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Teresa Fornaris: una voz femenina que dialoga con el Espíritu

Oneidys Torres, 14 de abril de 2014

 

El buen lector contemporáneo que realiza una mirada panorámica y aguda, puede apreciar todo un espectro de poéticas que van desde lo sensorial a lo profundo, desde el Espíritu al mundo exterior, desde lo emotivo y lo intelectual hacia un reflejo de las acciones concretas, preguntándose, buscando los sentidos que puede tener la existencia, gritando en espejo por los absurdos que nos ponen en peligro, develando lo difícil que a veces resulta encarnar lo que somos.  

Dentro de los espacios literarios en Cuba, las voces femeninas son abundantes y tienen mucho que decir acerca del propio género, pero también abordan una amplia diversidad de temas que tocan lo Humano, con especial énfasis, con una sensibilidad que se dirige, de manera quizás más delicada, a eso que buscamos todos: la Esencia. Una de estas mujeres es Teresa Fornaris (Ciudad de La Habana, 1971), poeta, crítica, promotora cultural, miembro de la UNEAC y actual directora de la Casa de la Poesía en el Centro Histórico de la Habana Vieja. La autora de Aqua Sex (Letras Cubanas, 2000) y de otros poemarios como Raya X (Letras Cubanas, 2004), Encima de chapas de refresco (Aldabón, 2007) y Elocutio Sine Nomine (Unión, 2011), ha merecido varios premios nacionales e internacionales como el Pinos Nuevos (1999), el Nosside Caribe (2005), el José Jacinto Milanés (2005), El Cauce (2007) y el Hermanos Loynaz (2008). También ha antologado dos muestras de poesía joven femenina (2006, 2007) y recientemente, participó en otra selección de textos poéticos de jóvenes cubanos nacidos a partir de 1975. 

Teresa nos convoca a preguntas primordiales como en uno de sus poemas: Conciencia I: Otra vez la molestia de la incertidumbre. Hacia dónde vamos. Quiénes somos. Quiénes los que nos ocultan las verdades. Cuáles verdades. También nos propone la hipótesis de que no existen la prohibición ni el límite, pues estamos ante un nuevo comienzo esperanzador y riesgoso. 

Por su ya conocida disposición a compartir dendritas… Teresa accedió a ser entrevistada para este espacio: 

¿Cómo ha sido el tránsito de la ingeniera química a la poeta? ¿O la poeta existía desde antes y se consolidó más a partir de cierto momento? ¿Hallas contacto entre las facetas de la química y la de la poesía? 

Tu segunda pregunta contiene la respuesta a la primera y ofrece caminos para el cierre: estuvo antes. Escribí mi primer poema de muy niña, obedeciendo a una maestra (auxiliar pedagógica de ¿segundo grado?) que indicó explicar, de modo poético, lo que cada cual quería ser cuando fuera grande. No tengo la menor idea de lo que escribieron los otros niños, si alguno de ellos recordará esa tarde… llegué a casa con mis cuartetas sin terminar, un poco angustiada, a pedirle ayuda a mi abuelo, que era un decimista natural pues la tarea me parecía de una seriedad tremenda. Ahora sé que ese proceso de búsqueda me cautivó: el descubrimiento de las palabras, fue, como todos los comienzos, intuitivo. Otros poemas escribí en esos primeros años, pero los movimientos reales comenzaron en la adolescencia, luego de las lecturas y autores que encontraba en La Moderna Poesía —cuando era territorio de la moneda nacional. De ahí surgió el primer cuaderno Primavera desnuda, dedicado al padre de mi hija —hoy un excelente amigo— que me acompañó los cinco años de carrera y los primeros de trabajo en el Instituto Finlay.  

A finales de los 80’ era importante ser útil a los demás, cualquier sacrificio del gusto personal quedaba empequeñecido por aquello que entregabas al bien común. De ahí que ser médico, abogado o ingeniero tenían un reconocimiento especial en muchas familias y en la sociedad misma. Mi elección tornó hacia la ingeniería química, sobre todo porque era lo más cercano al deseo expuesto en el primer poema del que te hablé: yo quería ser cosmonauta, pero esas derivaciones te las cuento en otro momento. Me dediqué en cuerpo y alma al estudio de los procesos de transformaciones y transportes de masas y energías. Terminé con diploma de oro. En esos años no escribí una línea, no toqué un libro que no hablara de las “materias necesarias”. Hasta que comencé a trabajar en el Finlay. El silencio, la soledad de sus largos pasillos, la exactitud de sus procedimientos, me hicieron regresar a la escritura. Dos amigos debo mencionar de aquellos años: Eddy Caro y Edel Morales. Desde uno asenté mi consciencia poética, un autorreconocimiento necesario, y del otro tuve los primeros y valiosísimos consejos, una especie de taller ambulante de lecturas que me conectaba con la poesía joven del momento. 

De la química quedará algo de síntesis, de estructura esencial, la práctica de regresar a los asuntos con respuestas posibles para encontrar —por aproximaciones sucesivas— las respuestas verdaderas; la probabilidad, los estadíos, el asombro por la sabiduría de la naturaleza —incluyendo la humana, pues somos mejores que eso que mostramos. Todo está dentro, nos diferencian los motivos, las decisiones (ir)racionales. Es aquí donde están los puntos de contacto.    

Sobre tus poemarios, Raya X me parece más reflexivo y filosófico, aunque todos en general reflejan vivencias concretas de una mujer (y de otras en tercera persona), por lo difícil que resulta encarnar determinados roles asignados socialmente como femeninos. En esta dirección, ¿cómo valoras tus obras? ¿develas conflictividades ocultas; desacralizas determinados mitos? 

Ciertamente Raya X posee un tono de mayor elaboración hacia lo intelectivo. Surgió como ejercicios de escritura, una especie de ritual nocturno que me propuse con disciplina, al comienzo del siglo. Era una manera de cambiar. Esas modificaciones me interesan. Cada libro es diferente en su concepción, en sus inten(s/c)iones  y armaduras. Es como pulsar otras frecuencias, alcanzar otras voces dentro de la propia voz. Si Aqua-sex fue un cuaderno de primeros encuentros, de esgrimir —entonces con ingenuidad— aristas duras en el sujeto femenino, que viajaba, oblicuo, hacia la imagen, en el intento de situar un discurso armónico de mediana extensión;  el poemario que mencionas va por la coordenada contraria, el verso es sólo esbozo y la mayor parte de los poemas buscan una economía del lenguaje que les permita despojarse de cualquier distracción dejándolos en una austera esencia: Raya X es un libro de silencios. Encima de chapas de refresco y A propósito del Fast Track son poemarios gestados casi al unísono, sin embargo, aunque el verso vuelve a extenderse en ambos, aparecen otros sujetos como motivos para el desdoblamiento y la idea se devela directa, sin torceduras ni ambages, el primero se muestra sobrio en tanto el Fast Track marca un ambiente lúdico al tomar como eje central de su propuesta la esencia del juego homónimo. Más adelante, otro cambio: Elocutio sine nomine es un cuaderno de poemas en prosa que toma como referente principal el tema amatorio para adentrarse en otras indagaciones de la naturaleza humana, de la femineidad. 

En cada libro los conflictos forman una madeja más o menos rara, más o menos profunda, más o menos fácil para desentrañar, depende del lector —o de mí, en cada poema. Sería muy difícil leerme fuera de contexto: mujer/madre/hija/amiga y otras denominaciones que puedas añadir. No persigo los mitos, acaso ni siquiera me importan, solo que coexistimos —ellos y yo— no en el espacio, mas sí en el tiempo, y eso, como sabrás, es in-evitable.  

De tus obras me llamaron la atención en particular varios poemas como Reflexiones I: ¿somos pensados?; U donde Amanecer parece una utopía… ; Raya X escalando el pensamiento para matar palabras y callar; Raya XI porque Un miedo nunca salta los abismos… ; Reflexiones III por el dilema de equivocarse y/o vivir; y Raya XXIX por la porcelana colocada al borde de la mesa… También afirmas en Elocutio: …las esencias de cada parte no son las que se contraponen sino las que se complementan. A veces tan sabia y a veces ¿pesimista? 

Mencionas, entre títulos, interpretaciones y textos, poemas de varios libros, y me resulta curiosa la conexión que puedes haber encontrado entre ellos, tan distintos, a veces, y distantes. Lo que ha llamado tu atención son tus puntos de enlace, los momentos de espacio-tiempo que se han cruzado con tus propias experiencias. Cada lector tendrá las suyas —Dios lo quiera— en estos poemas o en otros encuentre, busque o recuerde. Una especie de armazón sobre la que me dejará saltar o escurrirme; direccionado según sus propios argumentos como lo ha explicado Manzano sobre el vector de intencionalidad.  

La poesía siempre se adelanta, es como una premonición, un anuncio, un modo de aprehender esa realidad que aun no ha terminado de asentarse y comienza por existir en la palabra. Es bello y terrible al mismo tiempo. Te conmina a una responsabilidad que, por lo general, es difícil percibir en la primera juventud, donde la emoción y el aullido son repentinos y profundos, tendientes al caos. Ahora que el ser humano conoce más en los sentidos macro y micro del universo, incluso en esa otra dimensión —no sé cómo llamarle, ¿ciber?— que supera en finitud las anteriores, sería muy gracioso manejar la abstracción de ser sólo una idea, un organismo diminuto, un punto en una masa enorme… Pensando de ese modo o intentando refugiarte en ese pensamiento, ¿cuántas veces has visto el transcurso de las más largas horas? No hay nada más literal que la utopía del amanecer. En esos estados la acción es importante pues se ha superado la palabra. Podrás equivocarte, pero de eso se trata y regresamos al mencionado método analítico del “tanteo y error”, una mezcla de esas frases de sabiduría popular que hablan del cántaro insistente en su viaje y la cabeza que sólo vivirá experiencias propias. Es la historia de la humanidad, no creo que haya pesimismo en ello. 

Cuéntanos de esa especie de servicio que son las antologías en las cuales has participado. ¿Qué te aportó esa experiencia (¿útil?  ¿exigente?) de antologar y qué compartes con esto, de manera responsable? ¿A quién(es) se dirigen esos volúmenes y cómo ha sido la selección de cada muestra? 

Celebro el modo en que lo has dicho: un servicio. Así ha sido. Aunque se insiste en las antologías como una forma (también) de ejercer la crítica, prefiero verlas como un ejercicio de promoción, una manera de situar en una misma línea autores diversos, poemas diversos, temáticas diversas. Sin contar con aquello de quiénes están o no, debieran verse, sobre todo, como libros de consulta o estudio, como diapasones que cimbran según su longitud o extensión y tienen el añadido del disfrute, de la sorpresa de abrirlo en cualquier página y encontrarte con este o aquel autor que ofrece su mensaje.  

Disfruto el proceso por lo que tiene de intercambio real con otros poetas y promotores, por el trabajo exhaustivo de indagación de nuevas voces, conocer con hondura poetas ya establecidos y descubrir a “los que llegan nuevos”. 

Estas selecciones me funcionan como un hipervínculo, me llevan a la búsqueda de otros poetas, a otras publicaciones, a nuevos textos de los ya conocidos. Desde lo organizativo es trabajoso, arduo, requiere sistematicidad, persistencia amable, sutil, y en nuestros contextos paciencia y tolerancia. Está claro que todo libro es un acto de responsabilidad, más estos, que involucran a varios autores. Hacia ellos va el primer compromiso, también con la editorial y luego con quien debe resultar nuestro objetivo iniciático: el lector, aunque las antologías ya abren con lectores interesados —los propios poetas que participan—, no debe descuidarse este asunto en su promoción. 

Hay antologías de muchas clases, personalmente he participado en cuatro. La primera, Palabras en la arena, compilada con Fernando Reyes, de México, surgió como proyecto para dar a conocer jóvenes poetas cubanas de la Asociación Hermanos Saíz; algo breve, que de algún modo recorriera la isla. Ofrecí mi apoyo como coordinadora en un volumen publicado por Ediciones La Mancha, proyecto editorial venezolano; una pequeña selección de cinco poetas que arribaban a lo que llamamos “la media rueda”, en un proyecto de libros artesanales que tenemos en La Casa de la Poesía; y esta que casi todos conocen/esperan, El árbol en la cumbre, nuevos poetas cubanos en la puerta del milenio, que saldrá por Letras Cubanas y que he preparado junto al maestro y poeta Roberto Manzano. Amplísima selección que acoge más de un centenar de poetas de toda la isla, dentro o fuera de ella. 

Tras agradecer este diálogo, una última pregunta sobre tu labor como especialista del Centro Loynaz y tu responsabilidad actual como directora de la Casa de la Poesía: ¿qué lugar ocupa la Casa entre las funciones patrimoniales y de promoción de la Oficina del Historiador y qué vínculos mantiene con el ICL? ¿Qué puede encontrar allí el investigador especializado y el lector del gran público? 

Mi trabajo es esencialmente de promoción. Desde antes incluso, cuando trabajé en la sede nacional de la Asociación Hermanos Saíz, luego en el Loynaz y ahora en la Casa de la Poesía me he dedicado a coordinar, facilitar y gestar, espacios, sitios de encuentros, modos diversos que sirvan para dar a conocer o divulgar la poesía. La dirección de Patrimonio de la Oficina del Historiador tiene varias instituciones cuyo trabajo tiene que ver con estos actos. Ahí están el Centro Hispanoamericano de Cultura, como espacio polifónico; las bibliotecas aplicadas o públicas; las casas-museos, dedicadas a un país o región y que ofrecen diversas actividades relacionadas con las literaturas que le son afines; incluso las que están dedicadas a las ciencias encuentran ese filón que las une a la narrativa, el ensayo o la misma poesía. A esa dedicación de extender la palabra se suma, creo que de modo especial, La Casa de la Poesía. No solo es única de su tipo en el país, sino que también contamos con una biblioteca especializada en el género con más de 4000 textos y que atesora manuscritos fechados en el 1775 hasta libros y revistas publicados recientemente. 

Mantenemos, como cada institución de la Oficina, un trabajo sistemático con públicos de diferentes edades: niños, adolescentes y adultos mayores. Cada semana atendemos un grupo de escolares de escuelas cercanas, a los que se les ofrecen charlas, intercambios con juegos para que aprendan sobre otros autores y poemas, y al finalizar una pequeña merienda; recibimos cada jueves a los abuelos, provenientes de distintos círculos de la capital, clubes o Universidades del Adulto Mayor, a los que se les brinda un desayuno y se hacen presentaciones, conversatorios, algunos con ofertas musicales donde también puedan bailar y divertirse. Atendemos un taller para adolescentes provenientes de una secundaria cercana, donde los jóvenes ejercitan su escritura, hacen papel, encuadernan y diseñan sus propios libros que luego presentamos en el Festival Internacional de Poesía, con una lectura ante otros poetas. Coordinamos cada diciembre un festival que hemos llamado Poesía para todos, donde se hacen lecturas en plazas y parques y pueden participar todas las personas que quieran y se inscriban con antelación. Organizamos el concurso Internacional de Haiku El Vuelo del Samandar, en colaboración con el grupo de artesanos–artistas Yadegar, la Casa de Asia y la Embajada del Japón en Cuba; ofertamos diversos cursos y talleres durante todo el año y especialmente en el verano, donde también nos sumamos al proyecto de Rutas y Andares que ya se ha extendido a otros municipios de la ciudad. 

Con el ICL tenemos las mejores relaciones, nos apoyan tanto en la promoción directa, en la gestión de espacios en la radio o la  televisión, al colocar nuestros espacios en sueltos, incluirnos en los programas literarios de la Feria del Libro y otros eventos, ofrecernos sus libreros para venta de títulos de poesía o sus periodistas para cubrir las noticias que se generan acá. Ahí le agradecemos también el apoyo a las distintas editoriales: Letras Cubanas, Arte y Literatura, Gente Nueva, Extramuros, por supuesto; Unión, el Centro Cultural Dulce María Loynaz, la Editora Abril. Son muchas instituciones pero hay mucho más por hacer.

Tenemos una programación mensual que se publica en la Cartelera Cultural de la Oficina y que aparece en el sitio www.habanacultural.ohc.cu, donde se actualiza cada semana, además de notas que son emitidas por Habana Radio o Radio Ciudad de la Habana, dos emisoras que han resultados colaboradoras permanentes. También a la entrada de la Casa colocamos el anuncio de cada encuentro.

Esta Casa de Muralla, que compartimos con el Centro Pablo de la Torriente Brau —donde nos prestan valiosísimos servicios de promoción y apoyo— también tiene dos galerías en las que exponemos muestras diversas, relacionadas con el ámbito literario; y un patio, bellísimo, con tres enormes árboles de yagruma que siempre dan la bienvenida.

María Virginia y yo
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K-milo 100fuegos criollo como las palmas
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