Pessoa, del misterio a la poesía
Al escritor portugués Fernando Pessoa (1888-1935) se le puede considerar, sin lugar a dudas, uno de los personajes más increíbles de la literatura universal.
Aunque su lengua nativa no era el inglés fue en este idioma que publicó gran parte de sus obras, pues vivió hasta 1905 en Sudáfrica; allí aprendió a pensar, escribir, trabajar… en la lengua de Shakespeare.
Mientras por el día se ganaba la vida como traductor, en las noches escribía poemas los cuales publicó bajo diversos heterónimos: Alberto Caeiro, Álvaro de Campos, Bernardo Soares y Ricardo Reis, y en los que se advierten diferentes estilos, modos… Incluso, llegó a publicar críticas contra sus propias obras, firmadas por sus heterónimos.
A inicios del siglo XX regresa a su natal Lisboa y monta, con la herencia que le dejó su abuela Dionisia, una pequeña tipografía que muy pronto quebró. En 1908 comienza a trabajar como traductor de correspondencia comercial, profesión que mantuvo el resto de su vida.
Su actividad como ensayista y crítico literario comenzó en 1912 con la publicación de "La nueva poesía portuguesa sociológicamente considerada", artículo publicado en la revista Águia. Luego continuó traduciendo y escribiendo para las revistas Orpheu, Atena (dirigida por él mismo), Ruy Vaz y Presença. Como era de esperar, su primer libro de poemas fue publicado en inglés, en 1918: Antinous. Su primera obra en portugués, el poema patriótico Mensagem, sale a la luz en 1933.
Dos años más tarde, el 29 de noviembre de 1935, Pessoa es internado en el hospital São Luís dos Franceses, con el diagnóstico de "cólico hepático". Muere al día siguiente.
Aún en la actualidad, y no solo por su vasta y meritoria obra, la figura de Fernando Pessoa continúa despertando la curiosidad. ¿Fueron sus heterónimos producto de una personalidad a la que no le bastaba un solo ser para desarrollarse, o era tanta su creatividad que necesitaba de varios “escenarios” para proyectarse? Tal vez la respuesta la dio él mismo: El poeta es un fingidor./ Finge tan completamente/ Que llega a fingir que es dolor/ El dolor que de veras siente ("Autopsicografía").
