Sombras y luces de Dulce María
Cuenta el escritor Virgilio López Lemus que Dulce María Loynaz era una mujer fascinante, “provocaba una simpatía inmediata aunque no era dulce, más bien parecía áspera”.
Al referirse a sus vivencias con la Loynaz, durante una velada-homenaje por el aniversario 17 del fallecimiento de la poetisa, comentó que “era una mujer de carácter fuerte y palabra precisa. Irradiaba un aire de clase, aunque no imponía un carácter clasista. Se sentía una suerte de velo entre ella y uno. Pero era un ser enamorado, no venía hombre o mujer que no terminara fascinado con ella”.
En el Centro Cultural que lleva su nombre —otrora su hogar— varias generaciones de escritores y público en general se reunieron el pasado 27 de abril para recordar la vida y trayectoria literaria de esta cubana. Fue un homenaje pequeño; tal vez no a la medida de su genio, pero sí a la del tono intimista que caracterizó su poesía.
En su intervención, López Lemus también se refirió al reconocimiento de la obra de Dulce María que, dijo, sucedió en España antes que en Cuba. Fue en la década de los ochenta cuando comenzó a “florecer” su poesía en la Isla; hasta ese entonces, destacó, “era identificada dentro de una generación de poetas que se consideraban fósiles vivos”.
Sin embargo, contó el propio escritor, que cuando en 1992 se le otorgó el Premio Cervantes, se desató cierto escándalo alrededor del hecho. “En ese año yo estaba en España. Se decía que el Premio lo había obtenido una poetisa de tercera línea. Los ignorantes, claro, eran los periodistas”.
“Ella hacia vibrar el verso. Y Dulce María era una mujer de vibraciones extremas en su verso. Tiene una poesía sencilla en estructuración, pero no en su sentido, hay que leerla hasta dos veces para comprender qué nos quiere decir; y no porque fuera una mujer hermética, sino sutil”.
Aquella oleada despectiva, recordó Lemus, terminó cuando su poesía comenzó a publicarse y reeditarse en España. “Aquí hubo una suerte de boom casi al final de su vida”.
En la velada de recordación se inauguró, además, una exposición de fotografías del acto de recibimiento del Premio Cervantes en 1993, de manos del rey de España.
