El espectáculo del pueblo español
De monumental, sin temor a la exageración, puede calificarse la obra legada por Benito Pérez Galdós a la literatura universal. Es sorprendente comprobar la caudalosa producción literaria de quien ha llegado a ser calificado, luego de don Miguel de Cervantes Saavedra, como uno de los más relevantes narradores en lengua española.
Casi un centenar de novelas, cerca de una treintena de piezas teatrales, decenas de cuentos, artículos y ensayos avalan el prestigio intelectual de quien, igualmente, es considerado un paradigma de la novela realista del siglo XIX español, cuya influencia ha marcado la obra de escritores de varias latitudes del mundo contemporáneo.
Benito María de los Dolores Pérez Galdós, nacido en Las Palmas de Gran Canaria, el 10 de mayo de 1843, era el décimo hijo de una familia formada por Sebastián Pérez, coronel del ejército –quien se asegura le contó las primeras historias sobre la guerra— y por Dolores Galdós, descendiente de un secretario de la Inquisición.
Luego de graduarse, en 1862, como Bachiller en Artes, en el Instituto de La Laguna, en Tenerife, iniciaba sus colaboraciones con la prensa local –en cuyas páginas aparecían sus primeros poemas satíricos, sus ensayos y sus cuentos— y, cinco años después, matriculaba, en la capital española, estudios universitarios de derecho, que no llegaría a concluir.
Acerca de esos años, Pérez Galdós, en Memorias de un desmemoriado, escribe:
Entré en la Universidad, donde me distinguí por los frecuentes novillos que hacía, como he referido en otro lugar. Escapándome de las cátedras, ganduleaba por las calles, plazas y callejuelas, gozando en observar la vida bulliciosa de esta ingente y abigarrada capital. Mi vocación literaria se iniciaba con el prurito dramático, y si mis días se me iban en "flanear" por las calles, invertía parte de las noches en emborronar dramas y comedias. Frecuentaba el Teatro Real y un café de la Puerta del Sol, donde se reunía buen golpe de mis paisanos.
Publicaciones periódicas, como La Nación y El Debate, contaban por entonces con sus artículos y crónicas y, en 1867, en su primer viaje al extranjero, llegaba a París, para reportar la Exposición Universal y conocer la literatura que se escribía en Francia, la cual influiría en su propio ejercicio literario de los años futuros.
Con La fontana de oro y La sombra, ambas obras publicadas en 1870, Benito Pérez Galdós inauguraba un ciclo narrativo que tendría una de sus más altas expresiones en los Episodios nacionales, serie que resulta una exhaustiva y documentada crónica de la historia y la vida cotidiana de la España del siglo XIX.
Episodios nacionales –incluida entre las obras cumbres de las letras hispanas— es una serie conformada por casi medio centenar de novelas, publicadas entre los años 1873 y 1912, agrupadas en cinco ciclos, que se inician con la guerra independentista (1873–1875) y se cierran con Alfonso XIII.
Ese interés de dejar testimonio de una época y de sus protagonistas aparece, igualmente, en la restante producción novelística de Pérez Galdós, en que sobresalen títulos como Doña Perfecta (1876), Marianela (1878), Fortunata y Jacinta (1886-1887), Miau (1888), Tristana (1892), Misericordia (1897), Casandra (1905) y La razón de la sinrazón (1909).
El éxito también le acompañó como dramaturgo, con piezas que fueron llevadas a escena en reconocidos teatros de la época y favorablemente acogidas por el público y la crítica –entre ellas, La de San Quintín (1894), Doña Perfecta (1896), Electra (1901) y Amor y ciencia (1905)—, algunas originales y otras adaptaciones de sus propias novelas.
Aunque «no se sentía político», como confesó en cierta ocasión, Benito Pérez Galdós fue diputado a las Cortes por Puerto Rico, Madrid y Las Palmas de Gran Canaria y, en 1909, codirigió la coalición republicano-socialista. Marcado por el pesimismo decidió, ante las luchas «por el acta y la farsa», apartarse de la política y dedicarse solo a la creación literaria.
En consideración al valor de su obra ocupaba, en 1897, un sillón de la Real Academia Española. Sin embargo, en opinión de sus biógrafos, por sus ideas anticlericales, su posición política y la campaña de algunos sectores de la sociedad española, no le fue concedido en 1912, como era de esperar, el Premio Nobel de Literatura.
En Madrid, el 4 de enero de 1920, a los setenta y seis años de edad, dejaba de existir Benito Pérez Galdós, quien logró, sin retórica ni artificio, un discurso directo, matizado por el humor y la ironía, con diálogos hábilmente estructurados, que llegaron a ser fiel reflejo del decir del pueblo español.
De ahí que –en palabras de Max Aub— "desde Lope de Vega ningún escritor fue tan popular, ninguno tan universal desde Miguel de Cervantes Saavedra" como lo fue Benito Pérez Galdós, quien llegó a entender, interpretar y presentar "artísticamente transformado" el espectáculo del pueblo español.
