El hombre que fue nosotros
“La poesía, el arte, todo aquello que enriquece al ser humano es una forma de resistencia” afirmaba, categóricamente, en una entrevista concedida en el año 2012, el poeta y periodista argentino Juan Gelman, quien también aclaraba que “con la poesía no vas a poder comer ni vas a hacer la revolución, pero enriquece interiormente a aquel que alguna vez se le acerca”.
Una rápida mirada a la vida y la obra de este hombre –quien nació en Buenos Aires, el 3 de mayo de 1930, y falleció en Ciudad México, el 14 de enero de 2014— confirma ese noble empeño que lo animó, a lo largo de varias décadas de ejercicio intelectual, para hacer de la poesía un auténtico vehículo del mejoramiento humano.
Hijo de inmigrantes ucranianos, ya a los once años, mientras cursaba estudios en el Colegio Nacional de Buenos Aires, Juan Gelman publicaba, en la revista Rojo y Negro, su primer poema de amor. Poco después iniciaría sus estudios universitarios de química, que abandonaría definitivamente para dedicarse a la poesía y al periodismo.
En los años cincuenta de la pasada centuria, se vinculó, como redactor, a varios diarios de su país y, en 1955, con otros compañeros cercanos a la juventud comunista, creó el grupo de poesía El pan duro, con el propósito de autopublicar sus libros, a partir de un sistema de venta de bonos anticipados y de la realización de recitales en bibliotecas y otros espacios de la capital argentina.
Con Violín y otras cuestiones, Juan Gelman iniciaría, en 1956, una extensa y fecunda producción lírica, en que aparecen más de una veintena de libros de poemas –como Hechos y relaciones (1980), Carta a mi madre (1989), Incompletamente (1997) y Bajo la lluvia ajena (2009)—, que serían publicados en varias latitudes del mundo, para confirmar el alcance y trascendencia de una obra de indudable permanencia en el ámbito de las letras latinoamericanas.
Una poesía de incuestionable compromiso político y social, expresión de su irrevocable militancia a favor de las causas justas y honestas de la humanidad de su tiempo, que lo llevó a convertirse en fiel amigo y colaborador de la Revolución Cubana, a ser perseguido en su país durante la dictadura militar y a vivir en el exilio, por varias décadas, en tierras de Europa y de América.
Su ejercicio periodístico está caracterizado, igualmente, por similares fines. A partir de la década del sesenta del siglo XX, se desempeñó como jefe de redacción de la revista Panorama (1969), secretario de redacción y director del suplemento cultural del diario La Opinión (1971-1973), secretario de redacción de la revista Crisis (1973-1974) y jefe de redacción del diario Noticias de los Montoneros (1974).
“Lúcido periodista –comenta el investigador y ensayista Jorge Fornet— que en los últimos años se convirtió en una de las voces más entregadas y penetrantes para hablar del adolorido mundo en que vivimos, así como del desgarrador drama que le tocó vivir en carne propia (...), como otros miles de sus compatriotas a quienes la dictadura les arrancó a sus seres queridos”.
El drama familiar vivido por el secuestro y desaparición de su hijo Marcelo Ariel, y de su nuera María Claudia, embarazada de siete meses, durante los años de la dictadura militar argentina, lo llevó a encabezar una tenaz y valiente lucha para denunciar los horrores cometidos y recuperar a su nieta María Macarena, nacida en un campo de concertación, a quien encontró, en Montevideo, en el año 2000.
A partir de 1964, al integrar el jurado de poesía del Premio Casa de las Américas, Juan Gelman iniciaba sus vínculos con la prestigiosa institución cultural fundada por la heroína Haydée Santamaría. Cuatro años después, se publicaba una selección de sus versos; en 1978 y 1981, volvería como jurado del certamen, y otras dos antologías aparecerían con su firma: Poesía (1985) y Pesar todo (2003).
Durante su más de medio siglo de vida literaria, el escritor recibió múltiples galardones que reconocieron el valor de su obra, entre ellos el Premio Nacional de Poesía de Argentina (1997), el Premio Juan Rulfo de Literatura Latinoamericana y del Caribe (2000), el Premio Pablo Neruda (2004), el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2005) y el Premio Cervantes (2007).
Al conocer la muerte de Juan Gelman, el periodista, ensayista y narrador uruguayo Eduardo Galeano aseguraba que “él sigue vivo en todos los que lo quisimos, en todos los que lo leímos, en todos los que en su voz hemos escuchado nuestros más profundos adentros. Nunca encontraremos palabras que expresen nuestra gratitud al hombre que fue muchos, al que fue nosotros y nosotros seguirá siendo en las palabras que nos dejó”.
Los poemas, los artículos, los testimonios, que Juan Gelman dejó, para su tiempo y para el tiempo por venir, son el más auténtico y perdurable legado de un hombre que supo usar su palabra para defender las realidades, los sueños, las esperanzas, las quimeras, de otros hombres. Un hombre que fue muchos, que fue nosotros.
