Un canto ardiente por la vida
En el año 2013, la colección Ámbar de la Editorial Gente Nueva publicó El Canto de Fuego. Historia y destino de los primeros hijos de la Gruta Madre, de la ecuatoriana Leonor Bravo, que apareciera dos años antes por Manthra Editores. Ahora con una edición al cuidado de Gretel Ávila, el libro expone los supuestos avatares de seres mitológicos y fantásticos que existían sobre la superficie terrestre antes de la evolución humana pero permanecen en nuestro más ancestral recuerdo a través de la literatura y las tradiciones.
El texto está acompañado de bellísimas imágenes (en la cubierta y el interior) a cargo de Pablo Lara, único ilustrador especializado en la reconstrucción de la fauna prehistórica ecuatoriana. Lara trabaja en el departamento de Paleontología del Instituto de Ciencias Biológicas de la Escuela Politécnica Nacional del país sudamericano, labor que alterna con la escritura. Es coautor de la serie de divulgación científica Ecuador Fósil, en la cual aporta su trazo detallado y preciso, los cuidadosos claroscuros y las texturas virtuales que otorgan volumen visual a esos seres que esta vez son dragones, hadas, elfos, unicornios y humanos, protagonistas de esta metafórica y para nada convencional narración en 38 capítulos, cada uno con un título tan largo y explicativo como el de la obra toda, quizás como evocación del estilo de las sagas antiguas contadas por bardos de civilizaciones remotas.
Vale resaltar la organicidad del mundo fantástico creado por la autora, donde cada elemento, descriptivo o diegético, se integra vigorosamente a un devenir dramatúrgico que fluye para potenciarse en puntos de giro y desembocar en un desenlace inesperado y, a la vez, consecuente. Leonor Bravo emplea asimismo una simbología característica para identificar cada ente de la naturaleza: la Gruta Madre es el propio planeta Tierra, el Ojo de la Noche es la Luna, el Padre de Fuego es el Sol. Los originales nombres de cada ser cuentan con un significado traducido explícitamente por la autora y percibido como positivo o negativo por la vocalización o consonantización a la hora de pronunciarlo mental u oralmente, en un juego ingenioso de similitudes lingüísticas con onomatopeyas, vocablos o lexemas conocidos. Los personajes más relevantes son los dragones, en sus tres fases de existencia: los infantes dragoncinos, los adultos dragoneces y los ancianos dragonarios. Entre ellos. destaca Azul, elegido por el azar, y muy a su pesar, para llevar a cabo hazañas salvadoras y justicieras, recurso que no por socorrido deja de ser bien recibido.
Leonor Bravo nació en un pueblo costero donde, según sus propias palabras, tuvo “poca lectura y muchos hermanos”. A pesar de pertenecer a una familia extensa, fue educada para el mundo del arte. Sus padres eran narradores y maestros. De sus labios conoció todo tipo de literatura, desde La Sirenita hasta Don Quijote, pasando por Las mil y una noches, Ana Karenina, Los tres mosqueteros, leyendas tradicionales de su pueblo, y mucho más.
Leonor se considera a sí misma “una soñadora de cosas difíciles que lleva una niña dentro”. Muy joven se hizo titiritera y pintora, estudió Bellas Artes e incursionó en la ilustración y el diseño gráfico, pero abandonó ese camino sin palabras porque “necesitaba escribir para encontrar respuestas”. Así fue participando en diversos certámenes hasta ser galardonada con el Diploma de Honor a los Aportes Creativos a la Infancia, otorgado por el Instituto de la Niñez y la Familia, y el Premio Nacional de Literatura Infantil “Darío Guevara Mayorga”, con su novela La Biblioteca Secreta de la Escondida, que integró la Lista de Honor del IBBY en el 2006. Luego fue jurado del prestigioso Premio Casa de las Américas.
Con más de una veintena de libros en su haber, entre cuentos y novelas, es también una animadora cultural de larga y valiosa trayectoria, que dirige talleres de creación literaria y promueve la lectura y la escritura. Preside Girándula, IBBY Ecuador, una institución que fundó y a través de la cual ha organizado el reconocido Maratón del Cuento “Quito, una ciudad que lee”.
La presente entrega es un canto real al reconocimiento de la alteridad y la igualdad de derechos y deberes para una existencia sana y justa, donde no será un lujo poseer un espacio para habitar y desarrollarse, ni un delito relacionarse con un ser distinto en cuerpo y mente. El respeto de las fronteras, las ideas, las historias culturales e individuales y las creaciones particulares, son tópicos abordados mediante la metáfora o la frase lapidaria, bella, impactante y precisa, remedando igualmente textos arcaicos.
Invitamos a los lectores, infantes y adultos, a internarse en este universo paralelo y distante de dragonarios, dragoneces y dragoncinos, de cuevas y sabanas, de lagos y túneles, de hielos y fuegos, para cantar, junto con ellos, a la luz y a la vida.
