De piedras, reparaciones y desencuentros
Corría el año 2002 y fungía como una de las tres jurados de la primera y única convocatoria del Premio de Narrativa Femenina Alba de Céspedes. Un libro que concursaba, integrado por once cuentos nos sacudió a las tres con la misma intensidad, de ahí que llegar al veredicto resultó muy fácil. No hacía mucho años que conocía en el plano personal a la autora del volumen, y apenas su obra, pues solo había leído un cuento suyo recogido en la antología Estatuas de sal, que luego formó parte de su primer libro publicado, en 1997. El libro premiado por unanimidad, en el mencionado concurso, fue Cerrado por reparación, de Nancy Alonso, y desde entonces ha ido consolidándose, casi al unísono, mi admiración por su oficio narrativo y por su calidad como ser humano. Al cabo de más de doce años, al volver sobre una gran porción de su escritura, si algún calificativo tuviese que elegir como primero para caracterizar esta, no vacilaría en inclinarme por el de auténtica.
Desde Tirar la primera piedra hasta Desencuentros, su último libro publicado, la autora ha sido una honesta y sagaz testimoniante de nuestra cotidianidad, sin que esta perspectiva vaya en detrimento de la eficacia literaria que consigue en cada una de las historias recreadas. Con un lenguaje diáfano, rigurosamente respetuoso de lo más castizo de nuestra lengua y, al mismo tiempo, echando mano del gracejo coloquial en los momentos precisos, ella nos sumerge, casi sin dejarnos el más mínimo aliento, en las ininterrumpidas y desvastadoras rupturas familiares por el éxodo hacia tierras más promisorias ("El séptimo trueno", "Ofrecer el corazón", “Yo te voy a explicar” y “Huellas”); en las pérdidas de amigos entrañables, provocadas también por el mismo éxodo ("Falsos profetas" y “Aniversario)”, así como en esa ya incontable cifra de sismos político sociales del devenir de nuestra historia, que inevitablemente nos han lacerado para siempre. Sismas que bajo eufemísticos calificativos (depuraciones ideológicas, asambleas de profundización, o Período Especial), llevaron a tocar fondo a muchos cubanos, tanto por la depauperación en los planos de la más elemental subsistencia como por el derrumbe de un proyecto social que había implicado muchos sacrificios personales. Y hablando de estos últimos, merece destacarse la especial y conmovedora manera de volver ficción, por parte de Nancy, algunas de sus experiencias como internacionalista en África y el drama de la lejanía del país natal dentro de una cultura totalmente ajena.
Esta autora evade con eficacia lo explícitamente trágico, y prioriza, tanto en los conflictos como en los desenlaces de sus cuentos, lo humanamente bueno de sus protagonistas, así como aquellas proyecciones personales que hacen invulnerables a los desafueros de la lucha perenne por la sobrevivencia diaria. Taparse con capas y cascos ante la imposibilidad de arreglar los techos de la vivienda ("Nunca se acaba"), cultivar un flamboyán en un hoyo eternamente irreparable ("Historia de un bache") o tratar que un habitante de otras tierras más civilizadas pueda entender cuán útil resulta ser el dueño de un “ladrón de agua” (“Yo te voy a explicar”), reafirman rasgos indiscutibles, al fin y al cabo, de los que poblamos esta Isla: la resistencia sin límites y el estoicismo a ultranza. El tono amargo que podría filtrarse tras este reconocimiento, se ve distendido por una comicidad de expresiones en la voz narradora que hace una acertada selección del refranero popular, de nuestra natural vis cómica y del –al decir de Jorge Mañach– empleo de la burla como el mejor escudo ante la adversidad.
El telón de fondo temporal de todas las piezas narrativas que integran los dos primeros volúmenes publicados por Nancy Alonso es la década cubana de los años noventa, y sus innumerables sinsabores, de ahí que aparezcan ambos libros incluidos en su totalidad en esta selección titulada De piedras, reparaciones y desencuentros. A manera de coda, los lectores encontrarán tres cuentos pertenecientes a su último libro que no han sido incluidos aquí por azar, pues sus argumentos siguen siendo similares a pesar de que el tiempo narrativo en el cual se desenvuelven ya es el siglo XXI.
Y es que ha continuado el éxodo; y las secuelas de este, a pesar de sus variaciones, no dejan de ser menos intensas y desgarradoras. De igual manera, aunque ya quedaron atrás los años de permanencia prolongada y difícil en tierras africanas, no pueden obviarse las heridas y marcas dejadas por dicha permanencia en sus protagonistas, las cuales pueden abrirse en determinadas circunstancias y hasta convertirse en perennes obsesiones.
Quizás podría afirmarse que a la par del interés de testimoniar su época, Nancy se complace en enfatizar la singularidad de la ficción que ha creado, mediante acciones y / o situaciones signadas por cierto delirio, al cual el lector dará o no verosimilitud, a partir de sus experiencias personales. Aun en aquellas historias que componen Cerrado por reparación, donde las soluciones halladas por los protagonistas al drama de la escasez sean totalmente fallidas, o de matices bien cercanos a lo irreal por su excepcionalidad, el lector, a su vez, no se siente ajeno. Pacta con la autora, ríe con el absurdo, reflexiona, y, por si fuera poco, recuerda… y recuerda…
Sin dudas los años noventa en Cuba dejaron su huella en la literatura: de desencantos, realismo sucio, mono temas y obsesiones, se plagaron páginas y páginas de cuentos y novelas. Uno de los pocos saldos positivos fue la mayor visibilidad de todo un corpus narrativo escrito por mujeres que provocó una más acuciosa mirada de especialistas y críticos hacia una realidad literaria siempre existente, pero acallada y/o ignorada con demasiada frecuencia hasta ese período. La cuentística de Nancy Alonso fue una de las abanderadas, tanto en fecha de publicación como en la calidad de sus textos. De la trascendencia literaria de estos da fe la amplia selección de su obra que hoy presentamos, editada con esmero por Thelma Jiménez, bajo el sello de Ediciones Unión y con el auspicio económico del ICL. La excelente acogida a las traducciones de sus cuentos, por parte de críticos y lectores que habitan contextos sociales bien distantes de los recreados en sus ficciones, también constituye un aval de su incuestionable calidad.
Nuevos lectores en Cuba se sentirán complacidos al descubrir la obra de Nancy Alonso; sus viejos lectores con el reencuentro; y los amigos de siempre estamos felices por la alegría que significa su merecida visibilidad en la literatura cubana de estos tiempos.
