Homenaje a poetas universales
El Festival de Poesía de La Habana no podía soslayar los centenarios de Octavio Paz, Nicanor Parra, Efraín Huerta y Dylan Thomas. Por eso convocó en la sala Villena de la UNEAC a un panel, “no de lujo, sino adecuado”, para evocar la poesía de estos grandes bardos universales y destacar aspectos medulares de sus respectivas personalidades y obras.
"Esta celebración es también una manera de mantener vivo el espíritu de la poesía, de relanzar la lectura de los homenajeados y de los que hablarán de ellos", aseguró el poeta y ensayista Víctor Fowler, quien moderó la mesa en la que intervinieron el historiador Rafael Acosta de Arriba, el mexicano Javier Villaseñor y los poetas Waldo Leyva, Lina de Feria y Omar Pérez.
El doctor Javier Villaseñor abrió las intervenciones con una ponencia sobre la poética de Octavio Paz a través de su obra cumbre: Piedra de sol. Villaseñor destacó que aun cuando se tiende a llamarlo surrealista, Paz no adoptó la estética de este movimiento sino su abrasión moral.
Rafael Acosta complementó esta ponencia con una lectura de poemas del Premio Nobel y Cervantes de Literatura. Los textos escogidos pertenecen al libro predilecto del autor, Árbol adentro, según señaló Acosta, quien también destacó que "el denso silencio que un día cubrió a Octavio Paz va desapareciendo paulatinamente".
Por su parte, Lina de Feria prefirió comenzar su alusión a Nicanor Parra recordando la influencia de su antipoesía en la Isla. "Toda su obra es una búsqueda de autenticidad. No se le puede separar de sus antipoemas, estos obligan a la revisión de los conceptos tradicionales de poesía y prosa", aseguró la poetisa cubana. Y concluyó con una sugerencia: "Debemos trazar límites, definir en una palabra, no la obra en sí, que se nos escapa, sino nuestra lectura de esa obra".
Para maravillar el auditorio con los poemas de Efraín Huerta, "uno de los poetas fundamentales de la poesía mexicana", Waldo Leyva seleccionó una muestra intensa y abarcadora. Intensa por los tonos, los temas, la incomodidad que a veces se asoma al texto y logra contagiar al lector; y abarcadora por el amplio diapasón de estilos y posibilidades formales que se advierten en ellos.
Anoche te soñé así como eras (…), así como eres todavía,
copiándote a ti misma
cuando no eres ya sino una esquina de tu propia vida (…).
Anoche te soñé y no puedo decirte mañana mi secreto,
porque el amor es un magnífico manzano
con frutos de metal envueltos en piel de inteligencia (…).
La misma ruta de mis dedos no podría encontrarte ahí,
donde te guardas tan perfecta.
"Siempre se ha dicho que era un poeta sin sentido del humor, o que carecía de ritmo; pero todo ello es absurdo. A él no le interesaba el ritmo, como no le interesaba adjetivar de manera dulce", advirtió Leyva.
Para sellar el homenaje del pasado viernes, el poeta y traductor Omar Pérez, no solo arrastró al público a la exquisita obra de Dylan Thomas, sino al apasionante y peliagudo quehacer del traductor literario, o mejor dicho, del traductor de un bardo como este británico, en quien confluyen el mito y la facultad poética.
"Y la muerte no tendrá dominio", "La mano que firmó el papel" y "Soñé mi génesis" fueron tres de los poemas con que Omar Pérez honró al poeta, quizás recordando aquello que Dylan escribiera una vez: "La poesía es la vida, es el único credo económico y social que perdura".
