lenguaje o de un difícil estado interior, que no permite al sentimentalismo ganar la partida a la contención por más que los poemas vibren aun en su críptica transfiguración de complejísimas imágenes.
No es esta la primera ocasión en que la poesía de Portante se traduce a nuestra lengua. Ya los poemarios Elaborar y Abierto y cerrado fueron publicados en Argentina y Colombia respectivamente.
Ignoro cuánto de literalidad o de recreación hay en esta versión cubana puesto que no conozco los originales. Pero lo cierto es que funciona y que constituye un acercamiento imprescindible para el lector cubano a una obra que se encuentra entre lo mejor del panorama lírico contemporáneo y que puede ser comprendida por su transgresión a toda frontera geográfica y estética.
La reivención del olvido nos muestra un fresco de la espiritualidad del siglo XXI y una globalización de las preocupaciones que todavía acosan a una gran parte de la humanidad. Es un llamado al cuestionamiento a pesar de la inutilidad del furor.
Los porqué de Jean Portante son los porqué de la existencia en un mundo donde la poesía bien puede aprovisionarnos de un arsenal para eludir el desgarramiento y el desarraigo de todos aquellos que, alguna vez, defendimos las utopías.
De alguna manera también el desencanto es una consecuencia del lenguaje y eso, este genuino escritor, está consciente. Su lucidez es un acicate para los poetas y los lectores y también un llamado a la reinvención. Ese olvido que solo puede ser recuperado por intermedio de la palabra y del que esta antología es algo más que un testimonio.
