Memoria de Pinos Nuevos
Como un verdadero acontecimiento cultural puede calificarse, sin temor a la exageración, la feliz iniciativa de convocar en 1994 –gracias a la contribución económica de un grupo de solidarios amigos argentinos— al concurso Pinos Nuevos, mediante el cual se publicarían un centenar de obras en diversos géneros literarios de autores cubanos que, hasta esa fecha, no habían podido publicar sus libros.
Han pasado, desde entonces, veinte años. Tiempo más que suficiente para que varios de los galardonados en el certamen se reunieran en el Centro Cultural Dulce María Loynaz para rememorar el significado de este concurso, que resultó como un soplo de aire fresco al deprimido sistema editorial de la isla durante la crisis de los años noventa de la pasada centuria.
Los poetas Ileana Álvarez, Jesús Lozada, Edel Morales y Jesús David Curbelo, presentes en el encuentro, coincidieron en sus apreciaciones acerca del significado del Premio Pinos Nuevos, como incuestionable impulso a la creación en los géneros convocados: poesía, narrativa, ensayo y crítica, ensayo de ciencias sociales, divulgación científico-técnica, teatro y literatura para niños y jóvenes.
El poeta, narrador y promotor cultural Edel Morales, quien aparece en la colección inicial de Pinos Nuevo con su poemario Viendo los autos pasar hacia occidente, recordaba dos preceptos que marcaban aquella primera edición del concurso: el rigor del comité de selección encargado de decidir los títulos a publicar y la calidad del proceso editorial llevado a cabo en esa entrega inicial.
El Premio Pinos Nuevos –también comentaba el actual vicepresidente del Instituto Cubano del Libro— significó la posibilidad de dar continuidad a la transmisión de la cultura cubana a través de la letra impresa, proceso interrumpido en la década del noventa, pues de cincuenta millones de ejemplares publicados al año, solo era posible imprimir entonces en la isla un millón y medio.
Revisar los títulos y los autores que han conformado, en estas dos últimas décadas, la colección Pinos Nuevos permite comprobar la riqueza de la literatura que, a través de géneros, tendencias y estilos diversos, testimonia las realidades, conflictos, empeños y esperanzas que han preocupado, y ocupado, a los noveles escritores de la isla.
Libros con la firma de poetas como Sigfredo Ariel, de ensayistas como Zaida Capote, de narradoras como Magaly Sánchez Ochoa, de escritores de divulgación científico-técnica como Bruno Henríquez, de creadores para niños y jóvenes como Eldys Baratute Benavides, de dramaturgos como Ricardo Muñoz enriquecen la memoria de este concurso.
A cuatro lustros de su creación, el Premio Pinos Nuevos –cuyo nombre recuerda un memorable discurso del Héroe Nacional José Martí— no ha dejado de estimular la creación literaria en la isla y, a la vez, de contribuir al crecimiento del catálogo editorial cubano contemporáneo. Motivos, indudablemente, que merecen el elogio oportuno que reclamaba el más universal de los cubanos.
