Una promesa para la Tierra rota
Desde múltiples interpretaciones y acercamientos, la ecología ocupa un lugar especial en la literatura más reciente. La ciencia ficción y la fantasía son de los géneros más favorecidos al abordar el tema: en ambos se le trata desde la cercanía de nuestro propio mundo o mediante parábolas ocurridas en tierras distantes y extrañas. Por supuesto que acuden seres mitológicos a construir dichos universos, como los dragones que pueblan las letras más nuevas en disímiles formas, contextos y aproximaciones.
En la colección Ámbar, de su apartado Juvenil, la Editorial Gente Nueva incluyó, en el año 2013, el título Promesas de la Tierra Rota, de la muy joven escritora cubana Elaine Vilar Madruga. Según las certeras palabras de su editora, Gretel Ávila, el libro “transmite la incertidumbre de no saber si se está frente a una distopía o a una premonición. Si refleja un mundo imaginario o el futuro real de la humanidad. Y por ello nos deja con un devastador sentimiento, un sabor yermo como el de la Tierra Rota. Como si la autora deviniese en una suerte de vidente que nos predice el camino a que conduce la enajenación bélica del hombre, su sed de exterminio, su depredación”.
Los protagonistas son el niño Melkar y su dragón Sulk. Como parte de una tradición tribal para evitar que las criaturas humanas recién nacidas se malogren y conviertan en desechos que vegetan entre los habitantes del lugar como animales evolutivamente inferiores, tras el parto, la madre del infante tiene la obligación de entregarlo a la bestia inteligente. El alado ser, también acabado de salir de su cascarón, deberá responsabilizarse con la educación y cuidado del bebé, tras devorar la placenta materna, alimento que le nutre por toda su existencia. El pacto inicial entre madre y dragón concerta el regreso del hijo al arribar a su mayoría de edad, sano, salvo y sabio, como promesa de salvar la tribu.
Niño y dragón recorrerán en pleno vuelo un planeta en ruinas, con sectores francamente peligrosos que varían entre terrenos minados, lastimosas reliquias urbanas y, finalmente, la extraña ciudad numeraria. Este engendro habitacional está plagado de horribles criaturas, frutos de macabros inventos, inicialmente humanos y luego, en el presente del relato, llevados a cabo por las máquinas señoras de la guerra, la llamada Iroke. Ellas trastocan e inseminan abusivamente simientes humanas en mujeres jóvenes cuya misión es apenas la de reproducir soldados que son entregados antes de la adolescencia a una conflagración sin sentido, de la cual todos ignoran motivo y lugar, pero de donde regresan contrahechos, tullidos, deformes, para vagar y subsistir en las laberínticas calles de la urbe.
El lenguaje de Promesas de la Tierra Rota es vibrante y emotivo. Los dinámicos y fluidos diálogos logran el realismo presencial deseado. Las descripciones crean la fuerte convicción de estar frente a una obra sólida e impresionante. En ningún momento, el pulso de la creadora vacila al llevarnos de la mano por este mundo destruido, muy semejante al nuestro, no solo a través de la narración, la descripción y el diálogo, sino de meditaciones doctamente incluidas, sin ánimo de sermonear ni al lector ni a los personajes. Suculentas son las sugerencias de la existencia pasada o futura de ese mundo como parte del nuestro que se vislumbran en ciertos pasajes, como los del sexto capítulo. Ocurre durante la visión de la muerte del último gran dragón Arva en Castarock, caracterizada por un añorado romanticismo pastoril, donde la autora ofrece a Sulk y a Melkar la oportunidad de hablar a través de un monólogo interior.
Las ilustraciones de Luis Martínez Brito, desde la imagen de cubierta, nos ofrecen una visión colorida y oscura a la vez, que simboliza el contenido interior del libro. Cada página muestra también su huella, en viñetas y capitulares.
Nacida en 1989, Elaine Vilar Madruga es graduada de nivel medio de música en la especialidad de Guitarra Clásica, en la Escuela Nacional de Arte, y de Literatura, en la Academia de Etnografía y Tradiciones Canarias en Cuba. Es colaboradora y editora de la revista digital La Voz de Alnader, así como coeditora de la revista de literatura de ciencia ficción y fantasía cubana Korad. Es miembro de la Asociación Hermanos Saíz. Publicó la novela Al límite de los olivos (Editorial Extramuros, 2009). Graduada del XI Curso de Formación Literaria “Onelio Jorge Cardoso”, sus creaciones han sido incluidas en antologías y revistas nacionales y de otros países como España, Inglaterra, Venezuela, Argentina, Uruguay y Chile. Obtuvo el Premio “Indio Naborí” de Décima (2008), convocado por la Casa Canaria; el lauro del Primer Certamen Internacional de Poesía Fantástica y de Ciencia-Ficción “Minatura 2009”, de España; el Primer Premio del Concurso Internacional de Cartas de Amor “Escribanía Dollz” (2010); el Farraluque, de Poesía Erótica (2010); el de Poesía Especulativa “Oscar Hurtado” (2011), entre otros reconocimientos.
Lamentablemente, Sulk y Melkar retornan al punto de partida, para cerrar un círculo donde solo la esperanza y la ilusión quedarán como ofrendas al lector tras un final devastador que procura la reflexión profunda y dolorosa sobre nuestro propio desenlace como especie dotada de raciocinio.
