Obras completas de Heras León
Entre las numerosas novedades que ofrece la librería Fayad Jamís, se encuentra, como libro de la semana, Obras completas de Heras León, selección de cuentos de ese escritor cubano.
Heras, además de narrador, es periodista, crítico literario y de danza. En 1968 obtuvo el premio David con La guerra tuvo seis nombres (Ediciones Unión, 1968; Bogavante, 1970; Letras Cubanas, 2011 y 2011); en 1970 mereció la Mención Única del premio Casa de las Américas con Los pasos en la hierba (Editorial Casa de las Américas, 1970; Banda Oriental, 1988; Ediciones Unión, 1990; Letras Cubanas, 2005); y en 1983, el premio UNEAC con su libro Cuestión de principio (Ediciones Unión, 1986 y 1994) que también recibiera el Premio Nacional de la Crítica. En 2001 fue distinguido con el Premio Nacional de Edición; en 2007, conquistó el galardón Maestro de Juventudes de la Asociación Hermanos Saíz y la Distinción Félix Elmuza de la UPEC. Es fundador y director del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso.
La edición y la corrección de Obras completas de Heras León, fueron asumidas por el también escritor y editor Michel Encinosa Fú. Alfredo Montoto Sánchez, además de desempeñarse como director artístico, estuvo a cargo del diseño del libro. La ilustración de cubierta y la marcación tipográfica fueron realizadas por Bárbara S. Novoa y Belinda Delgado Díaz, respectivamente, y el trabajo de emplane corrió por cuenta de Isabel Hernández Fernández.
El escritor y ensayista Francisco López Sacha cita en su prólogo a esta edición:
[…] Desde luego, ser artista significa vivir en peligro, someterse a la tensión de lo que el crítico y esteta cubano José Antonio Portuondo definió con el concepto de heroísmo intelectual. Participar de esta condición implica, siempre, asumir la voluntad y el riesgo del trabajo, entrar a lo desconocido sin valorar siquiera el éxito o el fracaso de la obra, buscar, en cada texto, la posibilidad de un camino, quedarse solo sin otra compañía que la página en blanco. La tentación, en este caso, es la aventura naturalmente, el ejercicio de un esfuerzo sobrehumano para el cual no hay recompensa, con el fin de indagar, interrogar, y transformar en arte esa materia inerte colocada entre el idioma, la imagen y la vida.
Más adelante refiere:
[…] Lo que era esbozo y promesa en su primer 1ibro, sorprende aquí por su grado de madurez. Este es el volumen de cuentos mejor articulado de toda nuestra historia narrativa, solo comparable a Cuentos fríos (1956), de Virgilio Piñera, y Guerra del tiempo (1958), de Alejo Carpentier. Heras León logra un ensamble de voz, nexo causal, vínculo narrativo, secuencia de argumento, uso del tiempo y producción de sentido dentro de una estructura composicional que sitúa cada cuento en el lugar preciso, de modo que todo significa: la escritura, el estilo, los planos, el punto de vista, las mudas espaciales y temporales del narrador, el asunto, el argumento, la trama, la perfecta e implacable composición estética de cada historia. Para la voz narrativa, el libro es un auténtico festín. Su claridad expositiva y su vínculo emotivo con los personajes le dan una belleza única, sin el parpadeo puntillista y a veces convulso del libro anterior. Aquí hay una extraordinaria firmeza en esta voz que dialoga continuamente con la conciencia de sus narradores, con el grado de conocimiento revelado hasta entonces por la trama, con los planos dramáticos, como ocurre en «La caminata» y «La noche del capitán». Esta voz alcanza un pulso inigualable dentro de la primera persona, y ya no se fragmenta o multiplica, más bien de cualquier sofisma ante la dura y apremiante realidad.
Sobre la actualidad de sus cuentos en el entorno cubano expresa:
Naturalmente, el país que defendió Eduardo Heras León con la literatura, y con las armas, ya no es el mismo; «Dolce vita» o «Amor de ciudad grande» ofrecen un amargo panorama de una sociedad atravesada por la crisis, la carestía y la ausencia de un modelo económico verdaderamente funcional Ambos relatos también revelan la falta de horizontes y la confusión de un momento muy grave en su desarrollo. Los cuentos, desde luego, toman esos factores como referencia pero en modo alguno pretenden denunciar o convertir en panfleto esa materia ingrata. Heras León traslada la grisura del mundo cotidiano, y hasta su violencia soterrada a una dramática distinta para ofrecer un criterio de arte' sobre una experiencia histórica muy difícil de estilizar.
Y concluye López Sacha:
Sin embargo, todavía queda la posibilidad de un retorno a los valores perdidos, queda la identidad, y queda un pueblo al final, queda una cultura y la experiencia de una revolución. De eso también hablan estos cuentos. «Balada para un amor posible», uno de sus más hermosos relatos, lo confirma. Simplemente, al final de este viaje por la vida, que aún no ha concluido, queda esta obra, y un verdadero artista. No tengo la menor duda de que, después de medio siglo, Eduardo Heras León que ha sido sucesivamente limpiabotas, campeón de ajedrez, miliciano, artillero, combatiente de Playa Girón, periodista, critico de ballet, narrador, obrero metalúrgico, director editorial, teórico de narrativa; fundador de un taller, una revista literaria y una casa de estudios, y vicepresidente de los escritores cubanos, podrá mostrar este libro y admitir, como su amigo y compañero Silvio Rodríguez, que algo quedará de toda esta experiencia, y de toda su vida, por supuesto, algo quedará que sea memorable, entre todas las páginas vencidas, para él, para nosotros, para todos, en medio de la muerte, en plena luz.
Francisco López Sacha La Habana, 9 de octubre de 2011
