Imperialismo, dictaduras y democracias en el Caribe (III-Final)
Después que entre 1944 y 1946 Trujillo fraguara las conspiraciones más peligrosas para la paz del Caribe contra gobiernos legítimos que tenían determinado consenso popular se inauguró una etapa de tensiones profundas. Una vez más los apologistas del gobierno de Trujillo se presentaban como víctimas, así lo comprendió Virgilio Díaz Ordoñez cuando en 1946 advirtió contra presuntos ataques del exterior, propaganda esta que sirvió de pantalla para ocultar los verdaderas maquinaciones del régimen.1 Precisamente fueron estos complots del “Generalísimo” los que condujeron a la respuesta bélica de dichas administraciones de corte progresista ante esas acciones desestabilizadoras.
Díaz Ordoñez, por su parte, recurría a criticar duramente los problemas que enfrentaban las democracias representativas burguesas en nuestros países para así justificar el sistema dictatorial de Trujillo. La élite trujillista no quería que le impusieran un sistema político, había que respetar la soberanía de su régimen aun cuando el mismo no respetara la soberanía popular de los propios dominicanos:
La imposición no es de naturaleza democrática. Los pueblos hacen y viven su democracia conformando ese ideal a su historia, a su carácter y a su economía. Por otra parte, si en el criterio de aquellos apóstoles del intervencionismo, democracia era embriaguez política, libertinaje de prensa, sistematización del insulto, inestabilidad institucional y tuteo personal entre la autoridad y el desorden, el pueblo dominicano conocía de viejo esa democracia.2
A principios de 1946 algunos gobiernos latinoamericanos, que todavía constituían una minoría, continuaron presionando para que se aprobase algún tipo de sanción colectiva contra las dictaduras del continente. En ese sentido debemos mencionar como una propuesta de acción multilateral de Uruguay no había tenido un curso efectivo, a pesar del apoyo de Washington a la misma. A su vez, algunas repúblicas centroamericanas encabezadas por Panamá se dirigieron al resto de las cancillerías del continente para solicitar una ruptura de relaciones diplomáticas colectiva con las tiranías de Somoza (Nicaragua), Carías (Honduras) y Trujillo. Todo parece indicar, según la información que poseemos, que esta última propuesta no prosperó como para que se arribara a un consenso. Ni siquiera en Cuba se llegó a aprobar, a pesar de que el General Enrique Loynaz del Castillo se dirigió al Presidente Grau en sentido favorable a la intervención colectiva. El veterano mambí entendía que este tipo de iniciativa no constituía un peligro para la independencia de esos países y antes bien entrañaba “una forma correcta de resguardar sus libertades y afirmar el legítimo ejercicio del poder”.3
Pero mientras estas gestiones de corte diplomático dirigidas a restarle jerarquía a las dictaduras latinoamericanas tenían un curso dilatado y tortuoso, los personeros de Trujillo se movían muy hábilmente dentro de los entresijos del complicado sistema de poder norteamericano. Su objetivo era influir directamente en la Casa Blanca, pasando por encima del Departamento de Estado para de ese modo lograr que los Estados Unidos retiraran el Aide- Memoire que proclamaba el embargo de armas a la República Dominicana. Fue así que la respuesta del embajador dominicano García Godoy a dicho Memorando, en fecha 14 de enero de 1946, fue que el mismo “envolvía una actitud irritante de prepotencia y prejuicios”.4
Asimismo el régimen trujillista llevó a cabo otra política destinada a cambiar la opinión desfavorable que contra sus poderes predominaba en los países del hemisferio occidental. Almoina la caracterizaría muy bien como aquella estratagema dirigida a “establecer metódicamente quinta columnas”, en este caso se trataba de una inusitada ceremonia convocada en Ciudad Trujillo para inaugurar un busto de Antonio Maceo donado por el “Benefactor” y que procuraba neutralizar las campañas que en su contra se generaban en la mayor de las Antillas.
Con ese fin se invitó a dicha ceremonia a una serie de jefes militares de la provincia de Oriente, así como otros intelectuales y periodistas cubanos. Estos últimos, publicaron reseñas donde defendían su régimen y a modo de ejemplo cabe destacar las palabras de Carlos Córdova Acosta, Vice- Presidente de la Sociedad Panamericana: “Aquí en Santiago de Cuba me preguntan sobre tema político, la oposición a Trujillo, etc y yo les contestó: ‘Oposición no puede haberla porque el pueblo trabajador tiene fe en su Jefe y como hay pruebas innumerables de las obras hechas (…) no hay que mortificarse para ir pensando en otro caudillo’. Allí vi unos letreros que dicen “El pueblo no quiere otro caudillo, el pueblo quiere a Trujillo”.5
Al parecer, esta nueva postura adoptada por Rafael Leónidas Trujillo buscó propiciar un acercamiento taimado a los países que se le oponían y tuvo su origen en el propósito de contrarrestar las exigencias democráticas que la opinión mundial le hacia. También pudo haber influido la huelga general azucarera que se decretó en diciembre de 1945 en la zona de La Romana y San Pedro de Macorís por mejoras salariales. Según Roberto Cassa: “Tomado por sorpresa el régimen reaccionó de manera poco usual: en vez de acudir a la represión (…) exteriorizó su comprensión ante las demandas, dio muestras de disposición al dialogo y presionó a las compañías azucareras para que acudieran al alza de sus salarios”.6
Sin embargo, en medio de las negociaciones dirigidas a ofrecer solución a las demandas obreras, la dictadura demostró su poca paciencia, ya que en La Romana la huelga se prolongó por más tiempo y la continúa agitación provocó que se adoptaran disposiciones represivas. Una de ellas fue ordenar el asesinato del líder obrero Mauricio Báez, ya que temía que detrás de él estuvieran los exiliados planificando un plan conjunto para derribar a Trujillo.
En esas circunstancias, Baéz se asiló en la embajada de México, tras lo cual el “Benefactor”, en un encuentro que sostuvo con el embajador mexicano y el propio dirigente obrero, le ofreció a este último dádivas y cargos públicos para cooptarlo al régimen. Sin embargo esa oferta fue valientemente rechazada por Baéz, a lo cual respondió Trujillo acusándolo cobardemente de malversación de fondos, o sea le concedió tratamiento de delincuente común para que no calificara como refugiado político y así negarle la salida del país.7
Precisamente la demanda para permitirle a Mauricio Baéz salir de la República Dominicana con vida fue una de las que más caló en los sectores progresistas del mundo y en particular en Cuba. El 20 de febrero el Presidente de la Liga Mundial de los Derechos Humanos, Roger Baldwin, envió un telegrama a la Cancillería dominicana solicitando se le concediera pasaporte al líder sindical en virtud de que había sido víctima de “persecuciones políticas”. A lo que respondió Julio Vega, Secretario de la Presidencia que: “Baéz, conocido agitador y delincuente está en completa libertad y gestiona (…) la expedición de pasaportes para salir al extranjero”.8
En Cuba el periódico Hoy, órgano del Partido Socialista Popular (PSP), dirigió una activa campaña para lograr la liberación de Baéz . Fue así que dio a conocer las gestiones que los líderes sindicales cubanos hacían para lograr su salida de Ciudad Trujillo : “Con motivo del grave peligro que se cierne sobre la vida del destacado líder obrero Mauricio Baéz (…) y en virtud del propósito que parece animar al representante diplomático de la nación azteca en dicho país de entregarlo a las autoridades dominicanas (…) las organizaciones obreras y populares de Cuba han iniciado una intensa y activa movilización orientada a evitar que pueda consumarse un nuevo crimen político en la república hermana”. En ese sentido Lázaro Peña, Secretario General de la Confederación de Trabajadores de Cuba le envió cablegramas al embajador mexicano en República Dominicana y al propio Presidente Trujillo, solicitando respeto para la vida de Baéz y garantía para su salida hacia Cuba.9 Ante esas ingentes campañas para salvar al líder sindical dominicano Virgilio Díaz Ordoñez, representante del dictador en Cuba, informaba que el 27 de febrero tendrían lugar mítines respaldados por la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) y “grupos revolucionarios”. Dichas actividades estaban siendo convocadas por la radio y la prensa y se anunciaba que Enrique Cotubanamá Henríquez, sería uno de los oradores. Como respuesta a ello Díaz Ordoñez sugería que la Legación dominicana en La Habana debía mover sus influencias entre “funcionarios, diplomáticos y periodistas y personajes de relieve” quienes asistirían a una recepción el Country Club.10
Finalmente toda esa movilización condujo a que Baéz pudiera salir hacia el exterior el 28 de Febrero y el Canciller Peña Batlle enviaría telegrama a la legación dominicana en La Habana para calmar sus ánimos: “Mauricio Baéz debe encontrarse ahora en México después de haber obtenido libremente sus documentos de salida”.11 Había sido una victoria de la solidaridad de los pueblos donde la izquierda cubana jugó un rol relevante. Precisamente Cuba sería el refugio posterior del destacado líder del movimiento obrero dominicano, aquí se relacionó estrechamente con los exiliados Francisco “Chito” Henríquez y Ramón Grullón, dirigentes del Partido Democrático de la Revolución Dominicana (PDRD) que habían establecido vínculos con el PSP cubano. Baéz, quien para entonces se identificaba como miembro del PDRD, efectuó relevantes alocuciones por la emisora Mil Diez llamando a los trabajadores a derrocar a Trujillo.12
En estas querellas internas que tenían lugar en República Dominicana, Trujillo apelaba lo mismo a métodos cruentos como a simuladas operaciones de captación de acólitos incondicionales a su dinero. Fue así que la dictadura admitió la formación de un Partido Obrero Democrático bajo el liderazgo de Prats Ramírez, Presidente de la Confederación Dominicana del Trabajo y concedió otros aumentos salariales a distintos sectores obreros.
Sobre este tipo de iniciativas gubernamentales el embajador norteamericano en Ciudad Trujillo, Scherer, admitía que se trataba de una maniobra y estimaba que en esa nueva postura del régimen trujillista pudo haber influido el embargo de armas establecido por Washington:
Se cree que la organización de este partido es el resultado del reciente Aide- Memoire del Departamento, en el que este se negaba a ofrecer permisos para la exportación de municiones solicitadas por el gobierno de la República Dominicana. Aunque el Partido aparentará realizar una labor de oposición a Trujillo, probablemente lo apoyará. Esta creencia se basa en la táctica actual del presidente que consiste en asumir el papel de campeón de los trabajadores de la República Dominicana.13
En Cuba la FEU se convertía en juez implacable del Trujillato haciendo denuncias oportunas, todas ellas ponían en evidencia la hipocresía de las medidas adoptadas por el gobierno dominicano, destinadas a crear una imagen de cambios en su país. La FEU supo advertir acerca de la labor de captación en territorio cubano de los llamados quintacolumnistas al servicio de Trujillo; ello se consideraba “una agresión a los principios del Alma Mater”. Por esa razón la organización estudiantil acusó al profesor Aquiles Capablanca y Graupera de “reclutar catedráticos de la Facultad de Arquitectura con el propósito de trasladarse a Santo Domingo para presenciar la obra del tirano Trujillo”.14
Por otro lado los estudiantes universitarios cubanos se dirigieron al propio Trujillo protestando del asesinato del líder obrero José Quezada, quien después de ser detenido con varios de sus compañeros, apareció muerto de doce puñaladas en el cuerpo cerca del central azucarero donde trabajaba.15 Un mes después extendió esa denuncia a los asesinatos de los líderes obreros Emeterio Dickson y Carlos Manuel Bastardillo, también a manos de los sicarios del régimen. El Secretario de la presidencia dominicana, Rafael Santana, les respondió apelando a todo tipo de improperios e insultos y exigió a la FEU informes sobre esas denuncias que inicialmente habían aparecido en Prensa Libre. Los estudiantes respondieron con unas enérgicas declaraciones que fueron divulgadas en distintos órganos de prensa. La revista Bohemia consideraba que resultaba inexplicable la pasividad del gobierno cubano ante las ofensas que contra Cuba se proferían en la prensa dominicana, concluyendo que: “Muchos no se explican cómo el régimen de Trujillo no ha recibido ya una fuerte reprimenda por parte de nuestra Cancillería, como respuesta a los ataques constantes que se hacen a Cuba”.16
Por su parte, Trujillo no dejaba de mover sus fichas en su intento por captar adeptos entre los sectores obreros cubanos para así promover una plataforma política orientada a neutralizar el intenso ataque que desde Cuba le dirigían tanto los exilados como los sectores de la izquierda revolucionaria. En un informe de inteligencia del FBI acerca de la actividad del ciudadano dominicano Manuel Frías Meyreles, se planteaba que el mismo viajaba por varias repúblicas latinoamericanas para divulgar la labor del Partido Comunista Sindical de la República Dominicana, del que afirmaba ser su Secretario General.
Según este documento, los exilados dominicanos en México, adonde llegó a principios de diciembre de 1945, enseguida se percataron de que Meyreles podría estar actuando como un agente de Trujillo, ya que alardeaba de que su partido tenía una amplia membresía – unos 46, 000 miembros - además intentaba convencerlos de que era posible un entendimiento con el dictador. El informe indicaba que “mientras él distribuye literatura que supuestamente ataca a Trujillo, en realidad lo que enfatiza son sus logros. El hecho de que Frías parece que tiene amplios fondos también ha sido comentado por los individuos contactados”.17
En otro informe del FBI se explica que dicho personaje había estado anteriormente en Cuba a fines de noviembre de 1945 y había visitado los periódicos Hoy y Mañana . Con posterioridad a este hecho Meyreles Frías había participado en la huelga azucarera de 1946 por lo que fue arrestado, pero luego empezó a trabajar como agente del gobierno dominicano. El propio sujeto, en una visita que efectúo a la embajada norteamericana en Ciudad Trujillo, reconoció que había viajado a México con gastos pagados por el “Benefactor” y que ponía su partido a las “órdenes de la embajada americana”. Según el informe del FBI, este individuo expresaba de alguna manera el interés de Trujillo “de usar cualquier grupo comunista existente para servir sus propios propósitos, y al mismo tiempo para persuadir a varios líderes laborales en el exilio, de que vuelvan a su país”.18 En Cuba, Meyreles Frías tampoco pudo convencer a los dirigentes del PSP, Blas Roca y Fabio Grobart, quienes consideraban que dicho ciudadano era “un espía trujillista loco”.19
Tal era la falta de credibilidad que envolvían estas siniestras maniobras de Trujillo, que en un informe de inteligencia de la embajada norteamericana en República Dominicana, de 23 de marzo, se explicaba que la Secretaria de Estado de Interior y Policía había admitido que los comunistas dominicanos apenas habían respondido al llamado del gobierno a inscribirse en el partido obrero.20
Citas y notas
1-Virgilio Díaz Ordoñez. La política exterior de Trujillo. Tomo II. Impresora dominicana, Ciudad Trujillo, 1955 p.123-126.
2- Ibídem.
3-Bohemia. Sección En Cuba. 13 de Enero de 1946 año 38 No. 2 p. 29.
4-Bernardo Vega. Los Estados Unidos y Trujillo. Colección de documentos del Departamento de Estado y de las fuerzas armadas norteamericanas. Año 1945. Fundación cultura dominicana. Santo domingo, 1987, p. 23.
5-La Nación. Ciudad Trujillo,23 de enero de 1946 p.1 col. 5.
6-Roberto Cassá. Mauricio Baéz. Líder del proletariado. Colección biografías dominicanas Tobogán. Editorial Alfa & Omega 2003, p. 35.
7-Llamamiento del Movimiento de Liberación Dominicano. En: Archivo nacional de Cuba. Fondo 176 (Chibás), Legajo 27, folio 35 p. 30.
8-Sang, Mu-Kien Adriana: La política exterior dominicana 1844-1961. Tomo II: La política exterior del dictador Trujillo 1930-1961. Editorial Secretaría de relaciones Exteriores de la República Dominicana, Santo Domingo, República Dominicana, 2000. p. 240.
9-Ibídem p. 238-239.
10-Ibídem p. 239.
11-Ibídem.
12-Roberto Cassá. Ob. cit., p.39.
13-Bernardo Vega: Ob. cit., p. 120.
14-Bohemia. Sección En Cuba. 24 de febrero de 1946, año 38 No. 8 p. 32.
15-Bohemia. Sección En Cuba. 24 de marzo de 1946. Año 38 No. 12 p.30.
16-Bohemia. Sección En Cuba. 31 de marzo de 1946 año 38 No. 13 p.33.
17-Bernardo Vega: Ob. cit., p. 139.
18-Ibidem p. 146-147
19-bidem p.138.
20-Ibidem p. 244.
