Gastón Baquero: a cien años de su natalicio
El poeta, escritor y periodista Gastón Baquero (1914-1997) hubiera cumplido cien años el día 4 de mayo. Estudió Ingeniería agronómica en la Universidad de La Habana, y obtuvo el título de Doctor en Ciencias Naturales, pero nunca ejerció ninguna de las dos profesiones. En consecuencia, decidió entregarse en cuerpo, mente y alma a la literatura (incluida, por supuesto, la poesía) y al ejercicio periodístico; disciplinas humanísticas en las que alcanzó prestigio dentro de nuestro archipiélago y también fuera de nuestras fronteras geográfico-culturales.
Como periodista, colaboró con el Diario de La Marina, donde se desempeñara como jefe de redacción de ese reaccionario medio de prensa.
En los años 40 del pasado siglo se vinculó con el grupo vanguardista de poetas e intelectuales cubanos que se nucleó alrededor de la revista Orígenes (1944-1956), fundada y dirigida por José Lezama Lima (1910-1976), donde colaboraran, además, Virgilio Piñera (1912-1979), Cintio Vitier (1921-2009) y Eliseo Diego (1920-1994). En esa época socio-histórica publicó los libros de poesía Palabras escritas en la arena por un inocente, Saúl sobre su espada y Testamento del pez.
Baquero también fue fundador de las revistas literarias Verbum (1937), Espuela de plata (1939-1941) y Clavileño (1942-1944).
La publicación de Poemas, en 1942, al que le sigue Saúl sobre su espada, lo colocan ipso facto en el grupo de poetas «clave» de la literatura insular.
En los años 50 del pasado siglo XX, desempeñó cargos oficiales en el gobierno dictatorial del general Fulgencio Batista y Zaldívar (1901-1973), y prácticamente dejó de escribir poesía, aunque sus reseñas periodísticas —políticas, culturales y literarias— fueron muy bien acogidas por el público lector y elogiadas por la crítica, lo cual solidificaría su reputación como eminente intelectual; algo que nadie, en su sano juicio, osaría poner en tela de juicio, a pesar de todos los pesares.
Esos fueron los años del hombre encumbrado y conservador, del refinado bon vivant que tiene chofer, ostenta cargos gubernamentales, y continúa llevando su orientación sexual homoerótica con la discreción y la dignidad con que siempre la llevó mientras viviera, tanto en Cuba, como en España.
Disgustado con el proceso revolucionario liderado por el comandante Fidel Castro Ruz, decidió marcharse del país. Escoltado por tres embajadores acreditados en La Habana abordó un vuelo con destino a Madrid, donde el régimen del generalísimo Francisco Franco (1892-1975), lo acogió y le proporcionó empleo.
Al mismo tiempo, escribió ensayos y artículos literarios para varias publicaciones periódicas, principalmente para la revista Mundo Hispánico.
El exilio convirtió a Baquero —que en la Perla del Caribe era una figura intelectual de gran influencia en el mundo de la cultura— en un hombre anodino y aislado, ignorado por sus contemporáneos hispanos e invisibilizado por el Gobierno Revolucionario en la historia intelectual de la Isla.
En el exilio regresó a la poesía y publicó Poemas escritos en España (1960), así como Memorial de un testigo (1966), uno de sus libros más aclamados.
En 1984, el bardo boliviano Pedro Shimose dio a conocer en la capital ibérica el poemario Magias e invenciones, de la autoría de Baquero. A partir de ese momento, los jóvenes poetas y estudiantes de literatura buscaban su compañía y le rendían agasajos. Ante esas manifestaciones de afecto y respeto a su obra poético-literaria y periodística, reaccionó con su proverbial sencillez y humildad habitual.
En 1988, fue candidato al Premio Príncipe de Asturias de las Letras, y en 1992, finalista del Premio Nacional de Literatura en la modalidad de Poesía por su obra Poemas invisibles.
Ese año fue objeto de un homenaje por parte de la Universidad de Alcalá de Henares y fue propuesta su candidatura para el Premio Reina Sofía. Participó, junto a los escritores Octavio Paz (1914-1998) y Luis Alberto de Cuenca, en las sesiones de lectura poética en el Palacio Real.
En 1993, la Cátedra Poética Fray Luis de León de la Universidad Pontificia de Salamanca celebró una semana de homenaje a su obra poética-literaria y periodística, y al año siguiente, recogió en un volumen, Celebración de la existencia, los valiosos aportes de los participantes en ese evento académico.
En 1994, por primera vez desde 1959, se impartió en la Universidad de La Habana una conferencia sobre su obra poética, y en 2001, la Editorial Letras Cubanas publicó una antología poética, La patria sonora de los frutos, editada por Efraín Rodríguez Santana.
En mayo de 1997, el Círculo de Bellas Artes, la Residencia de Estudiantes y Radio Nacional de España convocaron a un homenaje a Baquero; gesto que tal vez hubiera sido el comienzo del reconocimiento que tanto merecía, y que llegó un poco tardío pues, lamentablemente, había ingresado al hospital clínico-quirúrgico donde falleció el 15 de mayo como consecuencia de un accidente vascular encefálico (infarto cerebral).
Baquero deseaba la unión cultural de las dos Cubas (la de dentro y la de fuera) con la generosidad intelectual que lo distinguiera. En la dedicatoria a su último libro escribió:
El orgullo común por la poesía nuestra de antaño, escrita en o lejos de Cuba, se alimenta cada día, al menos en mí, por la poesía que hacen hoy — ¡y seguirán haciendo mañana y siempre!— los [vates] que viven en Cuba como los que viven fuera de ella. Hay en ambas riberas jóvenes maravillosos. ¡Benditos sean! Nada puede secar el árbol de la poesía.
