Personalidades olvidadas de la cultura de la mediación interlingüística: Natacha Mella Zaldívar
¿Quién fue Natacha Mella Zaldívar (19 de agosto de 1927 - 11 de febrero de 2014) y por qué la traemos a nuestro espacio?
Julio Antonio Mella y Olivia Zaldívar Freyre se conocieron y se enamoraron al calor de las luchas estudiantiles cuando ambos estudiaban Derecho en la Universidad de La Habana y se casaron en esa propia ciudad el 19 de julio de 1924. De inmediato, el joven matrimonio se consagró por entero a las actividades revolucionarias, que obligan a Julio Antonio a exilarse en Méjico a principios de 1926, adonde su Olivín le sigue, embarazada ya de su primera hija, que desdichadamente no logra sobrevivir al parto. En la capital azteca, la situación económica del matrimonio Mella-Zaldívar era tan precaria, que tuvieron que depositar el cadáver de la bebé en una caja de cartón; tiempo después, cuando sí lograron a Natacha, su cuna fue la tapa de una maleta. Ante la persecución, el encarcelamiento, las amenazas de deportación y la absoluta dedicación a un activismo político que les imposibilitaba garantizar a la pequeña los más elementales cuidados, Olivia regresa con su hija de solo dos meses a la casa de sus padres en Cuba.
Julio Antonio queda solo en Méjico, totalmente entregado a sus tareas e ideales revolucionarios, pero separado de su familia. Años más tarde, emprende una relación extraconyugal de cuatro meses —por cierto, bastante manipulada por el relato mediático ulterior— con la activista y fotógrafa italiana Tina Modotti, quien le acompañaba cuando fue asesinado en la capital azteca el 10 de enero de 1929, por lo cual su única hija nunca lo pudo conocer personalmente.
Natacha Mella tuvo una educación esmeradísima. Manejaba con soltura cinco lenguas extranjeras, entre estas, el noruego y, más que otras, el alemán, cuya cultura y país conoció muy de cerca en su más temprana adolescencia: entre 1935 y 1939, fue discípula privilegiada del profesor Augusto Thalheimer. Su tutor, potenciando la ya por entonces profunda comprensión de la lengua demostrada por la muchacha, así como su notable capacidad para el transvase lingüístico implícito, la introdujo en el conocimiento directo de los textos originales de la dialéctica. Despertó así en la joven cubana una clara vocación por la filosofía clásica germana que más tarde la llevaría a escribir dos singulares obras: Dialéctica idealista y Un relámpago hegeliano (Ed. Salvat, Miami, 1972 y 1987, respectivamente). Además de filósofa, periodista, diplomática, intérprete oral y traductora escrita, Natacha Mella estudió Dibujo con el pintor húngaro Palco Luckacs, fue bailarina de ballet clásico y modelo profesional. Natacha Mella ingresó en 1944 en la Universidad de La Habana.
Sus experiencias directas en la vida política cubana se circunscribieron a una fugaz participación en el Partido Ortodoxo liderado por Eduardo Chibás. Sin embargo, se dedicó con verdadero celo, curiosidad y veneración sin límites a la investigación de la figura de su padre y a la compilación de los documentos que iluminaron su vida y su pensamiento, con la ayuda especial de Leonardo Fernández Sánchez, contemporáneo y amigo de Julio Antonio. Gracias a esa labor de compilación y rescate de datos y documentos, Natacha proporcionó testimonios valiosísimos a la investigadora y biógrafa alemana Christine Hatzky, cuya obra es considerada por la crítica la mejor y más completa biografía de Julio Antonio Mella (1903-1929). Una edición cubana de 472 páginas fue publicada en 2004 por el Instituto Cubano del Libro y presentada en la XVII Feria Internacional del Libro de La Habana.
Al triunfo de la Revolución, Natacha Mella laboró en el Departamento de Asia del Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba, donde se destaca por su vasta cultura, su conocimiento de las lenguas extranjeras y sus habilidades para la mediación lingüística oral y escrita. El primer canciller nombrado por el gobierno revolucionario, Roberto Agramonte, le había propuesto asumir el cargo de agregada cultural en Francia, pero Natacha prefirió permanecer en Cuba dedicada sobre todo al estudio de la vida y obra de su padre. “El estudiante —escribe Mella en 1923 y su hija así lo practica— tiene el deber de ser un investigador perenne de la verdad, sin permitir que el criterio del maestro ni del libro sea superior a su razón”.*
Desde 1961, Natacha Mella vivió en los Estados Unidos donde, víctima de cáncer, murió el pasado 11 de febrero a los 86 años. Hasta donde sé, en Cuba hay un único trabajo (de los investigadores Adys Cupull y Froilán González, en 1999) donde se habla de Natacha Mella. Es como si nunca hubiese existido. Sin embargo, los traductores e intérpretes cubanos tenemos buenas razones para integrarla en nuestras filas; un deber más de revaloración.
Nota:
* Estatuto de la Declaración de Deberes y Derechos del Estudiante, redactado y promovido por Julio Antonio Mella en La Habana (1923).
