Walt Whitman: poeta de América
Salido de la isla que tiene forma de pez, Paumanok, en que
he nacido.
Engendrado por todo un hombre, mi padre, y educado por
una madre perfecta [...].
Así se refería Walt Whitman a su nacimiento —ocurrido en Long Island, Nueva York, el 31 de mayo de 1819— en el poema Venido de Paumanok, incluido en el volumen Hojas de hierba, el libro más relevante de toda su carrera literaria y que, en vida, editaría ocho veces más.
No le faltaba razón a su admirador William Sloane Kennedy cuando predijo que “la gente celebrará el aniversario del nacimiento de Whitman como ahora festeja el nacimiento del Redentor, de Cristo”.
Whitman, hijo de madre holandesa y padre británico, fue el segundo de nueve hermanos en una familia que poseía escasos recursos económicos. Con tan solo cuatro años su familia se mudó a Brooklyn. A los once años concluyó sus estudios y, siendo aun muy joven, comenzó a trabajar.
Se desempeñó como empleado de oficina para dos abogados y luego, como aprendiz, en el semanario The Patriot, de Long Island, que en aquella época era editado por Samuel E. Clements. Este empleo le posibilitó aprender sobre impresión y tipografía. Aquí comenzó, también, a escribir sus primeros textos poéticos.
Luego trabajó para la imprenta Erastus Worthington, en Brooklyn. Su familia regresó a West Hills durante la primavera. Sin embargo, Whitman decidió quedarse y consiguió trabajo en la tienda propiedad de Alden Spooner, quien era el editor del semanario The Long Island Star.
Durante el periodo que laboró en este periódico comenzó a tener una participación más activa en la ciudad, convirtiéndose en jefe de la librería local, interviniendo en debates públicos y concurriendo a puestas en escena y actividades culturales. De manera anónima publicó algunos poemas en el New York Mirror.
Siendo aún muy joven, con tan solo 16 años, se trasladó a Nueva York y se desempeñó como tipógrafo. Luego de reencontrase con su familia, en mayo de 1836, trabajó como docente durante dos años. Pero, nunca estuvo contento siendo maestro. Por ello, regresó a Nueva York y allí fundó The Long Islander, su propio periódico. Su experiencia previa en publicaciones periódicas le permitió desempeñarse no solo como periodista y editor, sino también como distribuidor. A los diez meses de duro trabajo decidió vender la publicación a O. E. Crowell, quien tomó el mando a partir del 12 de julio de 1839. A la luz de hoy no queda testimonio de las ediciones dirigidas por Whitman.
En los próximos años trabajó indistintamente como tipógrafo y maestro. En el verano de 1839 laboró como tipógrafo en el Long Island Democrat y, entre 1840 y 1841, volvió a desempeñarse como pedagogo. En estos años publicó la serie editorial titulada Sun-Down Papers from the Desk of a Schoolmaster. Para estos trabajos empleó, como técnica, la construcción de un personaje arquetipo, lo cual utilizaría en buena parte de su carrera.
En los años posteriores trabajó como editor, en 1842, del Aurora, y, entre 1846 y 1848, del Brooklyn Eagle. Su labor en este último periódico terminó porque no estaba de acuerdo con los principios pro-esclavistas que defendía la política editorial del medio. A ello se sumó el hecho de que Whitman, en el mismo año 1848, se unió a las filas del partido Barnburner —ala del partido demócrata—, cuyos preceptos estaban abiertamente en contra de los defendidos por Isaac Van Anden, dueño de la publicación y aliado del sector conservador del mismo partido.
A pesar de poseer una amplia experiencia y años de labor vinculado al mundo editorial y tipográfico, la faceta más reconocida universalmente de Walt Whitman es, sin lugar a dudas, la poesía. Whitman está considerado por la crítica especializada como uno de los creadores del verso libre. En sus versos prima un lenguaje sencillo, cercano a la prosa, con el cual logró gestar un universo simbólico y mitológico para la entonces joven nación norteamericana.
La primera edición de su magistral obra Hojas de hierba fue publicada, en 1855, e incluía doce poemas sin título. La edición del volumen corrió a cargo del propio Whitman, quien también se encargó de llevarla a la imprenta. La tirada tuvo 795 ejemplares, de los cuales solo se vendieron unos pocos y el poeta obsequió a amigos y admiradores la mayoría. Uno de ellos fue a parar a manos del escritor, filósofo y poeta Ralph Waldo Emerson, quien en la época era ya un reconocido intelectual y le escribiría a Whitman felicitándolo por la obra.
Algunos rechazaron Hojas de hierba por su abierta sexualidad y contenido obsceno y pornográfico. Sin embargo, la crítica en sentido general fue bastante benévola, lo cual incentivó el espíritu creador de Whitman, a pesar de la situación económica en la que se encontraba. En comparación con sus versos anteriores, éstos corrieron con mejor suerte.
Whitman ha sido considerado a lo largo de la historia como homosexual y bisexual. Estos juicios se basan en el contenido de su poesía y en la manera en que aborda el amor y las relaciones interpersonales. Pero, solamente un trabajo del editor, poeta y crítico literario norteamericano Rufus Wilmot Griswold, fechado en 1855, insinúa que Whitman practicaba “ese horrendo pecado que no debe ser mencionado entre los cristianos”. Uno de sus biógrafos, Jerome Loving, aseguraría que “la discusión sobre la sexualidad de Whitman continuará, no importa las pruebas que surjan al respecto”.
Pese al modesto éxito de Hojas de hierba se vio obligado a trabajar, nuevamente, como periodista, esta vez en el Brooklyn’s Daily Times, en el que comenzó, en mayo de 1857, como editor. Dos años después abandonó el puesto. La segunda edición de la obra apareció, en agosto de 1856, con veinte poemas más. Whitman revisó y editó Hojas de hierba en varias ocasiones hasta que, en 1892, vio la luz la versión definitiva.
Whitman también puso su pluma al servicio de las causas políticas, en la defensa de los ideales democráticos para su país. Al iniciarse la Guerra de Secesión escribió su poema ¡Suenen, suenen, tambores!, con el propósito de incentivar los sentimientos patrióticos del Norte. Al enterarse de que su hermano George había sido herido, en el conflicto armado, partió a verlo a Fredericksburg. Este hecho lo hizo meditar sobre la participación popular en la contienda y, por ello, trabajó, voluntariamente, como ayudante de enfermería, en Washington D.C. Esta experiencia le posibilitó escribir El gran ejército de la enfermedad, texto que apareció publicado, en 1863, en un periódico neoyorquino. Doce años después escribió el libro Memorias de la guerra, en el que contó todos sus testimonios, relacionados con este momento histórico.
Esta época fue propicia para que redactara varios ensayos de corte político, en los que abogaba por el ideal democrático y rechazaba cualquier atisbo de materialismo que, según su criterio, había permeado a la sociedad norteamericana.
En enero de 1865, luego de superar algunos problemas familiares con varios de sus hermanos, comenzó a trabajar como empleado en la Oficina de Asuntos de Nativos Estadounidenses del Departamento de Guerra. En mayo de ese mismo año publicó Redobles de tambor. En junio, el nuevo Secretario del Interior, James Harlan, lo despidió junto a otros compañeros debido a que “raramente estaban en su escritorio”. En ese propio año publicó el poema ¡Oh, capitán! ¡Mi capitán!, texto dedicado a la memoria del presidente Abraham Lincoln, quien había sido asesinado el 15 de abril de 1865. Este fue el único poema que, en vida de Whitman, fue incluido en antologías.
Posteriormente fueron publicadas dos ediciones más de Hojas de hierba, una en 1867 y otra en 1871. En los inicios de 1873 sufrió un infarto cerebrovascular, hecho que lo hizo mudarse con su hermano George y su madre, quien murió durante el mes de mayo. Vivió, junto a dos de sus hermanos en Candem, época en la que recibió visitas de intelectuales de la época, como la del escritor Oscar Wilde y la del pintor Thomas Eakins.
Hacia finales de 1881 preparó una versión final de su afamado libro, que ha sido conocido como Del lecho de muerte. En sus páginas confesó que “Hojas de hierba al fin completo, luego de treinta y tres años de mutilaciones, en todos los tiempos y humores de mi vida, en clima pobre y completo, en todas partes de la tierra, en paz y en guerra, joven y anciano”.
El 26 de marzo de 1892 falleció en Camden, Nueva Jersey. Desaparecía un hombre cuya obra poética había roto los cánones hasta entonces conocidos. Editor, tipógrafo, maestro, un hombre de letras. Un poeta por excelencia, cuya obra se considera fiel exponente del trascendentalismo y del realismo filosófico, a quien el también poeta, ensayista y crítico Ezra Pound definiera como “poesía de América... Él es América”.
