La capital recreada en el libro La bota sobre el toro muerto
Hoy quisiera estrechar
mi ciudad sumergida
Silvio Rodríguez
La Habana, como capital de nuestro país, ha sido vista desde varias disciplinas del conocimiento, como la sociología, la historia (en su vertiente de estudios regionales), la antropología, la literatura, entre otras. El acercamiento a La Habana en estas narrativas ha respondido a épocas concretas, a perspectivas de clase, al estadio que ha tenido la ciencia en un momento dado, a la manera que un escritor vive su subjetividad, entre otras variables.
Podemos citar La Habana recreada por Carpentier1 y Lezama Lima, Cirilo Villaverde y los historiadores, padres de nuestra historiografía: Ignacio José de Urrutia y Antonio José Valdés con sus obras: Teatro histórico, jurídico y político militar de la Isla Fernandina de Cuba y principalmente de su capital, La Habana e Historia de la Isla de Cuba y en especial de La Habana, respectivamente.
Quizás nos hemos detenido en la manera en que ve nuestra capital un escritor extranjero y nos olvidamos o tenemos en un lugar lejano las percepciones de los escritores cubanos que no viven en La Habana y habitan dentro del país. El objetivo de este artículo es circunscribir este segundo aspecto —desde un punto vista cultural y no exclusivamente literario— en una obra de la literatura contemporánea cubana: La bota sobre el toro muerto, de Emerio Medina Peña (Mayarí, Holguín, 1966). Este libro fue traducido al francés con el título Passeport, visa e billet payé, editado por la Alianza Francesa de Cuba y presentado en la Feria Internacional del Libro en este año 20142.
El autor tiene publicado los siguientes títulos que se centran en el género cuento: Plano secundario (2005, ediciones Holguín); La formas de la sangre (2007, editorial El Mar y la Montaña, Guantánamo); El puente y el templo (2009, editorial Oriente); Saburí el preferido de la luna (2009, ediciones Holguín), destinado al público infantil además de Los días del juego de Emerio Medina y otros relatos (2009, editorial Letras Cubanas); a este último se le otorgó el Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortazar en 2010.
La bota… fue premio Casa de las Américas 2011 en el apartado de narrativa José María Arguedas y, en opinión de esta autora, merece ser revisitado como texto de gran valía dentro del quehacer literario actual.
El libro consta de 237 páginas y trece narraciones: “El puente y el templo”, “Los locos de Adhamiyah”, “La gran Habana o el tiempo perdido”, “Apuntes de la muerte en blanco”, “La cita”, “Los Tikrits”, “La bota sobre el toro muerto”, “Los chiquillos”, “La noche y las sombras de los robles”, “La Habitación”, “Artesanos en la isla maldita”, “La salida” y “Los días del Juego”. De ellos nueve tienen como escenario La Habana, el resto suceden en diferentes lugares del mundo como el noreste de Italia ("La Cita"), en lugares del Medio Oriente ("Los Tikrits y los locos de Adhamiyah") y en Tashkent, capital de Uzbekistán ("Los días del juego"); donde el autor estudió la carrera de ingeniería mecánica, ciudad que contribuyó al enriquecimiento de su cosmovisión como escritor.
El registro que abarca es amplio: la relación de muchachas jóvenes con hombres mayores, el homoerotismo, la pareja que desea partir del país, el hombre que perdió su rumbo en la vida y no sabe como reencontrarse, el español que visita Cuba con motivos de trabajo y se siente como si hubiera llegado a otro planeta porque no sabe explicarse la realidad insular; contexto donde queda implícito la pervivencia en nuestros días de un imaginario colonial que tiene su raíz en los inicios de la conquista. El lector también encontrará al trabajador desconocido que va hacia no se sabe dónde y se pierde, la cofradía de dos hombres con el turismo internacional en el centro de la capital, y la recreación del ambiente de cabaret de La Habana de 1958.
Estos cuentos se encaminan en una sola dirección: nos presentan una Habana fragmentada a partir del modo en que la viven sus personajes en ambientes diferentes en una necesaria y bien llevada relación dialéctica entre lo general y lo particular. El inmigrante de otras provincias, los “antihéroes” o la mujer, ocupan su justo lugar. Es una ciudad que dialoga constantemente con historias mínimas que forman parte de un gran discurso urbano contemporáneo. Este escritor holguinero, que no tiene una visión de la capital folklorista, epidérmica y distante, fabula con situaciones bien adentradas en el tejido citadino y crea otras realidades donde las aristas luminosas conviven con lo oculto, lo oscuro y lo triste. En opinión de esta autora "es la ciudad sumergida con la me identifico plenamente como habanera y no la ciudad invisible de Italo Calvino"3.
Emerio Medina comentó, en una entrevista concebida a la Gaceta de la UNEAC, su punto de vista referido a la presencia cada vez mayor de los elementos urbanos en el imaginario de los cubanos de nuestros días:
Si te das una vuelta por el país descubrirás, con una simple ojeada, que se vende lo mismo en una bodega de Miramar que en una tienda de Mabay; también te será muy fácil establecer que las señoronas del Vedado ven las mismas telenovelas que las más reacias campesinas de la Sierra Maestra, o que los niños de Calabazar de Sagua tienen acceso a la misma educación televisada que se recibe en Centro Habana. Vivimos en un país totalmente homogéneo, con una cultura de masas que elimina cualquier asomo de tintes pintorescos o cromatismos locales. Eso, a la hora de abordar la literatura de ficción como oficio, obliga al escritor a añadir determinadas dosis de cosmopolitismo para que el texto crezca… la ciudad brinda más posibilidades para un texto porque ofrece mejores soluciones a los conflictos4.
En este criterio discrepo, respetuosamente con el escritor, en el aspecto de la homogeneidad cultural. Si bien el consumo audiovisual es bastante homogéneo en la Cuba de la actualidad, existen diferencias culturales entre las regiones de nuestro país, lo que complejiza el sentido de la cubanía como una totalidad. En este contexto La Habana continúa siendo una particularidad, aunque no se puede hablar de nuestra capital como algo aislado sin la necesaria sintonía con lo nacional, atravesada por procesos migratorios internos y transformaciones de ciertos aspectos de su entorno urbanístico que han contribuido al rediseño de su dinámica interna.
Entre los variados modos de apropiación y subjetivización del espacio capitalino a lo largo de nuestra historia cultural que se encuentra siempre en construcción, podemos citar la de Emerio Medina Peña en el libro La bota sobre el toro muerto, escritor que fabula la realidad habanera a partir de una percepción interna y matizada a pesar de no vivir en la ciudad. Un título que, más allá del premio Casa de las Américas, debe ser visibilizado y estudiado con las herramientas de la teoría literaria y también de la culturología en el marco de la producción de este escritor y de la literatura contemporánea cubana.
Notas:
1-Consultar el artículo de Leonardo Padura Fuentes: "El Acoso: ruptura, continuidad y crisis", especialmente el tópico: La ciudad del acosado. En: Revista de la Biblioteca Nacional José Martí, año 95, julio-diciembre 2004, pp. 130-140.
2-Emerio Medina fue merecedor del premio de la Alianza Francesa de Cuba y la Caisse Centrale d Activites Socíale du personnel des industries électrique et gaziere en France (CCAS).
3-Para conocer el punto de vista de Italo Calvino al respecto consultar de este autor: Las ciudades invisibles, Ediciones Cubanas, edición dedicada al noventa aniversario del natalicio de Italo Calvino, 2013.
4-Rivera, Annery: “Emerio Medina: el arte de manipular los hilos”, en: La Gaceta de Cuba , mayo-junio de 2012, p. 40.
Tomado de CUBARTE
