Homenaje a Julia de Burgos por el centenario de su natalicio
La poetisa puertorriqueña Julia de Burgos (1914-1953), fue homenajeada en la sala Martínez Villena de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba
(UNEAC), con motivo del centenario de su natalicio.
La conferencia magistral estuvo a cargo de la doctora Yolanda Ricardo, quien profundizó en la vida y la obra de esa figura imprescindible de las letras insulares y latinoamericanas; por otra parte, la investigadora destacó que la agasajada era una amante apasionada de la independencia de la patria de Ramón Emeterio Betances (1827-1898) y don Pedro Albizu Campos (1893-1965).
Desde niña, tuvo que enfrentar obstáculos para estudiar y a los 19 años de edad obtuvo el título de Maestro Normal. Su pasión por la escritura la llevó al mágico mundo de la poesía, donde se registra la influencia de varios de los escritores más importantes de la lengua cervantina en la época socio-histórica que le tocara vivir.
La ilustre intelectual borinqueña publicó en revistas sus primeros textos y viajó a Estados Unidos, donde impartió conferencias y ofreció recitales líricos, en estos últimos, el público norteamericano percibió una desbordante sensibilidad y un dominio del verso.
Su vida sentimental no encontró quietud y mucho menos placidez, aunque sí le ofreció disímiles motivaciones amorosas, las cuales aparecen reflejadas en la obra que nos dejara como legado.
Dentro de los hechos relevantes en su corta vida destacan su estancia en la ciudad de New York y su visita Cuba. Sus últimos años —debido a un tumor maligno diagnosticado en edad temprana y que le provocara la muerte a los cuarenta años de edad— estuvieron signados por ingresos hospitalarios, mejorías relativas, recaídas y una profunda depresión que la empujó a buscar refugio en el alcoholismo, situación que desestabilizó, todavía más, su frágil equilibrio emocional. Pero ni aún así dejó de escribir ni de publicar.
Entre los mejores textos poéticos que dio a la estampa habría que mencionar: Río grande de Loiza, Poema para mi muerte, Yo misma fui mi ruta, Alba de mi silencio y Alta mar y gaviota. La también maestra puertorriqueña escribió versos en lengua inglesa.
De acuerdo con el escritor argentino Enrique Anderson Imbert (1910-2000), era «conmovedora en su insatisfecha pasión por la vida, honda hasta tocar temas metafísicos, con agudo sentido para la naturaleza y la belleza del amor».
Las editoriales latinoamericanas tienen una gran deuda, lamentablemente, su obra es poco conocida por los lectores de habla hispana.
Por último, el cantautor Mario Darias interpretó algunos poemas de la boricua musicalizados por él.
